lunes, 31 de julio de 2023

Este PUEBLO ABANDONADO ¡resurge de sus CENIZAS!

 

Esperanzadora o triste es la historia de este pueblo, que tras conocer el abandono, fue resurgiendo lenta y valientemente. Sin embargo, sus nuevos pobladores no contaban con el escollo más importante al que debían enfrentarse. Peor que un embalse de agua, peor que carecer de servicios básicos, peor que vivir aislados… porque no hay nada, peor que LA MISMA ADMINISTRACIÓN. Hoy exploramos un pueblo que no quiere morir, pero el mismo estado le está obligando.

Otra mañana más arrancó caminando un largo camino, que si bien, podría haber recorrido fácilmente en el coche, opte por hacerlo a pie. Una concatenación de cuestas y curvas fue elevándome cada vez más sobre el terreno, hasta que transcurrido poco más de una hora, en la que me envolvían las montañas, en la lejanía se veía robusto y orgulloso el pueblo que iba a explorar en esta ocasión.

Como suele suceder en ocasiones, una hermosa alfombra verde se tiende a mis pies, como si yo fuera alguna especie de estrella hollywoodiense que hace acto de presencia en un gran estreno. Los edificios que ante mí aparecen, tienen pinta de todo, menos de estar abandonados. Muchos de ellos han tenido una magnífica rehabilitación, respetando la arquitectura del lugar, como en su aldea hermana que visite antes y que aquí te señalo. Todo ello bajo un bondadoso sol que ni quema ni agobia.
 
Fantástica imagen en detalle de uno de los tejados que alcance a fotografiar. Como en muchos sitios, utilizan el material que más a mano tienen y abunda, la pizarra. Esta piedra le da un tono parduzco y oscuro a los edificios que contrasta con el verde del paraje. Lejos de afearlo, lo embellece todavía más.
 
Una de las aproximadamente treintena de casas que forman este gran pueblo. A sus calles le insuflaban vida unas 112 personas. Se dedicaban, como no, a la agricultura sembrando legumbre y patatas, entre otros. La ganadería y la caza también formaba parte del modo de subsistencia de sus residentes. Pero la despoblación del pueblo se iniciaría sobre los años 50. Por entonces muchos empezaron a trabajar en las cercanas minas. Su traslado hasta ahí era largo y penoso, por lo que muchos optaron en aquel momento por emigrar. Llegado 1981 se iba a cerrar la última puerta. El pueblo, quedaba deshabitado, pero no de modo definitivo.

Una de las calles del pueblo, que lo articula de extremo a extremo.

Sin embargo, no era el final para este lugar abandonado. Ya que sus antiguos habitantes y propietarios evitaron en lo posible la degradación del núcleo. Para ello se constituyeron en asociación y de este modo, fueron reanimando un sitio que parecía sentenciado a desaparecer. Rehabilitaron edificios, caminos de acceso, etc. Es fantástico percibir el cariño y el mimo que todos han volcado en el pueblo.

 Detalle del interior de uno de los balcones de madera. No es muy seguro pisarlo y personalmente, no pasé del rellano de la escalera que da acceso hasta él. Aun así, podemos hacernos una idea de su notable interior, con sus paredes de piedra en uno de sus extremos y la madera en el otro.

Podemos encontrar en una pequeña plazoleta del pueblo este magnífico horno comunal. Uno no puede evitar mirarlo y relamerse los bigotes imaginando la incontable cantidad de delicias y manjares que debieron prepararse en su interior. No tengo la menor duda de encontrarme en un sitio muy especial.
 
Pero la historia de este deshabitado no concluye. Ni con su abandono en 1981 ni con los trabajos de mantenimiento. Era el año 2020 cuando un vecino solicito empadronarse aquí. Dicha petición topó con el muro cruel de la administración, alegando esta que el pueblo no tenía los requisitos mínimos de habitabilidad. Es más, se iniciaron también los tramites para la disolución del municipio y así forzar su desaparición. Era la hora de que la asociación actuara nuevamente. La historia, en este caso, ni se había acabado, ni se había detenido, estaba reiniciándose.
 
