Aproximarse
a este despoblado es una mezcla de fascinación, pero a la vez de
tristeza e impotencia. Un enorme mar de color turquesa rodea las tierras
que daban cobijo a su población hace ya décadas y el verdor abundante
del sitio le dan un extra de belleza sin igual.
Todo esto estaría muy bien si no fuera porque esto no es el mar, ni tan siquiera estoy en la costa, me encuentro en los Pirineos y este océano turquesa son las aguas de un embalse que arrastraron sin compasión el futuro y la vida de varias poblaciones. Esta es la primera, estas son sus calles, esta es su historia.
Entro con sumo interés y respeto en sus silenciosas calles. La vegetación, a falta de vida humana o animal que antaño alborotaban el pueblo, ha ido conquistando sin piedad el trazado urbano plantando una alfombra verdosa a mis pies. También el interior de las casas delata el transcurrir de las décadas, ya que prácticamente todas han cedido al tiempo y las siempre presentes vegetaciones se han apoderado de ellos.
No poca gente vivió en este enorme pueblo, en total llegaron a la nada despreciable cifra de 1000 habitantes. Este sitio era completamente autosuficiente, contando con todos los servicios necesarios para subsistir y dedicado en gran manera a la agricultura. Sin embargo, la espada de Damocles pendía sobre él desde el año 1924, ya que había planeado el levantamiento de un pantano en ese mismo lugar. El estallido de la guerra civil congeló el proyecto en el tiempo, pero terminado el conflicto, este se reactivó hasta su ejecución final. El pueblo no quedó sumergido, pero si sus tierras de labranza, en las que sus animales se alimentaban. También sus viejas termas romanas, que obsequiaban con aguas sulfurosas para el tratamiento de dolencias, quedaron bajos las aguas, si bien estas reviven cada vez que el nivel baja lo suficiente. Todo lo demás fue cuestión de tiempo. Perder su medio de vida implico el paulatino abandono del pueblo, emigrando sus gentes a sitios donde pudieran tener un futuro y una vida digna. Terrible.
Sobre estas líneas, destaca uno de los edificios más modernos y altos que se pueden hallar aquí. Este cuenta con planta baja y dos alturas extras. Sobre este segundo piso, unas buhardillas coronan el edificio. Sin embargo, el estado interior es tan ruinoso que a duras penas se puede llegar al rellano que se encuentra antes de la primera planta, ya que casi todo el interior ha colapsado y los techos se encuentran peligrosamente inclinados y listos para caer.
Un pequeño rincón casi oculto entre la iglesia del pueblo y los bloques de edificios. Doy con una hermosa construcción que contiene delicados detalles rodeando tanto los dinteles de sus puertas como ventanas. Tristemente, el interior, como en el 95% de todo aquí, es impenetrable. Uno no puede más que sentir melancolía e intentar intuir a quien con gran esfuerzo creó este lienzo pétreo que lentamente se descompone. En poco tiempo, solo el recuerdo, cada vez más efímero, y las imágenes serán lo único que perduren de ello.
Una vez hemos superado la parte más densa del pueblo, los pasos me conducen hasta la mismísima plaza mayor del lugar. Rodeando a esta, una serie de edificios ruinosos, pero entre los cuales, reina con alteza la torre de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. En lo alto de esta destaca un pararrayos que protege férreamente a la impresionante veleta con cruz que en lo alto de la torre se sitúa.
Si desde esta distancia impresiona, una vez llegamos a sus aledaños, la abrumadora entrada e interior nos eleva al éxtasis con sus deliciosos arcos, recibiéndonos e invitándonos a entrar al templo eclesial. Dicho acceso se realiza por un no menos fantástico portón.
Tristemente, los fabulosos domos que coronaban este edificio cedieron a la inmisericorde gravedad y la degradación hace ya algunos lustros. De estas increíbles estructuras ya solamente podemos alcanzar a ver los ojos que dejaron en el techo. Los arcos que sustentan los restos del cielo del edificio se encuentran en un estado lamentable y tampoco tardaron mucho más en caer.
El fabuloso altar mayor se alza majestuoso ante este pequeño ser que lo observa maravillado. Sus portentosos frescos aún conservan con orgullo tanto sus formas como gran parte de la intensidad de sus colores. Falsas columnas comulgan junto con cortinas de piedra, las cuales se encuentran rindiendo pleitesía ante el ojo que todo lo ve, el ojo de dios, que destaca sobremanera por encima de todo el conjunto. Lamentablemente, toda esta magnificencia se ve empañada no solo por la degradación estructural, sino también por las estúpidas pintadas con spray que a nadie interesan ni gustan.
Finalmente, mi paseo llega a otro de los puntos de sumo interés de este pueblo. La puerta del duende, o de la bruja, este era el punto de entrada principal a este núcleo. Dicho portal forma parte de la antigua muralla que rodeaba este sitio, de la cual casi nada queda. Recibe este nombre porque cuenta la leyenda, que en las casas que la rodean se podían escuchar ruidos estremecedores de criaturas de otros mundos y dimensiones. En su momento, yo solo me escuché a mí caminando y el trinar de los pájaros.
En la actualidad y tras años de luchas incesantes, los aún actuales propietarios y sus descendientes pelean contra la administración para que las expropiaciones sean revertidas y de este modo, no solo poder acceder de regreso a sus casas, sino también dar a este pueblo lo que siempre mereció,
FUTURO Y DIGNIDAD.
No solo deshabitado sufrió la embestida del agua, junto a él otros dos núcleos más fueron vilmente profanados (ENTRE OTROS) por el despreciable gobierno de entonces. No marchéis muy lejos, porque las próximas entradas estarán dedicadas a estos hermosos e interesantes pueblos.
Hasta aquí llego mi deambular por este interesante y grandioso pueblo. Prósperas tierras lo rodeaban, el futuro aquí era brillante y esperanzador, sin embargo, una vez más, el egoísmo y la estupidez del ser humano hundió en la miseria a la gente y su vida. Mucha suerte.
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