domingo, 25 de septiembre de 2022

¡¡Nacía la pasión!!

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
A pocos kilómetros de donde realice mi primera exploración, esperaba con ansias mi segundo pueblo del día. Una vez más mi llegada la hice a una población vecina donde amablemente me indicaron la mejor de las maneras para poder llegar hasta mi objetivo. Y de la mejor de las maneras... ¡Me perdí!

 Una vaca me miraba con cara desconfiada, empezaba ¡LA LEYENDA DE LAS VACAS!


Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Tras caminar un rato no muy largo, finalmente la única calle de este despoblado aparecía frente a mí. La calzada estaba formada por gigantescas rocas de granito, lo que dificultaba, hasta la casi imposibilidad, el tránsito de vehículos.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Ante mí se continuaba abriendo paso un nuevo mundo de sensaciones. Esta pequeña cuadra, frente a mí, era de las escasas estructuras a las que pude acceder.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
En su interior se podían apreciar diferentes utensilios que se utilizaban para los quehaceres diarios y que quedaron ahí, indefinidamente, congelados en el tiempo.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Las construcciones realizadas en granito soportan con entereza el trascurrir de los años y el clima.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Fantásticas marcas en el dintel de la entrada a este lugar.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Sin embargo, no todas soportan bien el desgaste y el interior de lo que fue este sitio se encuentra completamente derruido y en el suelo.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Un magnífico patio emplea estos robustos troncos a modo de vigas para sujetar un techo que ya muestra señales de cansancio. Al fondo, un carro espera ser tirado por un animal que ya no llegara jamás. A su vera, los comederos vacíos, señal de que hubo mejores tiempos en este lugar.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.
Mi camino de llegada ya me lo había hecho sospechar, y una vez en el sitio, lo confirmé. La ausencia de vías transitables de comunicación con las poblaciones vecinas, así como la carencia de energía eléctrica y agua potable, fueron losas muy pesadas para la población de este fotogénico rincón. En el año 1981 la última de sus casas se cerraba para siempre. No era el principio del fin, eso ya fue hace tiempo, pero sí que fue el punto de inflexión para este sitio, que aun así... olvidado, todavía no quedo.

Urbex en el pueblo abandonado de El Bardal, Avila.

 Mi regreso al coche quedo marcado con este sitio en mis pensamientos. Una vez llegué hasta él y arranque, la vía me llevaba de vueltas a la carretera principal. Pero hete aquí, que las sorpresas no habían finalizado. Un grupo de señoras de dicha población me despedían, entre ellas, la que me indicó la forma de llegar a mi objetivo. En ese grupo todavía encontré una de las antiguas residentes del lugar visitado, la cual me narró como conoció a su marido y se mudó hasta este otro lugar. Una maravilla poder dar con una pequeña y bonita historia entre tanta desolación. Tras despedirnos volví a la carretera, con una sensación de alegría y otra de autoafirmación. ¡Necesitaba visitar y conocer más sitios como este!

lunes, 5 de septiembre de 2022

Mi primer deshabitado, choque de sensaciones

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Y es que, realmente, mi primera exploración en un pueblo deshabitado la realice en este de aquí. Era un hoy ya lejano 2016, cuando la carretera me llevo a empezar mi primera ruta de deshabitados. El coche se quedó aparcado en otro pequeño núcleo vecino, desde el cual solo debería caminar algo menos de un kilómetro para llegar hasta aquí, en el cual la recepción de los pocos vecinos fue excepcional ante aquel desconocido que venía "de visita".


Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
La sensación a mi llegada aquí, fue tan intensa y especial que no se volvería a repetir, a pesar de que muchas veces he intentado intrínsecamente revivirla. Llegar a un sitio por primera vez donde antes vivía gente, pero que en la actualidad solo habita el vacío, me impacto, con esas casas, esas calles carentes de vida humana y siendo yo, momentáneamente, su único transeúnte.
Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
Ventanas cerradas a cal y canto.
Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
Algo más de una decena de casas son las encargadas de dar forma a este pueblo, el cual quedaría vacío definitivamente allá por los años 80.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
A pesar del clima seco del lugar y de la utilización, en mayor modo del granito, para construir las edificaciones, el tiempo y el clima pasan factura y muchas de las construcciones terminan rindiéndose.
Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
A través de una rendija indiscreta, puedo otear el interior de este patio en el cual debían resguardar a los animales.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
Mi primera incursión al interior de una de estas viviendas. Me sorprendió la utilización de troncos a modo de vigas. No fui muy intrépido, tampoco hacía falta. Hoy soy más consciente que hace años. A pesar del paso de las décadas, resiste con dignidad el tiempo.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.
Puertas al campo

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

Urbex en el pueblo abandonado de La Solanilla, Avila.

