Con una deliciosa mañana norteña, arranco el paseo que me llevara durante varios kilómetros y fantásticos parajes inimaginables por mí, hasta el interior de este pueblo abandonado en medio de las montañas. Aldeas, ríos y vacas aparecerán en mi ruta hacia este urbex rural. ¡Al turrón!
El camino en todo momento transcurre por el más delicioso y rural de los ambientes, los árboles y las plantas forman sobre mí una espesa cubierta que me protege de la luz solar y tiñen de un mágico verdor mis pasos. A mitad de camino encuentro una pequeña aldea. Compuesta por un par de casas y una enorme panera.
Está deshabitada, aunque la ropa tendida y el excepcional estado de las construcciones sugieran lo contrario. Delicadamente pintado, el balcón conserva toda la belleza que antaño tuvo. Es como si el tiempo se hubiera congelado aquí. Ni un solo desperfecto es visible.
Oculta por la vegetación del camino, la fuente de este sitio se encuentra en uno de sus extremos. Lastimosamente, se encuentra completamente seca y ya no tiene capacidad para saciar al caminante. Si queréis conocer unos pocos detalles extra de esta aldea, aquí os enlazo el pequeño video de YouTube que realice en el lugar.
Aun a pesar de su belleza fuera de toda duda, el camino es inmisericorde. Alterna ligeros descensos con subidas prácticamente salvajes que agotan a quien se ha atrevido a asumir el reto de alcanzar el pueblo que se encuentra al final. ¿Se verá recompensado el tremendo esfuerzo?
Por fin, tras un par de horas de andanzas, aldeas y saltos por el río, alcanzo mi objetivo para ese día. Un para nada pequeño pueblo, en el cual, una de las primeras edificaciones, deja bien claro donde estamos. Yo, por si acaso, le he dado un toque de Photoshop para ocultarlo.
En una generosa plaza del pueblo, nos rodean múltiples casas y fuentes. Algunas se encuentran en mejor estado que otras, pero por el momento, las de esta zona, están en pie. Es un buen sitio para aparcar la mochila y explorar con somera tranquilidad las múltiples calles del lugar.
La fuente de este sitio se encuentra prácticamente sepultada por la vegetación, eso dificulta un poco la visión de la misma. Más aún cuando a la izquierda de esta, podemos ver una gran pared flanqueándola, lo cual contribuye a esconderla. Junto a la fuente, el agua del abrevadero no deja de fluir en ningún momento. De forma tranquila y sosegada, rebosa por sus bordes, enfangando gran parte de la plaza como los niveles inferiores del núcleo. Doy fe.
La fuente de este sitio se encuentra prácticamente sepultada por la vegetación, eso dificulta un poco la visión de la misma. Más aún cuando a la izquierda de esta, podemos ver una gran pared flanqueándola, lo cual contribuye a esconderla. Junto a la fuente, el agua del abrevadero no deja de fluir en ningún momento. De forma tranquila y sosegada, rebosa por sus bordes, enfangando gran parte de la plaza como los niveles inferiores del núcleo. Doy fe.
De todos modos, la emoción ya me embarga y empiezo mi deambular por los diferentes sitios. A espaldas de la plaza, una estrecha callejuela invadida de espinos, que cuelgan de los muros de las casas que encontramos ahí, me dirigen hacia la única vivienda que puedo encontrar abierta, accesible y levemente segura. Una vez esquivados los espinos custodios de sus puertas, alcanzo la entrada a la casa, que se divide en dos puertas. Frente a mí, la entrada a la casa, a la derecha, el acceso a la cocina. Así que empiezo la exploración por ahí. Poco queda. El suelo de madera se encuentra combado, dando señales de fatiga. Frente a mí, el mueble que antaño acogió la cocina aún persiste, no así la cocina en sí. Los azulejos sobreviven milagrosamente, mientras a mi derecha, un pequeño banco rinconero remata la sala.
La cocina conecta directamente con el resto de la vivienda. El recibidor se divide en dos estancias, un armario y unos escalones que nos elevarían hasta el nivel superior, donde probablemente se encuentre el desván. Mi primer intento de paso en el interior de la vivienda se consumó con el seco quejido de los tablones de madera que pise. Poca confianza me dio, así que opte por no pasar de la puerta.
De regreso a la plaza tomo otro de los caminos que de esta parten y escalan por los lados de la montaña que acoge el pueblo. Por sus laterales encontramos algunas de la treintena de casas que dan forma a la villa y que acogían a un total de 22 personas.
Casi al final del camino, una de las últimas estructuras que encuentro. Una fantástica base en piedra, que a modo de garaje da cobijo a un viejo carro y diferentes herramientas. Sobre esta base, ya podemos ver una panera, que se eleva sobre el camino unos 5 metros aproximadamente. Unos pequeños escalones nos permitirían aproximarnos a ella. Sin embargo, yo los tomo por otro motivo diferente.
Una vista en detalle, tanto a la base de la panera como al carro que lleva décadas reposando en el interior. Sin embargo, ya os digo que la escalera que nos elevaría hasta la cima la tome, pero por motivos muy diferentes.
¡VACAS!. Ya las vi cuando llegaba a la base de la panera. Se trataba de una manada de aproximadamente 5 o 6 de ellas. Lo estrecho del camino y que todas me miraran con mala cara, me convencieron de que, por ahí, se había terminado mi exploración. Así que utilice a esta, que a modo de avanzadilla descendía la colina, para ir abriéndome paso hasta la parte final de la exploración. Mal no me lo paso, ¡ya lo veis!
Mi descenso desde la cúspide de este pueblo abandonado hasta la zona inferior, culmina llegando a una nueva panera, excelentemente conservada. ¿Recordáis cuando os dije que el agua del abrevadero fluía hacia abajo embarrándolo todo?
Mi descenso desde la cúspide de este pueblo abandonado hasta la zona inferior, culmina llegando a una nueva panera, excelentemente conservada. ¿Recordáis cuando os dije que el agua del abrevadero fluía hacia abajo embarrándolo todo?
Bajo esta, podremos encontrar una serie de elementos, de los que desconozco nombre y utilidad.
Una vez inspeccionado el sitio, proseguimos el descenso hasta lo que es la iglesia del pueblo. Posiblemente, el edificio mejor conservado de todo el lugar. Eso es debido a la remodelación que se le hizo no muchos años atrás.
Adosado al lateral de la iglesia, un pequeño cementerio acoge el reposo eterno de aquellos que fueron los vecinos más antiguos de este pueblo.
Impresionante entrada a la iglesia, engalanado el piso con cantos. La belleza y el cuidado que pusieron en su restauración se nota y es un verdadero placer culminar una exploración intensa y cansada en este rincón. El visitante, tras horas de trajín, opta por sentarse en uno de los laterales, escuchando el tañer de los cencerros, mientras opta por dar un bocado y rehidratarse. Largo es el camino de regreso hasta el coche y el sol ya ha empezado a ocultarse tras las imponentes montañas que mantienen en su regazo este hermoso pueblo abandonado.




















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