Muchas veces me preguntan de donde viene mi afición por los deshabitados, por los despoblados o por las ruinas, y mi respuesta es muy sencilla. De este, del deshabitado por excelencia en España.
Estas calles, que ahora guardan silencio ante nuestros pasos, fueron, sin embargo, las tristes testigos de una de las matanzas más sangrientas en la historia de la guerra civil española.
En apenas 14 días, hasta 5000 personas perdieron la vida aquí. Fue un periodo cruento, salvaje, terrible e inexcusable. El silencio reinante en esta vía contrasta, con los ecos de antaño de la vida cotidiana de la gente, así como los últimos estallidos y explosiones que ocultaron este sitio en una nube eterna de polvo, sangre y muerte.
A veces uno siente como puede ser observado desde las ventanas de las estructuras que aún resisten en pie. La curiosidad me invadía y me preguntaba sobre la suerte de los moradores de dicha vivienda. ¿Que debió ser de ellos?
Una amplia calle, antes delimitada con viviendas, nos dirige hasta la iglesia de este lugar. Severamente maltrecha por el paso del tiempo y del conflicto bélico, despunta y reina en este enclave congelado en el tiempo y el espacio.
Miro desde abajo y veo el cielo al revés. Donde antes debía haber un suelo, un techo, gente, muebles y vida, ahora solo existe el vacío mas absoluto. Por contra, ante tanta decadencia, los cielos pretenden embellecer este pequeño y diminuto punto.
Mas de 3800 almas convivían en esta población, prospera y llena de servicios. Una vez finalizada la contienda en el país, se decide dejar el pueblo sin reconstruir, como "ejemplo" de lo que fue la guerra civil. La reconstrucción de la población, por tanto, se llevaría a cabo a escasos metros de la original, levantando desde cero, una nueva población.
"Pueblo viejo de Belchite,ya no te rondan zagales,
ya no se oirán las jotas
que cantaban nuestros padres". NB
La tristeza de aquellos que vivieron aquí se resume perfectamente en estas líneas.
Una vez atravesamos las puertas del templo, en su interior, nos rodea un inquietante silencio. Proviene del pasado y del terrible y dramático mensaje que recibe al visitante, una vez ha atravesado la puerta principal de la eclesial.
Las innumerables cicatrices que la guerra provocó, son fácilmente observables en las paredes, tanto de este edificio como de cualquier otro. Pequeños boquetes provocados por los proyectiles y explosiones marcaron las fachadas y los interiores de lo que antes fue este sitio.
Un proyectil de la guerra civil aún espera su ocasión para explotar, empotrado en la torre. Quiero creer, en mi inocencia de aquel momento, y un poco en la actual, que dicha bomba ya fue desactivada en su momento.
La tan ansiada reconstrucción jamás llego aquí, el bando ganador decidió que dejar este pueblo como señal y recuerdo de la barbarie era mejor. Así que junto a él, se optó por construir un núcleo nuevo.
A pesar de que esta visita debía realizarse junto a guías, no fue óbice para que un pequeño fuego empezara a encenderse en mi interior, el fuego de la exploración, del urbex y de conocer antiguos sitios nuevos, donde la historia se detuvo décadas atrás, pero seguían sufriendo el devenir de los tiempos. Acompañadme, descubramos más sitios juntos.
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