Cuando conocí la existencia de este enigmático lugar, tuve que frotarme los ojos durante un buen rato para creerme que realmente era real. Y tanto que lo es, una villa excavada en una montaña, me pareció una locura, pero de obligada visita, ¿a qué estaba esperando para ir?
Y allí que llegue. Ya han pasado años desde mi incursión a esta enorme estructura excavada en la roca de una montaña, pero en la actualidad, sigue sorprendiéndome cada vez que repaso las fotografías o el video que le dedique en el canal. No es para menos, ya que el conjunto, como poco, se le puede calificar como imponente.
Una interminable red de balaustradas y escalones articulan todo el conjunto, que se encuentra separado en un enorme patio, el cual parece contener una suerte de fuente o piscina. Acompañan a estos una planta baja, que, aunque diáfana, está separada por varios dinteles. Escaleras arriba llegaríamos a una primera altura y finalmente a la cúspide del conjunto, desde el cual podemos otear todo el territorio.
Ya en el interior, se aprovechan los recovecos naturales de la roca para dar forma a las diferentes salas que componen la parte de dentro. En el centro de la imagen, uno de los ya antes mentados dinteles que nos pasearán por toda la planta baja. Todo este conjunto fue levantado por D. Aurelio, cura de una de las vecindades próximas y que recibió dicho sitio como herencia, moldeándolo a su gusto durante años, dicen, que con la ayuda de los feligreses de su congregación, después de los servicios de misa.
Detalles del interior de la planta baja.
En la imagen de la izquierda, una de las columnas que da estabilidad a la estructura, tras ella, vemos un gran número de estanterías, todas ellas construidas en piedra.
En el centro, podemos hacernos una idea de la longitud del nivel, con aproximadamente unos 3 accesos a las diferentes salas. Cuanto más profundas en la roca son estas, más oscuras.
A la derecha, donde parecía que se usó a modo de bar, tras la barra hallamos un descenso a una pequeña gruta. No sé por qué motivo decidí bajar, solamente encontré basura y un enjambre de mosquitos dispuestos a dejarme sin sangre.
Ya fuera de la planta baja, unas escaleras nos permiten elevarnos hasta el primer piso, donde un enorme pasillo que discurre por toda la fachada de la montaña, nos llevara entre cuevas y balaustradas, de un lado al otro de la montaña, alcanzado siempre unas escaleras que nos permitirán subir y bajar. Ni que decir tiene que este acceso cuenta con puerta de metal, que ya alguien hace años se dedicó a violentar.
Interior de una de las cuevas que encontramos excavadas en el primer nivel. Esta formación es completamente natural, horadada por el tipo de terreno, la erosión y el agua que transforman lentamente esta formación calcárea.
Ya recorrido el primer piso, ascendemos hasta la cumbre de este edificio, montaña, aldea… no sabría definirlo, ni quiero hacerlo. Arriba podemos ser testigos del magnífico entorno que nos rodea.
Un angosto sendero en la parte de arriba nos lleva hasta una pequeña caseta. En la imagen de la derecha, la escalera que nos ha elevado desde el suelo hasta arriba del todo. Podemos dominar sin compasión todo el entorno, su naturaleza, su río y su tranquilidad.
Tristemente, aunque el conjunto es de carácter privado y se le intentó dar una utilización, en la actualidad se encuentra completamente abandonado a su suerte. En esta imagen podemos ser testigos de la pequeña caseta, que se encuentra en la cima de la montaña, y como su interior ha caído en la ruina más absoluta. El techo, de ladrillo, colapso contra el suelo, mientras que las grietas empiezan a dibujar amenazadoras formas en las paredes de esta. ¿Cuánto tiempo de verticalidad le queda?
Las sorpresas no terminan nunca en este lugar. Ya abajo del todo y casi saliendo de la edificación, en uno de sus laterales, protegidas por verdosas puertas y ventanas, damos con el acceso a lo que en su momento pudiera ser otro bar o cafetería. El estilo es inequívocamente calcado al del resto del edificio. En su interior, la basura y la decadencia siguen acumulándose. Debo añadir, como detalle curioso, que todo el conjunto se encuentra actualmente a la venta, dicen, que por unos 30.000 €. Por si hay algún interesado…
En este incomparable marco natural, lo único que faltaba para rematar su belleza es esta espectacular cascada de aguas saltarinas que tiñe de un hermoso tono verdoso toda su caída y el camino por el cual discurre el agua. Las aguas que vierte, corren apresuradas por la tierra, deslizándose ocultas, después bajo la carretera, para unir su camino al espectacular rio que discurre bajo nuestros pies. Y es que uno no necesita ir a Capadocia o a Petra para disfrutar de una ciudad excavada en la roca, aquí tenemos la nuestra propia, ¡y menuda es ella!
















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