¡Desde Paseos por el Vacío, es un placer, desearos un feliz año nuevo 2024, lleno de alegrías, aventuras y deseando que todos vuestros proyectos y deseos se hagan realidad! ¡Nos vemos el próximo año con más turroneo!
En el fondo de un barranco se encuentran los restos ABANDONADOS de un
viejo POLVORÍN. Vacío de presencia militar desde hace años, iniciamos la
incursión en su interior para desvelar sus secretos y su historia. ¿Qué
nos encontraremos dentro? ¡La respuesta te sorprenderá! 🤯
Si algo llama poderosamente la atención en este lugar, son sin duda alguna las garitas que otean los caminos de entrada y salida a este polvorín. De forma cilíndrica y con unas llamativas almenas en su zona superior. Un detalle que ya va dando una pista de como será la arquitectura en este lugar tan surrealista.
Entrada a uno de los polvorines, justo frente a la misma, la puerta que daría acceso al depósito de armas. Este, en concreto, es el único que no se adentra en la montaña, ya que toda su superficie está a la vista. Su suelo, cubierto de paja, y el exterior con un bebedero grande, ya nos indica que en este lugar, en vez de soldados, los que ahora se encuentran son animales.
Interior de la sala, totalmente diáfana y desvestida de ningún tipo de mueble que nos diera a entender que aquí se acumulaban armas. El origen de este polvorín viene de un ya lejano año 1905, donde empezó a diseñarse su construcción.
El barracón de los soldados, ya nos damos cuenta de que la arquitectura del lugar es poco ortodoxa, con todas esas almenas, barandillas de piedra, etc. Está claro que querían hacer algo distinto y sin lugar a dudas que lo consiguieron.
En 1910 se iniciaron los trabajos de construcción del polvorín, las cuales serían culminadas el año 1920. Sin embargo, al año de empezar las obras, ya se almacenaban municiones en sus instalaciones. No sería hasta casi llegados a la década de los 70 que se instalarían aquí líneas telefónicas y eléctricas, lo cual facilito grandemente la vida a quienes prestaban su servicio en este emplazamiento.
El mismo edificio desde un punto de vista diferente, que se consigue desde la terraza situada en el lugar.
Una vez hemos descendido del edificio, siguiendo hacia poniente, damos con dos pequeñas instalaciones. La primera de ellas es la cantina de los soldados, con una pequeña barra a la derecha y una chimenea para entrar en calor durante los fríos inviernos. La estructura de la derecha se trata de una cochera, en la cual, como su nombre indica, se debía estacionar un vehículo, posiblemente de algún mando.
Segundo polvorín de los 3 que conforman la instalación. Este sí que ya se encuentra construido bajo la montaña y viene con una nueva garita que lo custodia.
Al fondo de la imagen podemos observar de donde venimos, mientras que en primer plano aparece la fantasiosa garita con forma de torre. ¡La de guardias que habrá mantenido este sitio! En el año 1997 esta base fue entregada al ejército del aire. Sin embargo, un año después está seria abandonada.
El ejército pondría en subasta los terrenos unos años después. El ganador de dicha subasta planeaba convertir dicho lugar en un establecimiento de turismo rural. Sin embargo, al encontrarse estas en una zona de especial protección, impidieron la consecución del proyecto.
Y así, hasta el día de hoy, más de dos décadas han transcurrido y la decadencia se ha apoderado del sitio. Sus únicos habitantes, posiblemente, sean los mejores que pueda haber, ponis y cabras.
Diversos artilugios reposan en el interior de este segundo polvorín que visitamos. Sin embargo, ya podemos darnos cuenta de que se encuentran desvencijados y sucios. Poco aprovechables. Probablemente debido a todo el tiempo transcurrido sin que hayan sido usados.
La tercera garita, que otea todo lo que sucede desde el bosque exterior hasta la puerta de acceso al tercer polvorín, clónico de los otros dos, por lo que podemos ahorrarnos las imágenes, ya que no dispone de nada especial en su interior. Es cuanto menos llamativo la cantidad de instalaciones militares se encuentran abandonadas. Si seguís al blog o al canal de YouTube, podréis ser testigos de una cantidad importante de estos.
En mi retirada del lugar doy con una puerta de coche, probablemente la de un 600, la cual fue en su momento blanco en alguna prueba de tiro. Ya podemos ver el impacto de un proyectil en su superficie, así como la decadente patina de pintura que lo recubre. Un buen resumen de un buen sitio.
En ocasiones sucede que llegas a un pueblo con ciertas expectativas, y cuando ya estás ahí, la realidad las rebaja muy abajo. Este podría ser uno de esos casos, ya que al plantarme en este núcleo despoblado, lo único que encontré fueron ruinas por todas partes, imposibles de explorar. Sin embargo, cada lugar es un mundo y su sorpresa sorprendente aguardaba ahí a plena vista. ¡Exploremos!
El estrecho margen del camino me transportó hasta lo que fue la iglesia del pueblo, acompañada esta por los restos cadavéricos de su abadía, que yacía desplomada en el suelo. Frente a esta, un pequeño cementerio con vistas al valle y un poco más abajo, un conjunto de un par de edificios también totalmente derrumbados. Grosso modo, esta sería una descripción correcta del lugar.
Entrando en la iglesia. Los cascotes que formaban su cubierta yacen vencidos por el tiempo sobre el suelo. Esta forma pequeños montículos en los cuales la vegetación se ha hecho fuerte e impide el acceso a este explorador del pasado. De frente el altar mayor, también destruido por el tiempo y la climatología. Mientras que a mano derecha, encontramos una de las pequeñas capillas que aún persisten y la escalera que nos permitiría acceder a la torre del campanario.