 Un terremoto de sensaciones en esta la que fue mi primera exploración rural en solitario. A mi regreso al coche, en el pueblo de al lado, mi entrevista con el vecino que me recibió anteriormente me impacto, ya que no sería la primera vez que oiría el argumento de "la administración está dejando morir los pueblos". Una verdad como un puño, la ausencia de inversión y el desinterés de la juventud en residir en ellos es, sin duda, una sentencia mortal para muchos lugares con pocos habitantes a día de hoy. No olvido este pueblo, y no olvido a ese vecino. 

domingo, 4 de septiembre de 2022

Donde todo empezó


Muchas veces me preguntan de donde viene mi afición por los deshabitados, por los despoblados o por las ruinas, y mi respuesta es muy sencilla. De este, del deshabitado por excelencia en España.



Estas calles, que ahora guardan silencio ante nuestros pasos, fueron, sin embargo, las tristes testigos de una de las matanzas más sangrientas en la historia de la guerra civil española. 


En apenas 14 días, hasta 5000 personas perdieron la vida aquí. Fue un periodo cruento, salvaje, terrible e inexcusable. El silencio reinante en esta vía contrasta, con los ecos de antaño de la vida cotidiana de la gente, así como los últimos estallidos y explosiones que ocultaron este sitio en una nube eterna de polvo, sangre y muerte.


A veces uno siente como puede ser observado desde las ventanas de las estructuras que aún resisten en pie. La curiosidad me invadía y me preguntaba sobre la suerte de los moradores de dicha vivienda. ¿Que debió ser de ellos?


Una amplia calle, antes delimitada con viviendas, nos dirige hasta la iglesia de este lugar. Severamente maltrecha por el paso del tiempo y del conflicto bélico, despunta y reina en este enclave congelado en el tiempo y  el espacio.




Miro desde abajo y veo el cielo al revés. Donde antes debía haber un suelo, un techo, gente, muebles y vida, ahora solo existe el vacío mas absoluto. Por contra, ante tanta decadencia, los cielos pretenden embellecer este pequeño y diminuto punto.

Mas de 3800 almas convivían en esta población, prospera y llena de servicios. Una vez finalizada la contienda en el país, se decide dejar el pueblo sin reconstruir, como "ejemplo" de lo que fue la guerra civil. La reconstrucción de la población, por tanto, se llevaría a cabo a escasos metros de la original, levantando desde cero, una nueva población.

 

 

"Pueblo viejo de Belchite, 

ya no te rondan zagales, 

ya no se oirán las jotas 

que cantaban nuestros padres". NB

La tristeza de aquellos que vivieron aquí se resume perfectamente en estas líneas


Una vez atravesamos las puertas del templo, en su interior, nos rodea un inquietante silencio. Proviene del pasado y del terrible y dramático mensaje que recibe al visitante, una vez ha atravesado la puerta principal de la eclesial.

 
Las innumerables cicatrices que la guerra provocó, son fácilmente observables en las paredes, tanto de este edificio como de cualquier otro. Pequeños boquetes provocados por los proyectiles y explosiones marcaron las fachadas y los interiores de lo que antes fue este sitio.
 





Un proyectil de la guerra civil aún espera su ocasión para explotar, empotrado en la torre. Quiero creer, en mi inocencia de aquel momento, y un poco en la actual, que dicha bomba ya fue desactivada en su momento.

La tan ansiada reconstrucción jamás llego aquí, el bando ganador decidió que dejar este pueblo como señal y recuerdo de la barbarie era mejor. Así que junto a él, se optó por construir un núcleo nuevo.



A pesar de que esta visita debía realizarse junto a guías, no fue óbice para que un pequeño fuego empezara a encenderse en mi interior, el fuego de la exploración, del urbex y de conocer antiguos sitios nuevos, donde la historia se detuvo décadas atrás, pero seguían sufriendo el devenir de los tiempos. Acompañadme, descubramos más sitios juntos.