No he tenido llegada más espectacular a un lugar “abandonado”, como a este inmenso e interminable pueblo, rodeado de murallas y cuyo espectacular castillo te recibe altivo, ya dando unas pistas valiosas sobre lo que uno puedo encontrar en su interior. Descubrid conmigo esta joya que resurge de su abandono.
Para comprender este abandono, primero uno debe comprender donde se sitúa y que le rodea. Una vez se da el primer vistazo al sitio, uno entiende lo que sucedió aquí. Y es que nos volvemos a encontrar con la sempiterna moda de los embalses de agua postguerra civil española, que como no, estaban siempre por encima de la vida y la dignidad de los habitantes que ahí residían, sus propiedades, sus casas, sus animales, etc. Se ordenó su construcción en el año 1955, iniciándose la expropiación de todo el término.
Era el año 1960 el gobierno dio por pagadas las, casi humorísticas, expropiaciones, dando entonces estos, ocupación del término por parte del estado, y que, por tanto, ya no se podía ejecutar ningún tipo de reclamación al respecto. Iniciose entonces, el éxodo masivo de los no pocos más de millar y medio de habitantes que vivían en este próspero rincón, hasta que ya siendo el año 1965 quedaría el pueblo completamente deshabitado. Sería entonces, cuando el gobierno fascista del país, daría por disuelto el término municipal y las aguas empezarían a correr libres.
Hermosas ruinas que rodean el exterior del complejo del pueblo.
A pesar de la inundación del paraje, el núcleo quedo relativamente a salvo, si bien abandonado. El paso del tiempo y el saqueo harían de las suyas sin piedad. En la actualidad, las murallas del pueblo son las que en mejor estado se conservan, junto a las de Lugo y Ávila. A los pies de estas, un enorme y verde edén se esparce sin contemplación, rodeado por las aguas del pantano. No puedo más que recomendar bordearlas y realizar una relajante bajada hasta sus aguas. Un lugar ideal para comer y disfrutar del agradable sonido de la naturaleza.
¡
¡Pero aquí hemos venido a hacer exploración urbana! Y a ello vamos. La calle de entrada a este sitio es toda una declaración de intenciones. En 1980 fue declarado el sitio conjunto histórico artístico, y con ello, llegaban las magníficas noticias. Se iniciaba la resurrección del pueblo y en 1985 fue seleccionado, junto a otros, para su inclusión en el Programa Interministerial de Pueblos Abandonados, iniciándose su restauración. De ello se beneficiaron especialmente sus ciclópeas murallas y como no, el espectacular castillo que tanta belleza y personalidad otorga.
Interior de la pequeña muralla defensiva que flanquea el acceso a su interior. La fortaleza data nada menos que del siglo XIII y llama poderosamente la atención, sobre todo, por la forma de sus torres y la espectacular barbacana, que a modo de mirador, la remata en la actualidad.
Una vez hemos superado la puerta de entrada, una señorial y enorme sala, decorada con tapices, escudos y demás parafernalia medieval, hacen acto de presencia. Una pequeña lámpara, que ilumina la estancia con algo de luz eléctrica, nos permite disfrutar en mayor detalle de la sala y sus elementos. Uno no puede más que viajar 500 años al pasado a cada giro de cabeza que da.
Detalle de una de las paredes, con ambos escudos flanqueando el acceso a otra de las salas adjuntas y un par de espadas sobre el arco.
todu menus eso,
que esas mantas
tienin suol de
su cuerpo...
,y me guelin
me guelin a
ella ca ves
que las guelo."
Reza el poema sobre la chimenea de una de las salas, escrito por el poeta Gabriel Y Galán, oriundo de dicho lugar.
Ya en la primera altura de la fortificación, la luz ya escasea y oculta mucho a la visión. No cabe duda alguna que vivir aquí suponía un reto en todos los sentidos y a todos los sentidos sin excepción. Sí, lo sé, ya supongo que habría luz artificial de las antorchas y velas, pero cuando no, la visibilidad era así de dura.
A la izquierda, letrina del castillo. Todo lo duro y lo que no era duro, caía por ese agujero a los aledaños de la torre.
A la derecha, las imponentes y duras escaleras de caracol que nos llevan a coronar el castillo.
Una vez llegas arriba, todo el embalse, todo el pueblo y todo el castillo caen rendido a tus pies, disfrutando de una panorámica de 360º de todo el conjunto. El momento y el lugar eran los correctos para disfrutarlos sin ningún tipo de límite. Pero todavía no había alcanzado la cima, aún había más.
Coronada definitivamente la barbacana del castillo, mirando a la derecha, visión del pueblo, el embalse y los islotes que se ven salpicados por la inminente caída de los rayos solares, impregnando a todo el conjunto de una dorada belleza que uno desea, no termine jamás.
