viernes, 30 de junio de 2023

¡El pueblo que resurgió de las aguas!

Pueblo abandonado de granadilla, extremadura, urbex

No he tenido llegada más espectacular a un lugar “abandonado”, como a este inmenso e interminable pueblo, rodeado de murallas y cuyo espectacular castillo te recibe altivo, ya dando unas pistas valiosas sobre lo que uno puedo encontrar en su interior. Descubrid conmigo esta joya que resurge de su abandono.


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Para comprender este abandono, primero uno debe comprender donde se sitúa y que le rodea. Una vez se da el primer vistazo al sitio, uno entiende lo que sucedió aquí. Y es que nos volvemos a encontrar con la sempiterna moda de los embalses de agua postguerra civil española, que como no, estaban siempre por encima de la vida y la dignidad de los habitantes que ahí residían, sus propiedades, sus casas, sus animales, etc. Se ordenó su construcción en el año 1955, iniciándose la expropiación de todo el término.

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Era el año 1960 el gobierno dio por pagadas las, casi humorísticas, expropiaciones, dando entonces estos, ocupación del término por parte del estado, y que, por tanto, ya no se podía ejecutar ningún tipo de reclamación al respecto. Iniciose entonces, el éxodo masivo de los no pocos más de millar y medio de habitantes que vivían en este próspero rincón, hasta que ya siendo el año 1965 quedaría el pueblo completamente deshabitado. Sería entonces, cuando el gobierno fascista del país, daría por disuelto el término municipal y las aguas empezarían a correr libres.

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Hermosas ruinas que rodean el exterior del complejo del pueblo.
 
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A pesar de la inundación del paraje, el núcleo quedo relativamente a salvo, si bien abandonado. El paso del tiempo y el saqueo harían de las suyas sin piedad. En la actualidad, las murallas del pueblo son las que en mejor estado se conservan, junto a las de Lugo y Ávila. A los pies de estas, un enorme y verde edén se esparce sin contemplación, rodeado por las aguas del pantano. No puedo más que recomendar bordearlas y realizar una relajante bajada hasta sus aguas. Un lugar ideal para comer y disfrutar del agradable sonido de la naturaleza.

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¡
¡Pero aquí hemos venido a hacer exploración urbana! Y a ello vamos. La calle de entrada a este sitio es toda una declaración de intenciones. En 1980 fue declarado el sitio conjunto histórico artístico, y con ello, llegaban las magníficas noticias. Se iniciaba la resurrección del pueblo y en 1985 fue seleccionado, junto a otros, para su inclusión en el Programa Interministerial de Pueblos Abandonados, iniciándose su restauración. De ello se beneficiaron especialmente sus ciclópeas murallas y como no, el espectacular castillo que tanta belleza y personalidad otorga.

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Interior de la pequeña muralla defensiva que flanquea el acceso a su interior. La fortaleza data nada menos que del siglo XIII y llama poderosamente la atención, sobre todo, por la forma de sus torres y la espectacular barbacana, que a modo de mirador, la remata en la actualidad.

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Una vez hemos superado la puerta de entrada, una señorial y enorme sala, decorada con tapices, escudos y demás parafernalia medieval, hacen acto de presencia. Una pequeña lámpara, que ilumina la estancia con algo de luz eléctrica, nos permite disfrutar en mayor detalle de la sala y sus elementos. Uno no puede más que viajar 500 años al pasado a cada giro de cabeza que da. 

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Detalle de una de las paredes, con ambos escudos flanqueando el acceso a otra de las salas adjuntas y un par de espadas sobre el arco.
 
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"Llevaisoslo todu,
todu menus eso,
que esas mantas
tienin suol de 
su cuerpo...
,y me guelin
me guelin a 
ella ca ves
que las guelo."
 
Reza el poema sobre la chimenea de una de las salas, escrito por el poeta Gabriel Y Galán, oriundo de dicho lugar.

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Ya en la primera altura de la fortificación, la luz ya escasea y oculta mucho a la visión. No cabe duda alguna que vivir aquí suponía un reto en todos los sentidos y a todos los sentidos sin excepción. Sí, lo sé, ya supongo que habría luz artificial de las antorchas y velas, pero cuando no, la visibilidad era así de dura.
 
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A la izquierda, letrina del castillo. Todo lo duro y lo que no era duro, caía por ese agujero a los aledaños de la torre. 
A la derecha, las imponentes y duras escaleras de caracol que nos llevan a coronar el castillo.
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Una vez llegas arriba, todo el embalse, todo el pueblo y todo el castillo caen rendido a tus pies, disfrutando de una panorámica de 360º de todo el conjunto. El momento y el lugar eran los correctos para disfrutarlos sin ningún tipo de límite. Pero todavía no había alcanzado la cima, aún había más.