Interpuesta la correspondiente denuncia en los juzgados, estos dieron razón a los vecinos, ya que la administración alegaba que el pueblo se encontraba sin servicio y en ruinas. Extremo que se demostraría falso, tal y como podemos ver en estas imágenes, puesto que podemos no solamente encontrar viviendas y accesos en magnífico estado, sino también servicio de corriente eléctrica. Todo ello no solo sirvió para el empadronamiento de este vecino (y más que lo solicitaron, pero se les negó), sino también para anular la disolución del municipio. 
 
Del suministro de agua se encargan las incontables fuentes repartidas por todo el núcleo urbano. Hasta un total de 4 pude llegar a contar, a cada cual más fotogénica. No hay duda ninguna de que todos los servicios están cubiertos.
 

Detalle del acceso a una de las casas. Simpática gatera en los bajos de la puerta. El interior está destruido.

 El tamaño de la aldea no es pequeño ni mucho menos. Abundan los rincones que derrochan personalidad a cada esquina que uno gira, pero ¡cuidado!, no entraña dificultad perderse en sus calles. Puede parecer que esté bromeando, pero lo digo muy en serio. El trazado es tan amplio y con tantas vías, que me extravíe en dos o tres ocasiones. Eso sí, yo encantado.

 

 
Fantásticos detalles que uno va encontrando en los rincones de este pueblo.

Dejando atrás la parte media del pueblo, elevo mis pasos en dirección a la iglesia, la cual despunta en la parte más alta. Sin embargo, algo llama poderosamente mi atención. Un embarrado camino por el cual fluye el agua libremente. Normalmente, estas cosas no llaman mi atención, pero por algún extraño motivo decidí seguirlo. ¡La sorpresa que me aguardaba al final no me la esperaba para nada!
 

Un poderoso chorro del líquido elemento fluía desde las raíces de un árbol. Este se derramaba a una pequeña fuente que debajo de este se encontraba para, finalmente, rebosar al camino. No me cabía duda de que el agua aquí, al menos por el momento, no era ningún impedimento. Tampoco me cabía alguna duda de que en el mundo de las fuentes, uno nunca puede asegurar haberlo visto todo.

Una vez he ascendido hasta la parte más alta de la villa, una magnífica y reformada iglesia preside todo el conjunto urbano. De respetuosa reforma, usando los materiales que dan personalidad al sitio, la iglesia de la virgen de las llamas, data del siglo XIX y se reformó hace no muchos años, en concreto en 2009.
 
Visión fontal del templo, con su bonita espadaña y sus campanas. La sombra de los árboles, mecidos por una amable brisa de última hora del día, sé abalanza sobre la pradera que acoge no solo la iglesia, sino a la última de las fuentes que podemos hallar aquí y su pequeño cementerio.
 
La cuarta fuente del pueblo, junto a la iglesia y de un estilo que no puedo evitar, me recuerde a los diseños cautivadores y orgánicos de Gaudí.
 
Las campanas bailan al viento por dentro de una de las espadañas. Tras ella, el tejado de la iglesia y al fondo el verdor montañés que rodea todo este sitio mágico. No hay duda que no solo su entorno es hermoso, sino también su historia.
 
Ya conocéis el lema que suelo utilizar en la cabecera del blog y en el canal de YouTube. “La historia se detuvo aquí, pero no el tiempo.” Sin embargo, para mí es un pacer descubrir que el reloj que marca el ritmo de la vida en este pueblo ha vuelto a poner en marcha sus mecanismos. La lucha de sus vecinos vino recompensada con la dignidad que estos lugares merecen y necesitan. No solo no lo dejaron morir, sino que lo resucitaron. Sé que es irónico terminar la exploración en este urbex con imágenes de un cementerio, sinónimo de fin y muerte. Pero en este caso, quiero plasmarlo de un modo diferente, como una reinvención, como un cambio, como un renacimiento. ¡Felicidades, por muchos años!

viernes, 28 de julio de 2023

Un pueblo abandonado en lo mas profundo de las montañas

 Con una deliciosa mañana norteña, arranco el paseo que me llevara durante varios kilómetros y fantásticos parajes inimaginables por mí, hasta el interior de este pueblo abandonado en medio de las montañas. Aldeas, ríos y vacas aparecerán en mi ruta hacia este urbex rural. ¡Al turrón!

