Una exploración diferente se mostraba en esta ocasión ante mí. Puesto que hasta el momento únicamente me había adentrado en pueblos deshabitados, pero esta vez los pasos del urbex me dirigían a los pies de una mina de oro abandonada, y eso sí, también hasta el pueblo que albergo a los trabajadores que se ganaban la vida en el lugar. ¿Encontraremos algo de oro? ¡Veamos!
Una vez hemos pateado los primeros metros de la recepción y dejado atrás el centro de interpretación de este sitio, una enorme y empinada escalinata nos elevará hasta el primer nivel del complejo minero. Arriba, una torre de la cual desconozco su utilidad nos espera. Toda la parte superior del tejado se ha desprendido y parte del ventanal derecho también ha cedido a los estragos del tiempo.
Con audacia entro dentro de los muros que conformaban este edificio. El interior se encuentra en ruinas y no obtengo muchas más pistas para esclarecer su utilidad. En el suelo, un surco en forma de “T” parecía conducir algo, mientras al fondo, el muro de ladrillo intenta sustentar una pequeña estancia que también dio con sus paredes contra el suelo hace años.
Otra infinidad de escalones serpenteantes me conducen por el interior de las instalaciones hasta llegar a la parte más superior de las mismas.

Estas se encuentran en la parte superior del montículo, el cual albergaba oro en su momento, mineral el cual era extraído en estas instalaciones.
Una raquítica planta busca luz solar a la salida de uno de los pozos. Si estado da testimonio de la escasez lumínica y pluvial en el sitio.
El descubrimiento del preciado material se dio un ya muy lejano año
1864. En 1956 se procesaban un total de 600 toneladas y no sería hasta
llegado 1966 cuando se cerraría el complejo, debido a que se habían
agotado los filones del lugar.
Casi como un visto y no visto, en el año 1989 se retomaría la extracción
de mineral en el paraje, en una concesión de 4 años. Sin embargo, un
año después, en 1990, se paralizaría definitivamente las prospecciones.
Desde lo alto se puede dominar sin ningún tipo de problema todo el complejo minero. Al fondo el pueblo nuevo remata la visión de este interesantísimo sitio, pero sin lugar a dudas, a mí lo que me interesaba era precisamente la vieja población donde los trabajadores y sus familias residían, y que a raíz de la finalización de los trabajos mineros, llego a abandonarse.
El arranque de la mina, fue un punto de inflexión para la población, la cual se incrementó rápidamente gracias al trabajo, pero al mismo tiempo, supuso también convertirse en su talón de Aquiles.
En la época de bonanza del pueblo, la población llegaría a convertirse en la segunda con más población de la región, censando algo más de un millar de vecinos en ella. Sin embargo, como antes ya había mencionado, el cese de la actividad minera supondría un abandono paulatino del lugar. De este modo, en el año 1986, antes de la fugaz reapertura, los habitantes no llegaban ni al centenar.
En los agotados muros del pueblo viejo, destacando sobre las vetustas señales de que antaño aquí se realizaba la minería, obras de arte de distintos artistas decoran y alegran el sitio. De esta forma no solamente atraen la mirada de curiosos exploradores como un servidor, sino también de los admiradores del arte.
Además, el museo y centro de interpretación de la mina ayuda aportando información y un punto de vista consecuente con el sitio a aquellas personas que desean visitar el lugar. Un nuevo modo de fomentar la historia y rescatar del olvido a este delicioso pueblo que satisfizo totalmente mis inquietudes, la exploración y el arte.





















































