lunes, 27 de noviembre de 2023

¡PELIGRO TOTAL! Un nuevo derrumbe en una de las ermitas mas hermosas.

 

 

Tristes noticias llegan desde este monumento, uno de los más hermosos que he visitado. Una semana antes de mi llegada a él, hace ya unos años, me enteré de que una de las cubiertas se había desprendido y caído. Bien, tras ello, parecía que se iban a realizar intervenciones para preservar la integridad de la ermita, sin embargo, hace unas semanas pude leer que otra parte de la estructura, del techado para ser concreto, había colapsado. Con ello, sigue la vergüenza del olvido de esta hermosa ermita y que sigue degradándose hasta el punto que parece ya condenada a muerte.

 

Os dejo aquí enlaces a la entrada que le dedique a esta maltratada, pero hermosa ermita 

y al recorte de prensa que daba la terrible noticia.

 


 

lunes, 20 de noviembre de 2023

La IGLESIA donde el TIEMPO SE DETUVO

 Si en el anterior post os hable sobre mi epopeya para poder llegar a este pueblo abandonado, en las próximas líneas os pondré al tanto de como era vivir en este sitio, que como ya he dicho, no tenía ni un camino para llegar hasta él.

Portada de entrada a la iglesia. En una preciosa madera que con el trascurrir de los años ha ido perdiendo su color, y por desgracia, también los clavos que le daban un toque extra de personalidad. Abajo, a la derecha, podemos ver una gatera. A la izquierda, tenemos también el portalón de acceso al viejo cementerio de la villa.

 
Acceder al camposanto era tarea imposible sin forzar la puerta que daba acceso a su interior, por lo que decidí ver los toros desde la ventana, que también valía la pena. En su interior se encuentran los restos de algunos de los 150 habitantes que en su momento poblaron este bucólico pueblo en la cima de una montaña.
 
 
Una vez dentro de la iglesia, la primera impresión deja a uno sin aliento. En una sublime colocación, hallamos los bancos que usaron los fieles cada vez que fueron a misa. En su respaldo se nombran los nombres de las 20 casas que formaban el pueblo. A la derecha, en primer término, el acceso al baptisterio, mientras que en la nave posterior, encontramos un hermoso arcón. Al fondo el altar mayor, que aún conserva el pulpito desde el cual el cura lanzaba sus proclamas a los vecinos. A la izquierda otro altar, este ya completamente derruido y luego un pequeño cajón misterioso.
 
 
El sitio es sobrecogedor. Uno a uno fui recorriendo los bancos que, estáticos, gritaban a los cuatro vientos los nombres de sus familias, grabados estos en la parte posterior del respaldo. Aquí, en este rincón silencioso y en penumbras, no solo la historia había quedado detenida, sino que, en cierto modo, el tiempo se había ralentizado de un modo notorio, conservando estas maravillas prácticamente intactas. Fue impresionante poder imaginar a cada uno de los habitantes entrar por la puerta del templo y ocupar sus correspondientes lugares, una auténtica sensación de melancolía estaba imbuyendo el lugar. Que maravilla de rincón.
 
 
Detalle del arcón que a la derecha del templo podíamos observar. Prácticamente intacto, perfecto e impertérrito a lo que el paso del tiempo se refiere. Con deliciosos grabados repartidos por toda su estructura. Yo personalmente desconozco la función de tal mueble, quiero creer que en él se guardaban los tapetes y demás elementos para la liturgia, pero ya sabéis, es solo mi punto de vista.
 
 
Este fantástico soporte, tras el pulpito del cura, aún aguanta la verticalidad en la pared. Quiero pensar que sobre él reposaba la imagen del Cristo de turno o alguna virgen. A día de hoy tan solo un portavelas se encuentra visible. Un ornamento auténticamente hermoso que resiste sin parpadear el trascurrir de las décadas.
 
 
Pero aún no había atisbado todas las maravillas de este templo, pues en la sala que a la derecha había, encontramos el baptisterio en un estado simplemente increíble, perfecto, intacto y sin mácula. La base estaba simplemente como el primer día, al igual que la pila bautismal, que incluso conservaba su parduzco color y sus sencillas decoraciones. La campana que daba encierro se halla también imperturbable al transcurrir del tiempo.
 
Si habéis leído el primer artículo (ARTÍCULO AQUÍ) ya seréis conocedores de las mil y una penurias que tuve que padecer para llegar a este pueblo deshabitado en lo alto de una montaña. Pero no me cabe la menor duda que el sacrificio fue completamente recompensado, no solo por el maravilloso estado de conservación de esta iglesia, sino por el pueblo y la naturaleza salvaje que lo rodea. Ojalá muchas más como este en el futuro.


lunes, 13 de noviembre de 2023

La epopeya de un explorador. Solo el digno pasará.