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Coronada definitivamente la barbacana del castillo, mirando a la derecha, visión del pueblo, el embalse y los islotes que se ven salpicados por la inminente caída de los rayos solares, impregnando a todo el conjunto de una dorada belleza que uno desea, no termine jamás.

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Si ladeamos la vista a la izquierda, desde ese mismo punto, podemos ver toda la zona que desde 1985 se ha ido recuperando del pueblo gracias a los diversos talleres que se llevan a cabo aquí. Más al fondo, los esqueletos, de lo que fueron las antiguas casas, nos recuerdan las dimensiones poblacionales que aquí se dieron. 1500 personas en el mejor de sus momentos, justo antes de que se les obligara a abandonarlo.
 
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Una de las viviendas, situadas casi al lado de la muralla, por la cual vale la pena pasear. Venid conmigo. ¡Os la enseño!.

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En un pequeño patio, rodeado de plantas y árboles, este balcón permite a uno asomarse por debajo de la muralla y contemplar parte del pantano. A su vera, unas escaleras le permiten a uno subir sobre los muros que ponen en cinta al pueblo.

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El recorrido sobre los muros de la ciudad le permiten a uno encontrar rincones con tanto encanto como el que aquí os muestro. Rodeados de un poyete y una pequeña mesa que permiten al cansado visitante sentarse y descansar mientras enfrenta la parte final de su trayecto.

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Entre las ramas de los múltiples árboles, se dibuja la silueta de la iglesia de esta población. Abajo, en los diferentes parterres, se llevan a cabo labores de siempre y crianza de animales.

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En aquellos sitios que aún no se ha tenido la oportunidad de trabajar, o que tal vez las remodelaciones no estén planificadas, podemos disfrutar de distintas piezas artísticas distribuidas por el conjunto.

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Una fachada ya en ruinas. El bonito balcón de forja, con sus filigranas en forma de corazón, aguanta en pie contra las fuerzas de la gravedad, aun a sabiendas de que ya nadie se asomara a mirar por él.

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La plaza del pueblo. Dos enormes palmeras intentan ocultar lo que fue la casa consistorial. A la izquierda, la casa de las conchas, su nombre viene dado precisamente porque toda su fachada está cubierta de ellas. En otro de los laterales de la plaza, obtenemos acceso a la zona sin restaurar del pueblo y que bien vale un paseo por su calle de bajada.

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Un viejo motor en uno de los laterales de la plaza. La decadencia se plasma en las vetas de pintura que resisten en su cuerpo.

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Calle de bajada desde la plaza del pueblo. Esta nos llevará, en descenso directo, hasta una de las puertas de la muralla. Cerrada a cal y canto. Mientras paseo por ella, las ruinas de las antiguas casas me rodean. Ventanas con forjas en las cuales ya nadie se asoma a mirar quién pasa y puertas que nadie abre o cierra. No hay puerta ni nadie para hacerlo, y aun así, los sonidos de la gente y sus animales son vívidos para mí.

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Haciendo amistades.
🐷 

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¿Recordáis la iglesia que en la lejanía del muro pudimos ver?, pues el camino nos llevó hasta ella. Sus puertas se encuentran cerradas a cal y canto, pero su estructura es hermosa, incluso solamente vista desde su exterior. Se trata de la parroquial de la Asunción, datada del siglo XV, propiedad de la diócesis de Coria-Cáceres, incluso tras la expropiación del pueblo.

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Parte posterior de la iglesia. Unos suelos espectaculares la decoran, mientras las columnas y otros dos pequeños poyetes acompañan a la puerta que nos dejaría, también, entrar al templo.

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Mención también a las impresionantes escaleras que nos conducirían, si no fuera por una cadena que nos impide pasar, hasta la torre del campanario. Imponente, altiva y de gran belleza. Un lugar idóneo para concluir esta exploración en la cual dedique un día completo.

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Una campana junto a la entrada principal del pueblo sirve de testigo de que alguien va… o que alguien viene. Es encomiable la labor realizada en este pueblo deshabitado. Los esfuerzos para retornar la dignidad a sus construcciones, a sus antiguos habitantes, a sus propietarios que tuvieron que atestiguar con horror como les era arrebatado absolutamente todo. Y yo, que solo por un día, he sido paseante en este paraje, e intentando ponerme en la piel de estos, en sus vivencias y rutinas diarias, pienso para mí, ¿no estaría bien también revertir esas injustas y abusivas expropiaciones de cara a sus legítimos dueños, que tal vez quieran recuperar lo que les robaron a ellos o sus ascendientes?.

