lunes, 12 de diciembre de 2022

Lo que las aguas se llevaron (PARTE 2)

 

 A unos pocos kilómetros de nuestra anterior exploración, la carretera nos conduce hasta otra de las tristemente abandonadas villas del lugar. Sobre estas líneas, disponéis del pequeño documento que grabe en sus calles hace unos años.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
Gran tamaño el de este sitio, el cual se encarama sobre la pequeña colina que lo acoge como una enredadera al tronco de un árbol. En el cenit, la imponente iglesia, que más tarde visitaremos, se hace notar desde la distancia.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
La construcción del pantano que engulló sus tierras de cultivo y pastoreo, precipitó el decrepitar del pueblo, sembrando sus calles de esqueletos metafóricos en forma de edificios. Lentamente, el sitio fue vaciándose, hasta que en una lejana década de los 50 quedo CASI despoblado.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
250 personas llegaron a vivir aquí. De entre todos esos habitantes, a día de hoy, tan solo uno de ellos permanece en el pueblo. Lo pude comprobar en el año 2017 cuando realicé mi exploración, al poder oír los sonidos de su transistor escapar entre los muros y puertas de su vivienda. Y en el año 2022, tras mi segunda incursión en el lugar, ahí seguía, estoico y resistente. ¡BRAVO!
 
Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
El núcleo se encuentra separado en un total de dos barrios. El primero de ellos recibe el nombre del barrio bajo, el cual, como bien habréis deducido, se encuentra en la parte de abajo del pueblo y es el que nos recibe. Tras un pequeño giro, llegamos al barrio alto, el cual asciende hasta llegar a la puerta de la eclesial.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.

Además de los dos barrios, también podemos contar con tres calles vertebrando la población. Estas reciben el nombre de la calle baja, la calle media y la calle alta. Ajetreadas y sonoras debían ser estas vías, por las cuales, tanto los pobladores como sus animales iban y venían sin parar. Hoy, tan solo los curiosos como un servidor y el vuelo de las aves rompen un poco su monotonía.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
No faltaban servicios en el pueblo. Como podemos ver en esta imagen, contaban incluso con energía eléctrica, como delatan los postes que sobresalen de la fachada de una de las casas.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.

Una vez hemos escalado hasta la cima del pueblo, desde el patio de su edificio eclesiástico, podemos otear las espectaculares vistas que se disponen desde ahí. Las ruinas del pueblo se tienden a nuestros pies, mientras que más allá de la carretera, podemos ver el pantano que propicio la agonía de este lugar.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
La hermosa puerta de acceso a la iglesia parroquial de San Miguel. Sobre la piedra angular del arco de entrada, podemos deleitarnos con una bonita cruz grabada sobre esta. Una vez la hemos traspasado, el espectacular patio con mirador y la entrada a la iglesia nos aguardan.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.
Resulta sorprendente que visto el estado en él se encuentran la mayoría de edificaciones, este edificio aguante el tipo con tanto orgullo. Es una alegría poder entrar y disfrutar de su espectacular altar o sus capillas laterales. No tanto del coro, que yace en el suelo derrotado por el transcurso del tiempo.

Urbex en el pueblo abandonado de Esco, Zaragoza.

Una vez aquí, ya no podemos ir ni más arriba ni más lejos. El campanario es inaccesible, ya que las tablas que conforman su suelo son de todo menos seguras. De las campanas ya no queda ni rastro y lo único que bate, es un viejo cartón que pende de una vieja viga. Aun así, las vistas permanecen. Son hermosas, no lo podemos negar, pero también tristes, por todo lo que conllevaron.

En la actualidad, los propietarios y sus descendientes siguen luchando para que la Confederación Hidrográfica del Ebro revierta la propiedad del lugar y así poder recuperar lo que era suyo por derecho. Sin embargo, esta continúa negándose de manera vergonzosa.

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