viernes, 30 de diciembre de 2022
¡¡Paseos por el vacio os desea feliz año nuevo 2023!!
Se termina un año y empieza otro nuevo, que espero este lleno de nuevos y emocionantes paseos. Queridos paseantes, os deseo un feliz año 2023,¡nos vemos al otro lado!
miércoles, 21 de diciembre de 2022
¡¡Paseos por el vacio os desea felices fiestas!!
lunes, 12 de diciembre de 2022
Lo que las aguas se llevaron (PARTE 2)
A unos pocos kilómetros de nuestra anterior exploración, la carretera nos conduce hasta otra de las tristemente abandonadas villas del lugar. Sobre estas líneas, disponéis del pequeño documento que grabe en sus calles hace unos años.
Además de los dos barrios, también podemos contar con tres calles vertebrando la población. Estas reciben el nombre de la calle baja, la calle media y la calle alta. Ajetreadas y sonoras debían ser estas vías, por las cuales, tanto los pobladores como sus animales iban y venían sin parar. Hoy, tan solo los curiosos como un servidor y el vuelo de las aves rompen un poco su monotonía.
Una vez hemos escalado hasta la cima del pueblo, desde el patio de su edificio eclesiástico, podemos otear las espectaculares vistas que se disponen desde ahí. Las ruinas del pueblo se tienden a nuestros pies, mientras que más allá de la carretera, podemos ver el pantano que propicio la agonía de este lugar.
Una vez aquí, ya no podemos ir ni más arriba ni más lejos. El campanario es inaccesible, ya que las tablas que conforman su suelo son de todo menos seguras. De las campanas ya no queda ni rastro y lo único que bate, es un viejo cartón que pende de una vieja viga. Aun así, las vistas permanecen. Son hermosas, no lo podemos negar, pero también tristes, por todo lo que conllevaron.
En la actualidad, los propietarios y sus descendientes siguen luchando para que la Confederación Hidrográfica del Ebro revierta la propiedad del lugar y así poder recuperar lo que era suyo por derecho. Sin embargo, esta continúa negándose de manera vergonzosa.
sábado, 3 de diciembre de 2022
Lo que las aguas se llevaron (PARTE 1)
Aproximarse
a este despoblado es una mezcla de fascinación, pero a la vez de
tristeza e impotencia. Un enorme mar de color turquesa rodea las tierras
que daban cobijo a su población hace ya décadas y el verdor abundante
del sitio le dan un extra de belleza sin igual.
Todo esto estaría muy bien si no fuera porque esto no es el mar, ni tan siquiera estoy en la costa, me encuentro en los Pirineos y este océano turquesa son las aguas de un embalse que arrastraron sin compasión el futuro y la vida de varias poblaciones. Esta es la primera, estas son sus calles, esta es su historia.

No poca gente vivió en este enorme pueblo, en total llegaron a la nada despreciable cifra de 1000 habitantes. Este sitio era completamente autosuficiente, contando con todos los servicios necesarios para subsistir y dedicado en gran manera a la agricultura. Sin embargo, la espada de Damocles pendía sobre él desde el año 1924, ya que había planeado el levantamiento de un pantano en ese mismo lugar. El estallido de la guerra civil congeló el proyecto en el tiempo, pero terminado el conflicto, este se reactivó hasta su ejecución final. El pueblo no quedó sumergido, pero si sus tierras de labranza, en las que sus animales se alimentaban. También sus viejas termas romanas, que obsequiaban con aguas sulfurosas para el tratamiento de dolencias, quedaron bajos las aguas, si bien estas reviven cada vez que el nivel baja lo suficiente. Todo lo demás fue cuestión de tiempo. Perder su medio de vida implico el paulatino abandono del pueblo, emigrando sus gentes a sitios donde pudieran tener un futuro y una vida digna. Terrible.
En su momento, yo solo me escuché a mí caminando y el trinar de los pájaros.
