 
El camino en todo momento transcurre por el más delicioso y rural de los ambientes, los árboles y las plantas forman sobre mí una espesa cubierta que me protege de la luz solar y tiñen de un mágico verdor mis pasos. A mitad de camino encuentro una pequeña aldea. Compuesta por un par de casas y una enorme panera.

 
Está deshabitada, aunque la ropa tendida y el excepcional estado de las construcciones sugieran lo contrario. Delicadamente pintado, el balcón conserva toda la belleza que antaño tuvo. Es como si el tiempo se hubiera congelado aquí. Ni un solo desperfecto es visible.
 
Oculta por la vegetación del camino, la fuente de este sitio se encuentra en uno de sus extremos. Lastimosamente, se encuentra completamente seca y ya no tiene capacidad para saciar al caminante. Si queréis conocer unos pocos detalles extra de esta aldea, aquí os enlazo el pequeño video de YouTube que realice en el lugar.
 
  
Aun a pesar de su belleza fuera de toda duda, el camino es inmisericorde. Alterna ligeros descensos con subidas prácticamente salvajes que agotan a quien se ha atrevido a asumir el reto de alcanzar el pueblo que se encuentra al final. ¿Se verá recompensado el tremendo esfuerzo? 

Por fin, tras un par de horas de andanzas, aldeas y saltos por el río, alcanzo mi objetivo para ese día. Un para nada pequeño pueblo, en el cual, una de las primeras edificaciones, deja bien claro donde estamos. Yo, por si acaso, le he dado un toque de Photoshop para ocultarlo.
 
En una generosa plaza del pueblo, nos rodean múltiples casas y fuentes. Algunas se encuentran en mejor estado que otras, pero por el momento, las de esta zona, están en pie. Es un buen sitio para aparcar la mochila y explorar con somera tranquilidad las múltiples calles del lugar.


La fuente de este sitio se encuentra prácticamente sepultada por la vegetación, eso dificulta un poco la visión de la misma. Más aún cuando a la izquierda de esta, podemos ver una gran pared flanqueándola, lo cual contribuye a esconderla. Junto a la fuente, el agua del abrevadero no deja de fluir en ningún momento. De forma tranquila y sosegada, rebosa por sus bordes, enfangando gran parte de la plaza como los niveles inferiores del núcleo. Doy fe.

miércoles, 26 de julio de 2023

Urbex en un pueblo olvidado junto a la orilla de un pantano

 

 Olvidado a los pies de un cerro, se encuentran los restos cadavéricos de este pueblo, antaño prospero y con multitud de tierras para labrar y criar a sus animales. Hoy, estas tierras yacen en las profundidades acuáticas de un pantano. ¿Cuál es la historia de este lugar?, os la cuento. Si queréis conocer mi inicio en esta ruta, aquí os enlazo el artículo anterior, de este modo, se puede ampliar el contexto de todo. 

 

Difícil fue para mí «escalar» los cerca de 5 kilómetros que separan este pueblo abandonado de mi anterior exploración. Pero si subir es difícil, no creáis que la bajada fue un lecho de rosas. El camino es hermoso, rodeado de vegetación y árboles que lo tornan en encantador. Sin embargo, el mal estado del camino, plagado de agujeros y baches, es un gran escollo para cualquier tobillo o rodilla que se precie. Aun así, una vez abajo, no tuve más que girar a la izquierda de la bifurcación en la que estaba y a los pocos metros, flanqueado por una gran verja que a nada cercaba, aparecieron frente a mí las ruinas de este lugar abandonado.
 
 
Puede parecer imposible, pero este pueblo estaba formado por más de una veintena de casas, de la cuales, solo son reconocibles como tales, tres. Sus tierras también fueron inundadas por la construcción del infame pantano del que en el artículo anterior os hable, por tanto, los vecinos que aquí residían no tuvieron más opción que escapar. Era 1968 cuando el agua llegó y las personas marcharon.
 