 

 
 

Llevo ya años realizando exploraciones en pueblos abandonados. Hay que son muy fáciles de alcanzar, tanto que hasta puedes aparcar en el mismísimo centro del pueblo. Después están esos que son extremadamente duros, tanto que hasta uno contempla la opción de una retirada honrosa antes de aceptar por las malas que no se puede llegar. En el documento de hoy hablaremos de este segundo ejemplo, os contaré como estuve a punto de abandonar.

El día amaneció plomizo, con nubes muy bajas y amenazando seriamente con verter ingentes cantidades de lluvia contra el suelo. A pesar de ello, yo había apostado por mí y decidí, como no, cargar todos mis bártulos en el maletero del Canijo y emprender la aventura. Una vez llegado a mi punto de inicio, cargué con la mochila, y localicé rápidamente el punto de acceso al camino que me debería llevar hasta este núcleo deshabitado. Si había ignorado hasta el momento todas las advertencias que el día me presentaba, esta, difícilmente, la iba a poder obviar, lluvia, uno de los peores enemigos del explorador urbano.

Tras una interminable subida de aproximadamente 500 metros, la vereda que me guiaba hasta mi objetivo se tornó inconsistente, pues esta era atravesada por un torrente, aunque afortunadamente sin agua. En ese punto se hizo palpable mi primera confusión, puesto que creía que debía subir acompañándolo, por lo que un servidor vio en Google Maps. Consejo: No os fieis del todo de ellos como hice yo. Rápidamente noté que la vegetación se cerraba de un modo salvaje, tanto que avanzados unos metros y perdidos valiosos minutos quise darme cuenta de que por ahí era imposible continuar. Media vuelta y regreso al punto de inicio, esa indirecta la había pillado y tras un incidente un poco marciano con una rama que se coló dentro de mi mochila, abriéndola y esparciendo por todo el terreno en cuesta mis materiales de fotografía, volví al punto en el cual me confundí. La cara de tonto que se me quedo fue inevitable al darme cuenta de que solo tenía que cruzar al otro lado del torrente para observar que el camino, ascendente, proseguía por tal lugar. En fin, que a lo hecho pecho y a seguir cuesta arriba. Afortunadamente en ese punto el camino iba marcado por pequeños hitos de piedras. Eso me lo facilito un poco, pero solo un poco. El día tenía más sorpresas para mí.

A pesar de hallarme algo más aliviado una vez pude proseguir el camino, pues llevaba un cabreo enorme, lo reconozco, el agua empezó a hacer acto de presencia como una nueva señal. Llovía, no muy fuerte, pero sí lo suficiente como para ser molesto. De todos modos continué hasta llegar a la cima. Ante mí dos casas abandonadas iban a darme unos minutos de cobijo, los justos para poder sacar el chubasquero y no calarme de modo dramático. El agua caía consistente y cada goterón menguaba mi decisión de seguir. Frente a las casas, en lo alto de la montaña, una pequeña ermita coronaba todo el conjunto campestre. Quedaos bien con el detalle de las casas y la ermita, porque serán importantes más tarde. Afortunadamente, yo también lo hice en aquel momento.

Debía tomar una decisión rápida, no podía pasarme mucho tiempo ahí esperando. Como explorador debería evitar visitar ruinas en días de viento y/o lluvia. Estos elementos se llevan mal con las estructuras dañadas, pues las zarandean unos, y las hacen más pesadas el otro. Aun así, ya que había llegado hasta ahí, no iba a darme media vuelta, (YA LO HABÍA PENSADO UNAS CUANTAS VECES), así que cargue mi mochila y retome el “camino”. Y lo entrecomillo debido a que en ese punto ¡NO HABÍA CAMINO ALGUNO! Todo era salvaje, lleno de vegetación y nada servía de guía, así que me aferré a lo más parecido que vi, las terrazas de piedra que delimitaban las zonas de cultivo del pueblo. Fui bordeando esas estructuras de piedra, únicas testigos de la presencia humana en lo salvaje, escalando paredes, saltando hacia abajo y temiendo haberme roto el tobillo, una vez metí la pierna en un aguajero, seguramente madriguera de algún animalillo montañés. Tras poder caminar con normalidad, el agua arreciaba de un modo duro y castigador, pero ante mis ojos, por fin, aparecían los primeros muros del pueblo.