Pueblo abandonado de granadilla, extremadura, urbex
No soy yo quien para decir que o hacer o no, solamente soy un paseante, que como bien atestiguan estas macetas en forma de humano pie, intenta ponerse en las botas de los que, de aquí, tuvieron que irse corriendo bajo la inhumana mirada de un régimen y sus armas. Dicho queda.

miércoles, 28 de junio de 2023

Aquella aldea oculta junto al rio


 

 No sabría deciros a día de hoy si este espectacular paraje, que he tenido el placer de visitar en dos ocasiones, podría considerarse ya como deshabitado o abandonado. ¿Por qué?, sencillo, puesto que en el par de ocasiones que dirigí mis pasos por sus pequeñas calles, en todas ellas, di con señales de vida en sus casas. Sea de un modo, o sea del otro, esta pequeña aldea junto al río bien merece una entrada. ¿Empezamos?

Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
Apenas dos ramales articulan este pequeño pueblo, al cual se llega dando un delicioso paseo bordeando un río y el acantilado, que a medida que uno gana altura, se dibuja junto al camino. En mi primera visita, un lejano mes de diciembre prepandémico, el río rugía con furia desbordada y descendía con incontenida violencia por su cauce. Con mucha más apacibilidad íbamos a reencontrarnos unos años después, cuando cándido y cantarín, paseaba hacia su desembocadura.

Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
Un rebosante lavadero da la bienvenida al curioso excursionista, que corona la calle que desciende hasta los diferentes ramales de la villa. Estos se encuentran flanqueados por pequeñas viviendas, algunas totalmente derruidas, otras en buen estado de conservación, pues aún conservan propietarios. Sin embargo, en ambas visitas, ciertos detalles me hicieron concluir que no iba a estar solo en el lugar. ¿Que señales eran esas?

Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
En mi primera visita, en la segunda festividad de navidad, mi entrada al pueblo fue acompañada por el sonido ronco de un pequeño generador eléctrico que propiciaba energía a una de las viviendas. El aroma de la leña levitaba entre las paredes y las parras que decoraban el trazado urbano. Así que sin ánimo de molestar, y tal y como a mí me gusta, me acerque a la casa a saludar y avisar de mi presencia en el sitio. La vivienda estaba abierta y en su interior un matrimonio y supongo que su hijo compartían comida. Nos felicitamos las fiestas, aunque no sea yo fan de ellas, y proseguí mi deambular. Un poco más coartado en mis avances por el pueblo debido a ello. Ya sabéis, me gusta ir a mi aire.

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Mi segunda aproximación al lugar no fue muy diferente. No había motor en esta ocasión, pero sí el típico aroma a leña que ardía y calentaba una de las casas del paraje. El humo se escapaba de una de las chimeneas y dejaba bien claro cuál era la casa que se encontraba habitada en tal ocasión. Esta vez solo un pequeño gato se asomó con felina curiosidad al quicio de la puerta para recibirme. Seré sincero, no hice por saber si había gente o no. Así que una vez más, me limite a pasear por las pequeñas callejas hasta que empecé a descender hacia el río.
 
Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
A la derecha: Una desnuda hoja de parra se pasea por encima de la verdosa puerta de acceso a una de las casas. 
A la izquierda: Uno de tantos fotogénicos rincones que pululan por este paraje. 
 
Alcadima pueblo abandonado albacete urbex

Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
 
 El interior de una de las casas que se encuentran de camino al río. El suelo ha cedido completamente, al igual que una de las paredes que daban forma al edificio. Mientras tanto, en una imagen del año 2019, la corriente descendía estruendosa por su cauce. A pesar de ello, el lugar bien valía una sentada y aprovechar para dar un merecido mordisco a la comida de la jornada.

Alcadima pueblo abandonado albacete urbex
La silueta del pueblo se eleva altiva sobre el afluente, arropada por las montañas que ocultan este pequeño tesoro en la sierra. En mis dos visitas al pueblo, no tuve necesidad de imaginar como debió ser la vida en el sitio, por fortuna, pude tener ejemplos vividos y en directo de ello gracias a quienes en ese momento en ahí se encontraban. A pesar de que contaron con luz eléctrica y de una próspera agricultura, la aldea quedo vacía en un lejano año 1977. Pero… ¿Fue un impás y está recuperando tímidamente el pulso? Eso es lo que me esta pareciendo. Buenas noticias, ¿verdad?.

lunes, 26 de junio de 2023

Un pueblo entre rocas gigantes de granito.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila

 En mis años deambulando por deshabitados he visto pueblos en mejor y peor estado, más o menos llamativos, pero sin duda, este que nos ocupa en la entrada de hoy tiene un encanto fuera de toda duda. Tanto es así que entra en mis planes en un futuro próximo, volver a revisitarlo como realmente se merece. ¿Preparados para un pueblo rodeado por todos lados de gigantescas rocas de granito?