Aquí, con más detalle, uno de los primeros edificios que nos da la bienvenida a este pueblo abandonado. El estado de ruina que encontramos es absoluto. Aunque sus muros de fuera se encuentren empecinados en no caer, sus interiores ya discreparon de ello hace décadas. En el suelo solo encontramos ruina, cascotes y viejas vigas de madera. 
A la izquierda, los restos de un gran ventanal.
A la derecha, tenemos el acceso a lo que pudiera ser algún tipo de almacén donde guardar los aparatajes del campo. No me pareció en ningún momento que pudiera ser una cuadra.
 
Una vez abandonamos la primera parte de la villa, a poco más de una decena de metros, una gran vivienda aparece. Aguanta con orgullo el transcurrir de los tiempos, aunque la climatología y una enorme planta estén dando buena cuenta de la estructura. En su construcción, destacan los anaranjados ladrillos que dibujan los elegantes contornos de las ventanas, las puertas e incluso las columnas. Uno de los edificios más bonitos que he visto. Bien vale detenerse y echarle una buena mirada.

Demacrada por el transcurrir de los años y la falta de cuidados, la fachada de la derecha nos muestra los ladrillos con la que está construida en las alturas. Sus ventanas se encuentran completamente desdibujadas, carcomidas y podridas. Las tejas, que antaño tenían la misión de evitar filtraciones de agua en el interior de la vivienda, ya no pueden realizar su misión, y esta, que no tiene misericordia ni de los recuerdos, debilita gota a gota, cada centímetro de la estructura.


Nada más entrar por la puerta, lo primero con lo que nos encontramos es con la cocina, literalmente. Tanto la sala destinada a la preparación de la comida como el electrodoméstico, se encuentran justo frente a mí. Este me impide acceder a la estancia, donde al fondo vemos como se mantiene en pie una barra. Las estanterías resisten como pueden, al menos la del fondo. La del lado derecho cayó al suelo hace tiempo, al igual que el techo. Diferentes elementos reposan tanto en el suelo como sobre la barra. No hagáis mucho caso de la puerta que al fondo a la izquierda vemos, después sabréis el motivo.


lunes, 24 de julio de 2023

Un pueblo abandonado, cabras y un explorador urbano.

 

 Una mañana neblinosa y gris amanecía pronto. Al verla no puedo evitar cierta emoción, ya sabéis que soy un gran amante de la niebla, y si iba a acompañarme en mis exploraciones de la jornada, pues mejor aún. En esta ocasión, me dirigía a un par de pueblos, cuyas tierras fueron anegadas añosa atrás por el enésimo embalse de turno, obligando a sus habitantes, una vez más, a irse prácticamente con lo puesto. La parte de la niebla podréis verla en el video que, como es costumbre, os comparto de mi canal en YouTube. ¡Lo del pueblo, viene abajo!

 
Sin embargo, una vez he alcanzado el objetivo del día, el sol hace acto de aparición como el protagonista más absoluto de la jornada. Raudo me coloco todos mis apechusques y compruebo que llevo todo conmigo. Gorra, cámaras, abrigos, guantes… ¡Listo! Pues arranco. El recibimiento llega por parte de los pastores que trabajan en el lugar y los cuales tratan de controlar las incontables ovejas que pululan como locas por el cercado. Nos saludamos, me cuentan un poco y como no tengo afán de interrumpir mucho su faena, me pongo manos a la obra hacia el núcleo del pueblo, que se encuentra a no más de un kilómetro de donde me encontraba en ese momento.

¿Puedo decir que el pueblo está abandonado?, sí. ¿Puedo decir que está deshabitado?, bueno, casi que no. Ya que sus habitantes rápidamente salen a controlarme y darme la bienvenida. Se trata de un grupo de ovejas y cabras que vagan en estado semisalvaje por las calles. Vale, no son humanos, pero viven ahí. Así que llegados a este punto me pregunto, y seguro que vosotros también, ¿dónde están los humanos?, ¿qué paso aquí?. Os cuento.

