Exploremos los interiores de una base militar abandonada. Recorreremos sus ruinas y nos sorprenderemos con sus secretos ocultos. ¿Qué eventos se esconden detrás de estas paredes abandonadas? Prepárate para sumergirte en la intriga de lo desconocido y descubrir los misterios que la historia dejo aquí atrás en esta primera parte.
Los primeros vestigios nos reciben a escasos metros de iniciar la caminata por la senda que transcurre junto a estas instalaciones. Un largo edificio, posiblemente de servicios variados, es el que aparece primero, compuesto este por un total de unos 4 o 5 departamentos donde desconozco que actividades se llevaban a cabo, dejándolo todo a mi intuición.
¿Qué debían hacer aquí?, ¿era una cocina? ¿Una peluquería?, las baldosas de la pared así parecen indicarlo, pero una vez más, es todo fruto de mi interpretación. De todos modos, el terrible estado de la base al completo dificulta saber qué se hacía donde. Estas instalaciones aparecen datadas del año 1936, donde se planificó su construcción, se concluyo en 1937 y un año más tarde se las doto de energía eléctrica.
Tras superar las primeras construcciones encontramos las instalaciones principales del complejo. Estas se distribuyen en una plaza donde podemos alcanzar a ver los barracones, lo que seguramente fuera la cantina de la base y una posible vivienda. Así mismo, en el centro del patio, junto a las jardineras, los restos de una antigua estatua presiden el lugar.
Poco se puede saber al respecto de esta estatua que se encuentra totalmente descuartizada. En ella solo son reconocibles las piernas de un soldado, así como un cañón y una planta. Dicen las habladurías, que se trata de una estatua del general Franco, pero una vez más, no hay información suficiente como para corroborar esta teoría.
Tras analizar los exteriores, finalmente accedo a la primera gran estructura de este emplazamiento, la cual se trata como podemos ver de una vivienda. En su interior, los cascotes del techo y los restos vandalizados de las paredes se reparten el protagonismo con lo que aún se conserva. Muy posiblemente esto se tratase de una vivienda de algún mando, dado que se reparte en tres habitaciones, salón, cocina y baño.
Parte de lo que debió ser el sencillo baño de esta vivienda. Junto al mismo encontramos lo que seguramente fuera la cocina. Las paredes derribadas permiten acceder de una sala a la otra fácilmente.
Las baldosas resisten con decisión el paso de los años, no así las
tuberías que traían agua a estas estancias, que se encuentran colgando y
esperando el momento de morder el polvo.
Una vez visitada la residencia, este visitante de la decadencia accede al pabellón donde posiblemente la tropa dormía. Una enorme sala rectangular, que hoy solo conserva pintada en las paredes, daba cobijo a las tropas que se encontraban aquí desplazadas. Las viejas escaleras metálicas dan subida a un pequeño altillo donde nada de interés nos aguarda.
En el lado opuesto tenemos acceso a los aseos de este edificio, compuestos por baños y cinco duchas, donde la tropa se aseaba de una ajetreada jornada militar. Sin embargo, el punto más tétrico lo encontraremos en la cantina, a la cual nos dirigimos ahora.
Tras una primera mirada nada parece llamar especialmente la atención, ya que nos encontramos ante un edificio similar en estado a todo lo que hemos visto hasta ahora. Los techos amenazan con terminar de caer al suelo, las pintadas dominan todas las paredes, pero hay algo que, aunque invisible ahora, resulta perturbador una vez uno lo sabe. Al fondo del todo, el hollín resultante de un incendio provocado por una persona que decidió acabar con su vida de la forma más terrible posible. Forma parte de la crónica negra de este lugar.
Pero para acceder a las zonas más impresionantes y ocultas de esta base militar Alfa, uno tiene que salir de ella y dirigirse al otro extremo del camino. En él, un viejo edificio tapiado casi por todas partes nos revela el acceso a los túneles subterráneos que comunicaban diferentes zonas de todo este litoral.
Luz en mano, desciendo por las angostas y sucias escaleras que me llevan hasta la parte más profunda de las instalaciones. El eco hace acto de presencia y la luz natural desaparece por completo, eso no ayuda a tranquilizarme, consciente del riesgo que este descenso conlleva para quien decide bajar. ¿Qué encontraremos aquí abajo? ¿Qué misterios guardan estos subterráneos? Los conoceremos en la segunda parte de esta emocionante exploración.











