Iniciamos esta entrada con el documento que publiqué en el primer video del canal de YouTube. Espero que disfrutéis tanto de este como del repor que abajo se encuentra.

Una ventosa mañana era la encargada de darme la bienvenida en este despoblado, el cual había sido el escogido por mí para arrancar mi nueva ruta de deshabitados. Un polvoriento camino, me garantizaba un cómodo acceso al núcleo urbano.

Una vez en su interior, todo el poblado se repartía en uno de los laterales del sitio, mientras que a espaldas del que escribe, se alzaba la iglesia junto con su campanario y el cementerio. ¡Empezaba la exploración!
A la derecha encontramos el ayuntamiento y el colegio. Unas festivas pancartas colgaban de cables, si bien, el viento y los portazos de su vergonzosamente violentada puerta metálica otorgaban al lugar un ambiente más bien tétrico.
Una de las casas del pueblo permitía un acceso más o menos tranquilo, aunque sin confianza. En su interior podemos observar una escalera que no llevaba a ninguna parte ya. En una de las estancias laterales, hallamos un viejo somier, con su típica cota de maya para proporcionar un cómodo descanso, así como una especie de banqueta o quizá una sencilla estantería desprovista ya de cualquier utilidad.
Hasta un total de 37 casas conformaban este pueblo en las que un máximo de 150 vecinos llegaron a residir. No se trataba, pues, de un pueblo de pequeñas dimensiones ni de pocos habitantes.
Sin embargo, a día de hoy esta población vive sumida en el silencio más absoluto, si bien, este es solamente roto por el ulular del viento y el chirriar de las viejas ventanas y puertas, que acompañan su melodía con secos golpes contra los marcos que las aprisionan intentando espantar al curioso visitante que se adentra en la urbe.
Viejas máquinas agrícolas sobreviven en el interior de algunas cuadras, las cuales a día de hoy aún conservan sus puertas y separaciones originales.
Coronando la entrada al pueblo, se encuentra la espectacular iglesia de Santa María. Ya sin entrar desprende un aire espectacular y la cual se encuentra segregada en 3 partes bien diferenciadas, siendo la nave principal y su espectacular arcada de acceso, una de las más llamativas y fotogénicas.
A la izquierda de la iglesia observamos el campanario de esta. Las campanas que repicaban a misa, hace décadas que dejaron de tañir.
Una vez hemos accedido al interior del templo obtenemos una impresionante visión de este, en el cual destacan numerosos elementos. El primero de ellos es su espectacular bóveda en la que destaca ese imponente ojo que aun hoy conserva sus hermosos colores. En el suelo, las incontables tumbas yacen violentadas y saqueadas. Y es que ni a los difuntos se respeta, una vergüenza.

A la diestra de la nave eclesial y oculto tras un tupido montón de plantas, hallamos la entrada al cementerio del pueblo, este ya exterior. Una de las tumbas nos ruega respeta por los difuntos que en él se encuentran, y con respeto, acato su decisión. Lo que vi allí, para mí se quedara.
En la zona más apartada de este lugar encontramos una de las últimas casas habitadas. Entre sus paredes encontramos una historia de coraje y tristeza. La de su último habitante, el cual en todo momento se negó a abandonar la población, convirtiéndose así no solo en un Robinson, sino también en abanderado de la despoblación en este país, ya que su caso gozo de gran popularidad, siendo este publicitado en diferentes medios de comunicación.


Sin embargo, llegaría inevitablemente el año 1994 y con él, el fallecimiento del último habitante de este pueblo. Fue encontrado por un grupo de cazadores en su casa, la que se encuentra sobre estas últimas líneas. Su puchero de comida aún se encontraba en el fuego. Desde entonces, solamente el vacío ha habitado las calles y casas de este fotogénico rincón.
















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