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Un angosto camino nos permite entrar en el pueblo, delimitado este por viviendas y muros que nos invitan a adentrarnos en su hipnótico trazado. Este paraje llegó a estar compuesto por una quincena de casas que albergaron, ya en su decadencia, a mitad del siglo pasado, a una escasa decena de habitantes, los cuales no contaron en ningún momento con energía eléctrica. Tampoco contaban con servicios de aguas, por lo que se surtían de una fuente próxima.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Dedicáronse los pobladores al cultivo, entre otros, de la patata, trigo, judías o garbanzos. En lo que a la ganadería se refiere, ovejas, cabras y vacas pululaban por el lugar. De estas últimas, sigo pudiendo dar fe de ello.
 
Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en AvilaLlegados los años 80, el vacío iba ya a hacerse patente e irreversible en la aldea. A partir de entonces, la degradación iba a hacerse dueña y señora del pueblo. Una verdadera pena, ya que se intuye que este sitio debía rebosar personalidad y encanto por todas partes. Esta calle de bajada, asediada por graníticos pedruscos, da fe de ello.
 
Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Sigo paseando por sus calles, que irremediablemente te empujan hacia abajo. Todavía pueden distinguirse numerosos restos de edificaciones, si bien, prácticamente todas han sucumbido al paso de las décadas. Aun así, me sorprende encontrar numerosos aros metálicos apoyados en las fachadas de algunas viviendas. Tengo dudas sobre si se tratan de llantas para carros o de cinchas para toneles.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila 
Tanto mi cámara como yo, nos asomamos con eterna curiosidad, al interior de una de las casas que encontramos. El acceso es imposible y tampoco muy necesario. Podemos darnos cuenta de que se trata del interior de un establo. Al fondo, los restos del pesebre del cual se alimentaban los animales. Las vigas sufren para mantener la rectitud, y entre tanto encorvamiento, amenazan con ceder y caer definitivamente.
 
Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Algo que aun a día de hoy tengo duda de lo que pudo ser. Desconozco si me encontraba ante el interior de una vivienda, la cual ya daba por perdida su tejado, o si, por el contrario, era un patio. La gran columna que se halla en el centro de la construcción me hacía decantar, no sin algún tipo de duda, que la primera opción era la correcta.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Ya abajo del todo, al fondo, di con lo que era la última casa del pueblo. Llamativamente protegido uno de sus laterales con tejas, elementos bastante comunes en las construcciones de la región. Ya casi todas se hallan en el suelo, sin embargo, otras tantas soportan, con dignidad, adheridas a la fachada. Si bien la casa no pueda parecer muy interesante, debo decir que fue una de las más fascinantes que me encontré.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Interior completamente inaccesible. Las plantas superiores han colapsado sin piedad contra el suelo y bloquean el acceso por la puerta principal. Y si por eso no fuera suficiente, una gigantesca viga, que debía atravesar los poyetes del nivel superior, se asegura de barrernos el paso. Ya podemos ver que contaba con una primera altura bastante apañada. Extremo que no abunda en este despoblado.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Un acercamiento a esa primera altura. La puerta, que permitía la salida del lugar, actúa ahora también como un improvisado soporte para alguna que otra viga que se asoma temerosa al abismo. Sin embargo, no di por saciada mi curiosidad por la vivienda hasta que me aproximé por la parte posterior. 

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Acceso imposible también, cierto, las pequeñas ventanas que se encontraban casi a ras del suelo contaban con unos, irónicamente, firmes barrotes. Estrechos para un ser humano de mi envergadura, (tampoco iba a intentar colarme, no nos flipemos, paseantes), pero lo suficientemente espaciosos para colar el objetivo de mi cámara dentro. ¡Mágico!.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Ladeando la inclinación de la cámara a la izquierda. Otra mágica, e inaccesible, postal interior aparece por sorpresa ante mis ojos. No podía sentirme más privilegiado por ser testigo de dicha estampa. ¿Quién vivía aquí dentro?, ¿qué vivencias ocurrieron?. Mi mente y mi imaginación no paraban de trabajar, visionando a sus moradores, deambulando en su interior, realizando sus agotadores quehaceres.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
Un sugerente pueblo deshabitado cuya visita y exploración es más que obligatoria si te gustan este tipo de aventuras. Tras culminar mi periplo y caminar durante horas, fascinado por sus casas rodeadas de enormes rocas de granito, opté por aprovechar y sentarme sobre uno de esos ciclópeos túmulos. El sol se hallaba oculto por una amable nube que refresco mi descanso y mi hora de comer. Ahora, tras repasar esa visita que hice en el año 2020, me confirmo en mi decisión de regresar.

Urbex en Casas de la Sierra, pueblo abandonado en Avila
… ¡Creo que ellas también me están esperando!
🐄