Pero como si de un ente con mente propia se tratara, este lugar decidió seguir poniéndomelo difícil, pues las plantas se habían apoderado de todo acceso a su interior y la fina lluvia se tornó en aguacero violento. Debía encontrar un acceso, porque si algo temía de la lluvia, es que ya para más inri se iniciara tormenta con aparato eléctrico, y ahí queridos paseantes, yo iba a estar acabado, no habría mayor peligro que ese. Era como si este paraje decidiera quién podía acceder a sus entrañas, como si una prueba de fuego se tratara para decidir quién era digno o no de visitar sus silenciosos restos. Por fortuna, en uno de sus rincones di con un lugar que me permitió entrar dentro del sitio, empezaba a respirar aliviado porque por lo menos había llegado y conseguido entrar, ahora necesitaba resguardarme del líquido elemento.

¿Y qué mejor sitio para guarecerse que la iglesia?, bueno, también porque era el único edificio accesible con tejado y porche, todo sea dicho. Lo había conseguido, superé las pruebas, fui digno de conocer los secretos y misterios de un pueblo construido al borde de un acantilado y me sentí orgulloso de mí mismo por no morir, no romperme nada. ¿Qué pasó después? Los cielos se abrieron de par en par y el sol hizo acto de presencia. El día plomizo, frío y lluvioso dio paso a una jornada de soleada y de agradable temperatura, ¿irónico?, sí, demasiado para mi gusto. Algunos os preguntaréis cuál es la historia de este pueblo y por qué motivo recordar las referencias de la ermita y las dos casas abandonadas. Bueno, esa historia os la contaré en la próxima entrada, junto con el video semanal del canal, ya que en esta entrada quería contaros cuan duro fue el ascenso y llegada a este sitio delicioso que valió todos y cada uno de mis sufrimientos. ¡Os espero!


lunes, 6 de noviembre de 2023

Los INCREÍBLES TESOROS de la iglesia ABANDONADA de Santa Ana. (PARTE 2)

 En este PUEBLO ABANDONADO aún resiste, con sufrimiento, la IGLESIA de Santa Ana. En el URBEX de hoy exploraremos su decadente interior lleno de tesoros en forma de arte y también recorreremos su misterioso cementerio para cerrar nuestra exploración urbana en este paraje.

Si aún no lo habéis leído, podéis sumergiros en la primera parte de esta exploración pulsando AQUÍ

 

Exploradas las casas de este maravilloso paraje, aún nos queda un último rincón por el que deambular, la impresionante iglesia de Santa Ana. Un templo magnífico, con su cubierta superior terriblemente dañada, pero que soporta en ella los frescos más impresionantes que uno pudiera imaginar. Desgraciadamente, la jornada se tornó ventosa, por lo que abrevie lo máximo posible mi estancia en su interior por el riesgo de derrumbe que todo ello conllevaba.

 
A cielo raso ya podemos maravillarnos con la visión general de tan excelsa bóveda, de la cual lo único que lamento es la caída de una de sus partes, lo cual me hubiera permitido disfrutarla completamente en toda su extensa belleza. En una visión general distinguimos sus 3 ángulos que todavía resisten en pie, así como su piedra angular con otro fresco.

 
A la derecha, desde mi punto de vista, observamos como el motivo central está representado como una torre, rodeada esta de infinitas y hermosas filigranas. El estado de conservación de la pintura es muy bueno, si tenemos en cuenta el tiempo que lleva esta expuesta a los elementos y la intemperie.
 
 
En este punto la observación de las pinturas ya se torna más complicada. El centro de la estructura viene representando una paloma, la cual le atribuiremos los rasgos del espíritu santo, a modo de elemento que sobrevolaba el sitio mientras los fieles estaban en misa. A la derecha de esa oscura paloma vemos otro elemento fantástico, una luna en estado creciente. Una vez más, una caterva interminable de hermosos motivos enrevesados los unos con los otros contribuyen a darle personalidad al mural.
 

En el último punto observable que divisamos, quizás el que se encuentra en peor estado, podemos volver a disfrutar de las filigranas que pululan en todo el sitio. Sito en el centro de las mismas, en una especie de escudo o de marco, podemos ver la representación de un ciprés. ¿Tal vez una conexión entre el mundo terrenal y el celestial? Así me lo describió Alfonso, mi particular Cicerone en este pueblo. También me puso al tanto de la antigua fecha en la cual se RESTAURÓ este templo, que se remontaba a un ya lejano siglo XVIII. Contome como la gente venía cargando a mano con todos los materiales de construcción desde la cercana población, que era donde los adquirían. Un paseo de más de 3 kilómetros de distancia. Sin duda era otra época y era otro tipo de gente. Mi admiración por ellos, por lo que hicieron y porque aun a dia de hoy podamos disfrutar levemente del templo. Llega la hora de comer y con todos mis videos grabados y fotos realizadas, agradezco de todo corazón a mi particular guía, el tiempo dedicado y me dispongo a encarrilarme al próximo destino. ¿Cuál será? ¿Os venís? ¡Atentos pues!