Mi primera ruta descubriendo lo que eran pueblos deshabitados concluiría en uno muy revelador. De buen comienzo iba a sorprenderme, pero transcurridos los años y las experiencias, me daría cuenta de que este estado, era también el predominante en muchos núcleos abandonados, y es que a mi llegada a este lugar, lo único que prácticamente encontraría iban a ser ruinas y edificios totalmente desplomados.
Descorazonador resultó ir caminando entre todos estos cascotes, antaño edificaciones donde la gente realizaba su vida y sus labores. Un total de 19 edificios dieron forma a este sitio, el cual llegado la década de los 80 abrazó finalmente la despoblación.
Desde la parte más alta de este paraje, se puede apreciar una desoladora panorámica del sitio, y es que prácticamente todos los edificios se han derrumbado.
Un ventanal protege su intimidad acumulando cascotes junto a sus rejas de madera.
Una vez inspeccionado todo el pueblo, decido dirigirme hacia la iglesia del sitio, una de las escasas edificaciones que con dignidad se mantienen erguidas y que destaca sobre todo el conjunto urbanístico del sitio.
Adosada a la izquierda del templo, podemos encontrar lo que años atrás fue la escuela del lugar, un recinto de pequeño tamaño en el cual los alumnos se debían arremolinar y montar los típicos follones colegiales. Hoy, solo la vegetación atiende a lo que dice el incesante viento que soplaba en este lugar.
Interior del templo, es llamativo que todavía conserve el omnipresente azulete en sus paredes. El interior ya muestra enormes síntomas de fatiga estructural, con multitud de brechas recorriendo las paredes y techos del edificio. A la derecha del conjunto, destaca importantemente el pulpito y la escalera por la cual el cura ascendía para lanzar su sermón. Sin embargo, ya podemos fijarnos en que este se encontraba peligrosamente inclinado hacia la izquierda, señal de que poco tiempo debía quedarle de verticalidad.
Aquí podemos disfrutar en detalle del anteriormente mentado púlpito, de diseño sencillo y sin mucha decoración, su columna aún soporta su peso. Eso sí, sobre él, una espectacular filigrana dorada corona el lugar, aportando un pequeño extra de belleza al lugar.
En la parte izquierda del templo, destaca otra de las capillas que también conservan con dignidad sus colores y entereza. Hoy desangelada por el transcurrir de los tiempos, en su momento debió ser un rincón hermoso para visitar.
A mi espalda podemos ver la insegura y estrecha escalinata que nos otorgaría acceso al coro de la iglesia. Si bien los primeros escalones serían transitables, mi confianza en la resistencia de los siguientes era bastante escasa, por lo que opte por no ir más arriba.
Una panorámica del coro de la iglesia en su totalidad. Podemos ver ya no solamente la escalera que asciende hasta este, sino también una terrible grieta recorriendo el techo hasta este, lo cual no son signos muy halagüeños para este lugar.
Una vez observamos con detenimiento el coro, vemos que a la izquierda hay otro acceso que probablemente nos permitiría llegar hasta el campanario de la iglesia, sin embargo, los cascotes y las terroríficas grietas que transcurren por sus paredes desaconsejan cualquier intento de pisar el sitio.
La calle principal del pueblo, a través de la cual se distribuían las distintas viviendas. El tiempo no ha sido amable con este sitio, reduciéndolo a un montón de escombros entre los que únicamente destacan los supervivientes restos de una agonizante iglesia y algún que otro edificio. Del jaleo, el ruido y la vida que aquí se dio, ya no queda nada. Solo el recuerdo, solo la memoria.
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