A pocos kilómetros de donde realice mi primera exploración, esperaba con ansias mi segundo pueblo del día. Una vez más mi llegada la hice a una población vecina donde amablemente me indicaron la mejor de las maneras para poder llegar hasta mi objetivo. Y de la mejor de las maneras... ¡Me perdí!
Una vaca me miraba con cara desconfiada, empezaba ¡LA LEYENDA DE LAS VACAS!
Tras caminar un rato no muy largo, finalmente la única calle de este despoblado aparecía frente a mí. La calzada estaba formada por gigantescas rocas de granito, lo que dificultaba, hasta la casi imposibilidad, el tránsito de vehículos.
Ante mí se continuaba abriendo paso un nuevo mundo de sensaciones. Esta pequeña cuadra, frente a mí, era de las escasas estructuras a las que pude acceder.
En su interior se podían apreciar diferentes utensilios que se utilizaban para los quehaceres diarios y que quedaron ahí, indefinidamente, congelados en el tiempo.
Las construcciones realizadas en granito soportan con entereza el trascurrir de los años y el clima.
Fantásticas marcas en el dintel de la entrada a este lugar.
Sin embargo, no todas soportan bien el desgaste y el interior de lo que fue este sitio se encuentra completamente derruido y en el suelo.
Un magnífico patio emplea estos robustos troncos a modo de vigas para sujetar un techo que ya muestra señales de cansancio. Al fondo, un carro espera ser tirado por un animal que ya no llegara jamás. A su vera, los comederos vacíos, señal de que hubo mejores tiempos en este lugar.
Mi camino de llegada ya me lo había hecho sospechar, y una vez en el sitio, lo confirmé. La ausencia de vías transitables de comunicación con las poblaciones vecinas, así como la carencia de energía eléctrica y agua potable, fueron losas muy pesadas para la población de este fotogénico rincón. En el año 1981 la última de sus casas se cerraba para siempre. No era el principio del fin, eso ya fue hace tiempo, pero sí que fue el punto de inflexión para este sitio, que aun así... olvidado, todavía no quedo.
Mi regreso al coche quedo marcado con este sitio en mis pensamientos. Una vez llegué hasta él y arranque, la vía me llevaba de vueltas a la carretera principal. Pero hete aquí, que las sorpresas no habían finalizado. Un grupo de señoras de dicha población me despedían, entre ellas, la que me indicó la forma de llegar a mi objetivo. En ese grupo todavía encontré una de las antiguas residentes del lugar visitado, la cual me narró como conoció a su marido y se mudó hasta este otro lugar. Una maravilla poder dar con una pequeña y bonita historia entre tanta desolación. Tras despedirnos volví a la carretera, con una sensación de alegría y otra de autoafirmación. ¡Necesitaba visitar y conocer más sitios como este!


