Triste es la historia del pueblo que visitamos en esta ocasión. En lo alto de una ladera, bajo su sombra, la nueva villa es testigo diario del pasado. Entre medias, la modernidad más absoluta en forma de tren de alta velocidad que rompe con su zumbido el silencio de estas apasionantes ruinas.
La llegada a este rincón es una llegada desoladora donde los contrastes son de todo menos discretos. La nueva población se encuentra a las faldas del montículo donde el antiguo esqueleto metafórico de lo que antes fue la villa reposa eternamente. Las vías del AVE se alzan como una serpiente desplazándose entre ramas. Pero, ¿qué paso aquí? ¿Cómo se llegó a esto?
Corrían tiempos bélicos en el país cuando los aproximadamente dos centenares de vecinos debieron abandonar las 80 casas que daban forma a este lugar. Los edificios fueron literalmente desmontados para aprovisionar el frente próximo. Puertas, ventanas, vigas… todo fue utilizado para tal fin. Otra versión reciente parece contar una historia diferente. En ella parece ser que el pueblo fue bombardeado y que el saqueo solamente se realizó una vez este ya estaba destruido. Esto solo quien lo vivió puede saberlo. Una vez el conflicto finalizo, Regiones Devastadas llego a la conclusión que la reconstrucción del pueblo no era viable, por lo cual lo trasladaron a escasos metros de las ruinas del antiguo.
Orgullosa testigo de todo lo ocurrido, la iglesia de San Martín de Tours resiste así como puede el paso de los tiempos. Su techado reposa ya en el suelo desde hace tiempo y solo los muros interiores nos dan alguna pista de lo bonito que pudo llegar a ser este templo
Una bonita hornacina aún perdura en una de las paredes. El azulete, tan común en aquellos tiempos de antaño, solamente puede intuirse un poco en algunas zonas muy puntuales del templo.
La torre de la iglesia fue restaurada en el año 2014. Justo frente al edificio podemos ver unos pocos restos de lo que fue el castillo de la población. Hoy se encuentra prácticamente en ruinas y solo una bóveda es algo reconocible. Sería en el año 2017 cuando la población fue declarada BIC.
Lo moderno y lo clásico se cruzan irremediablemente. En los silenciosos restos de este lugar, solo el sonido del tren y de los curiosos que transitan sus irreconocibles calles rompen un poco la tranquilidad del lugar. Una historia triste que no debería repetirse jamás. Pero parece ser que el ser humano, no aprende nunca, ni del pasado ni de sus errores.







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