Esperanzadora o triste es la historia de este pueblo, que tras conocer el abandono, fue resurgiendo lenta y valientemente. Sin embargo, sus nuevos pobladores no contaban con el escollo más importante al que debían enfrentarse. Peor que un embalse de agua, peor que carecer de servicios básicos, peor que vivir aislados… porque no hay nada, peor que LA MISMA ADMINISTRACIÓN. Hoy exploramos un pueblo que no quiere morir, pero el mismo estado le está obligando.
Otra mañana más arrancó caminando un largo camino, que si bien, podría haber recorrido fácilmente en el coche, opte por hacerlo a pie. Una concatenación de cuestas y curvas fue elevándome cada vez más sobre el terreno, hasta que transcurrido poco más de una hora, en la que me envolvían las montañas, en la lejanía se veía robusto y orgulloso el pueblo que iba a explorar en esta ocasión.
Fantástica imagen en detalle de uno de los tejados que alcance a fotografiar. Como en muchos sitios, utilizan el material que más a mano tienen y abunda, la pizarra. Esta piedra le da un tono parduzco y oscuro a los edificios que contrasta con el verde del paraje. Lejos de afearlo, lo embellece todavía más.
Una de las aproximadamente treintena de casas que forman este gran pueblo. A sus calles le insuflaban vida unas 112 personas. Se dedicaban, como no, a la agricultura sembrando legumbre y patatas, entre otros. La ganadería y la caza también formaba parte del modo de subsistencia de sus residentes. Pero la despoblación del pueblo se iniciaría sobre los años 50. Por entonces muchos empezaron a trabajar en las cercanas minas. Su traslado hasta ahí era largo y penoso, por lo que muchos optaron en aquel momento por emigrar. Llegado 1981 se iba a cerrar la última puerta. El pueblo, quedaba deshabitado, pero no de modo definitivo.
Una de las calles del pueblo, que lo articula de extremo a extremo.
Sin embargo, no era el final para este lugar abandonado. Ya que sus antiguos habitantes y propietarios evitaron en lo posible la degradación del núcleo. Para ello se constituyeron en asociación y de este modo, fueron reanimando un sitio que parecía sentenciado a desaparecer. Rehabilitaron edificios, caminos de acceso, etc. Es fantástico percibir el cariño y el mimo que todos han volcado en el pueblo.
Detalle del interior de uno de los balcones de madera. No es muy seguro pisarlo y personalmente, no pasé del rellano de la escalera que da acceso hasta él. Aun así, podemos hacernos una idea de su notable interior, con sus paredes de piedra en uno de sus extremos y la madera en el otro.
Podemos encontrar en una pequeña plazoleta del pueblo este magnífico horno comunal. Uno no puede evitar mirarlo y relamerse los bigotes imaginando la incontable cantidad de delicias y manjares que debieron prepararse en su interior. No tengo la menor duda de encontrarme en un sitio muy especial.
Pero la historia de este deshabitado no concluye. Ni con su abandono en 1981 ni con los trabajos de mantenimiento. Era el año 2020 cuando un vecino solicito empadronarse aquí. Dicha petición topó con el muro cruel de la administración, alegando esta que el pueblo no tenía los requisitos mínimos de habitabilidad. Es más, se iniciaron también los tramites para la disolución del municipio y así forzar su desaparición. Era la hora de que la asociación actuara nuevamente. La historia, en este caso, ni se había acabado, ni se había detenido, estaba reiniciándose.
Interpuesta la correspondiente denuncia en los juzgados, estos dieron razón a los vecinos, ya que la administración alegaba que el pueblo se encontraba sin servicio y en ruinas. Extremo que se demostraría falso, tal y como podemos ver en estas imágenes, puesto que podemos no solamente encontrar viviendas y accesos en magnífico estado, sino también servicio de corriente eléctrica. Todo ello no solo sirvió para el empadronamiento de este vecino (y más que lo solicitaron, pero se les negó), sino también para anular la disolución del municipio.
Del suministro de agua se encargan las incontables fuentes repartidas por todo el núcleo urbano. Hasta un total de 4 pude llegar a contar, a cada cual más fotogénica. No hay duda ninguna de que todos los servicios están cubiertos.
Detalle del acceso a una de las casas. Simpática gatera en los bajos de la puerta. El interior está destruido.
El tamaño de la aldea no es pequeño ni mucho menos. Abundan los rincones que derrochan personalidad a cada esquina que uno gira, pero ¡cuidado!, no entraña dificultad perderse en sus calles. Puede parecer que esté bromeando, pero lo digo muy en serio. El trazado es tan amplio y con tantas vías, que me extravíe en dos o tres ocasiones. Eso sí, yo encantado.
Fantásticos detalles que uno va encontrando en los rincones de este pueblo.
Dejando atrás la parte media del pueblo, elevo mis pasos en dirección a la iglesia, la cual despunta en la parte más alta. Sin embargo, algo llama poderosamente mi atención. Un embarrado camino por el cual fluye el agua libremente. Normalmente, estas cosas no llaman mi atención, pero por algún extraño motivo decidí seguirlo. ¡La sorpresa que me aguardaba al final no me la esperaba para nada!
Un poderoso chorro del líquido elemento fluía desde las raíces de un árbol. Este se derramaba a una pequeña fuente que debajo de este se encontraba para, finalmente, rebosar al camino. No me cabía duda de que el agua aquí, al menos por el momento, no era ningún impedimento. Tampoco me cabía alguna duda de que en el mundo de las fuentes, uno nunca puede asegurar haberlo visto todo.
Una vez he ascendido hasta la parte más alta de la villa, una magnífica y reformada iglesia preside todo el conjunto urbano. De respetuosa reforma, usando los materiales que dan personalidad al sitio, la iglesia de la virgen de las llamas, data del siglo XIX y se reformó hace no muchos años, en concreto en 2009.
Visión fontal del templo, con su bonita espadaña y sus campanas. La sombra de los árboles, mecidos por una amable brisa de última hora del día, sé abalanza sobre la pradera que acoge no solo la iglesia, sino a la última de las fuentes que podemos hallar aquí y su pequeño cementerio.
La cuarta fuente del pueblo, junto a la iglesia y de un estilo que no puedo evitar, me recuerde a los diseños cautivadores y orgánicos de Gaudí.
Las campanas bailan al viento por dentro de una de las espadañas. Tras ella, el tejado de la iglesia y al fondo el verdor montañés que rodea todo este sitio mágico. No hay duda que no solo su entorno es hermoso, sino también su historia.
Ya conocéis el lema que suelo utilizar en la cabecera del blog y en el canal de YouTube. “La historia se detuvo aquí, pero no el tiempo.” Sin embargo, para mí es un pacer descubrir que el reloj que marca el ritmo de la vida en este pueblo ha vuelto a poner en marcha sus mecanismos. La lucha de sus vecinos vino recompensada con la dignidad que estos lugares merecen y necesitan. No solo no lo dejaron morir, sino que lo resucitaron. Sé que es irónico terminar la exploración en este urbex con imágenes de un cementerio, sinónimo de fin y muerte. Pero en este caso, quiero plasmarlo de un modo diferente, como una reinvención, como un cambio, como un renacimiento. ¡Felicidades, por muchos años!






















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