Si ladeamos la vista a la izquierda, desde ese mismo punto, podemos ver toda la zona que desde 1985 se ha ido recuperando del pueblo gracias a los diversos talleres que se llevan a cabo aquí. Más al fondo, los esqueletos, de lo que fueron las antiguas casas, nos recuerdan las dimensiones poblacionales que aquí se dieron. 1500 personas en el mejor de sus momentos, justo antes de que se les obligara a abandonarlo.
Una de las viviendas, situadas casi al lado de la muralla, por la cual vale la pena pasear. Venid conmigo. ¡Os la enseño!.
En un pequeño patio, rodeado de plantas y árboles, este balcón permite a uno asomarse por debajo de la muralla y contemplar parte del pantano. A su vera, unas escaleras le permiten a uno subir sobre los muros que ponen en cinta al pueblo.
El recorrido sobre los muros de la ciudad le permiten a uno encontrar rincones con tanto encanto como el que aquí os muestro. Rodeados de un poyete y una pequeña mesa que permiten al cansado visitante sentarse y descansar mientras enfrenta la parte final de su trayecto.
Entre las ramas de los múltiples árboles, se dibuja la silueta de la iglesia de esta población. Abajo, en los diferentes parterres, se llevan a cabo labores de siempre y crianza de animales.
En aquellos sitios que aún no se ha tenido la oportunidad de trabajar, o que tal vez las remodelaciones no estén planificadas, podemos disfrutar de distintas piezas artísticas distribuidas por el conjunto.
Una fachada ya en ruinas. El bonito balcón de forja, con sus filigranas en forma de corazón, aguanta en pie contra las fuerzas de la gravedad, aun a sabiendas de que ya nadie se asomara a mirar por él.
La plaza del pueblo. Dos enormes palmeras intentan ocultar lo que fue la casa consistorial. A la izquierda, la casa de las conchas, su nombre viene dado precisamente porque toda su fachada está cubierta de ellas. En otro de los laterales de la plaza, obtenemos acceso a la zona sin restaurar del pueblo y que bien vale un paseo por su calle de bajada.
Un viejo motor en uno de los laterales de la plaza. La decadencia se plasma en las vetas de pintura que resisten en su cuerpo.
Calle de bajada desde la plaza del pueblo. Esta nos llevará, en descenso directo, hasta una de las puertas de la muralla. Cerrada a cal y canto. Mientras paseo por ella, las ruinas de las antiguas casas me rodean. Ventanas con forjas en las cuales ya nadie se asoma a mirar quién pasa y puertas que nadie abre o cierra. No hay puerta ni nadie para hacerlo, y aun así, los sonidos de la gente y sus animales son vívidos para mí.
Haciendo amistades.
🐷
¿Recordáis la iglesia que en la lejanía del muro pudimos ver?, pues el camino nos llevó hasta ella. Sus puertas se encuentran cerradas a cal y canto, pero su estructura es hermosa, incluso solamente vista desde su exterior. Se trata de la parroquial de la Asunción, datada del siglo XV, propiedad de la diócesis de Coria-Cáceres, incluso tras la expropiación del pueblo.
Parte posterior de la iglesia. Unos suelos espectaculares la decoran, mientras las columnas y otros dos pequeños poyetes acompañan a la puerta que nos dejaría, también, entrar al templo.
Mención también a las impresionantes escaleras que nos conducirían, si no fuera por una cadena que nos impide pasar, hasta la torre del campanario. Imponente, altiva y de gran belleza. Un lugar idóneo para concluir esta exploración en la cual dedique un día completo.
Una campana junto a la entrada principal del pueblo sirve de testigo de que alguien va… o que alguien viene. Es encomiable la labor realizada en este pueblo deshabitado. Los esfuerzos para retornar la dignidad a sus construcciones, a sus antiguos habitantes, a sus propietarios que tuvieron que atestiguar con horror como les era arrebatado absolutamente todo. Y yo, que solo por un día, he sido paseante en este paraje, e intentando ponerme en la piel de estos, en sus vivencias y rutinas diarias, pienso para mí, ¿no estaría bien también revertir esas injustas y abusivas expropiaciones de cara a sus legítimos dueños, que tal vez quieran recuperar lo que les robaron a ellos o sus ascendientes?.
No soy yo quien para decir que o hacer o no, solamente soy un paseante, que como bien atestiguan estas macetas en forma de humano pie, intenta ponerse en las botas de los que, de aquí, tuvieron que irse corriendo bajo la inhumana mirada de un régimen y sus armas. Dicho queda.




































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