Al igual que el exterior, el interior de esta estructura se encuentra terriblemente maltrecha. Si sus muros de piedra no me dan ningún tipo de confianza, imaginaos la que deben darme los escalones de madera que nos llevan arriba. Puedo imaginarlos bien podridos e incapaces de soportar mi peso. No me arriesgaré.
A la derecha de las escaleras observamos una estancia, peligrosamente atravesada por una inclemente grieta que de arriba a abajo debilita insultantemente la estructura del edificio, que amenaza un derrumbe más que inminente. Poco queda de las cerca de 9 casas que formaban este pequeño pueblo, mucho menos aún de los aproximadamente 33 habitantes que Pascual Madoz recolecto en su diccionario, tan socorrido para mí a la hora de documentarme acerca de estos sitios. Ese día de exploración fue duro para mí, así que una retirada honrosa al hotel y a descansar era algo obligado.
Tranquilo y agradable día amaneció para este paseante, que llevaba ya tiempo con la idea en mente de adentrarse en el interior de este llamativo edificio, el cual, años atrás, era emblema del lujo en este país. Hoy, tristemente, esa palabra no lo definiría, e incluso diría que le quedaría excesivamente grande.
Una vez decidido a entrar en materia, empiezo rodeando la estructura exterior de este tranquilo rincón campestre, cuya paz se rompe únicamente por el sonido de los vehículos que transitan la cercana carretera que serpentea por sus inmediaciones. Un gran edificio de dos pisos de altura, (hay otro igual), nos recibe, rodeado y engullido por diferentes tipos de vegetación y árboles, como unos gigantescos cipreses. Más a la izquierda, el arco de entrada está rematado con tres oquedades en las cuales adivino debían ir algún tipo de lámpara para dar señal nocturna de donde estaba el acceso.
El patio al que dicho arco nos da acceso es grande con convicción. Hoy la gran cantidad de vegetación hace difícil el trasiego por su suelo, pero antaño debió guardar diferentes pistas para practicar deportes, a la par que diferentes pérgolas engalanarían el sitio de flora agradable a la vista y al olfato. Sin duda debio ser un paraíso en su momento de mayor esplendor.
Al fondo del antes mentado patio encontramos las ruinas del segundo edificio que conformaba este balneario. Y si bien a primera vista su estado es calamitoso, es el que en “mejor” estado se halla. Las instalaciones se construyeron aprovechando unas antiguas termas romanas y fueron inauguradas en el año 1920. El lujo del sitio ya indicaba que estaba destinado a gente pudiente.
Entre los numerosos lujos que podían encontrarse en el balneario se encontraban: línea telefónica, un pararrayos en cada uno de los edificios, una gran pista de baile, restaurante... etc. De sus aguas ferruginosas decían que trataban con efectividad, artritis, histerismo y neurastenias. Normal si tenemos en cuenta que eran aguas claras, diáfanas, inodoras, desprende burbujas gaseosas y tiene una temperatura de 24ºc.
La temporada en las instalaciones se iniciaba ya llegado el verano, concretamente a primeros del mes de julio, extendiéndose esta hasta finales del mes de septiembre, concretamente hasta el 30. Los servicios que uno podía recibir aquí iban desde las 2'50 pesetas (unos 0'02€) hasta los 6 pesetas (0'04€). Las habitaciones eran individuales y no incluían pensión
Uno de los pintorescos rincones de estas instalaciones, ya derruida. Nadie diría a día de hoy que este fue un rincón de auténtico lujo en su época.
Pero no todo dura para siempre, y llegados ya los años 60, el balneario que antaño era marco de lujos y boatos cerro definitivamente sus puertas. Posiblemente, la España de posguerra no estaba precisa de esos servicios. Aun así, su historia no acabaría ahí, ya que allá a los finales de esa década, se utilizaron sus instalaciones como plato cinematográfico, al rodar en su interior algunas escenas de la película de Carlos Saura "Pipermint Frappe", con nada más y nada menos que el fantástico Jose Luis López Vásquez y la siempre cautivadora Geraldine Chaplin.
Traspaso el marco de la puerta que deja delante mi un pasillo en forma de cruz. Quiero imaginar que en algún punto de este sitio, había unas escaleras que servían para ascender a las plantas superiores. Dentro podemos ver las distintas habitaciones individuales, no muy grandes en tamaño. Al fondo del todo, una puerta nos permitía salir al exterior para respirar el puro aire del enclave.
En el cruce de pasillos, mirando a la izquierda, podemos ver tanto la planta baja como el primer piso, había un total de 6 estancias por altura, lo cual indica que en total tendrían unas 24 en total, si contamos con el otro edificio.
Transitando por la parte derecha del pasillo, las paredes han cedido al paso de los años y tanto ellas como los suelos han colapsado, dejando únicamente una fachada que observa con temor como las plantas avanzan hacia ella para conquistarla. ¿Será el fin de este lugar?
Con estas cosas uno nunca puede decir “NUNCA”. Hace años la familia de un conocido golfista patrio adquirió estas instalaciones con el objetivo de volverles a dar el uso para el cual fueron ideadas originalmente. Sin embargo, el alto coste de la reconstrucción del sitio hizo que quedara todo en agua de borrajas. Nada se hizo, pero es una lástima que, una vez más, otro bonito paraje con encanto se va perdiendo y desapareciendo. Aunque yo siempre le daré la razón a la naturaleza, ella estaba primero.