Este sitio llegó a estar formado por un total de 22 casas, según contaba Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico Histórico. A finales del siglo XIX una nada despreciable cifra de 90 habitantes vivían en el pueblo. Se dedicaban entre otras cosas al cultivo del trigo, la cebada o también de patatas o maíz. Sin embargo, el trabajo en la mina era lo que primaba. Labores que alcanzarían cuotas dramáticas, llegado un fatídico septiembre de 1948, cuando una explosión de grisú arrebató la vida a 11 de sus trabajadores.

No profundizo mucho más en mi exploración del pueblo. Demasiados animales sueltos, entre cabras, ovejas y perros ladradores, que no sé si poco mordedores; No quiero averiguar si lo son. Así que tras un relajante paseo por su calle principal, llego hasta el acceso a la iglesia, donde a duras penas soy capaz de introducirme en su interior. Contaba este sitio con un par de ermitas, todas ellas ya en estado de ruina o desaparecidas siglos atrás. Entre la ignota vegetación, sobresale al fondo la espadaña de la iglesia, con un enorme nido de cigüeña en su cúspide. En el centro del edificio, a duras penas, un arco aguanta los envites del tiempo. Es complicado imaginar a los feligreses acudir a los servicios cuando uno casi no puede ni moverse libremente en su angosto interior.
 
Pero, ¿qué iba a marcar definitivamente el abandono del pueblo?. La respuesta es muy obvia, la proyección y construcción del embalse que iba a hacer acopio de aguas. Se puede ver a simple vista que las aguas no llegaron a sumergir el pueblo, pero si es cierto que estas llegaron a inundar completamente las tierras donde los vecinos de este, y otros pueblos, cultivaban o dejaban pastar a sus animales. 
 
Eso fue lo que apuntilló la vida en esta y otras poblaciones próximas, obligando a sus vecinos a abandonar el sitio lentamente. En 1968 se procedió a la inundación del pantano, sumergiendo bajo sus aguas las poblaciones cercanas. Aun así, algunos residentes resistieron unas cuantas décadas hasta el abandono completo allá por los años 80 aproximadamente.

A finales de la década de los 90, el INEM y CCOO presentaron un proyecto para la recuperación del pueblo, trabajando en él con una serie de talleres. Sin embargo, dicha reconstrucción no llego muy lejos, quedando finalmente el proyecto en el limbo. Posteriormente, diferentes proyectos intentaron medrar en el sitio, desde puertos recreativos a las orillas del embalse, industrias cárnicas, etc… Ninguno llego a buen puerto. Mientras tanto, la naturaleza se abre paso salvaje, como las aguas por las que tuve el placer de pasear, recuperando lo suyo.

Ya alejado del pueblo, bordeo las aguas del pantano, en dirección a mi siguiente destino. Uno de los pastores que a primera hora encontré, me recomendó seguir la senda. Pero yo, como soy especial, fui por otros lares, encontrándome esta naturaleza indómita que tanto me gusta y rincones especiales como esta cueva bajo una peña y que no pude ni quise evitar explorar.

Tras los sillares que componían una rústica entrada, encuentra esta sala, llena de barro seco, madera y rocas. Está claro que este lugar era usado en su momento como refugio para los animales. Quizás en la actualidad, algunas de las vacas o caballos que pululan salvajes por el paraje lo sigan utilizando. Para mi, era momento de recoger mis bártulos y encaminarme a mi siguiente destino, que distaba unos 5 kilómetros de ahí. No quería perder mucho tiempo.

Finalmente, una inmensa mole rocosa me impidió avanzar como yo quería hacerlo. No tuve más remedio que capitular y volver al camino, bien marcado, todo se diga, que separaba ambas poblaciones. Si al final te indican algo, por algo será, valga la redundancia. Y así, entre aguas, caballos y vacas, una kilométrica cuesta arriba me acompañaba hasta el siguiente pueblo abandonado. Esta jornada, no podía ser mejor. Os espero en la próxima entrada del blog.