No era capaz de imaginar las sensaciones y rincones que este lugar tenía preparadas para mí, bueno, para mí y para cualquiera que se aventure entre sus estrechas y serpenteantes calles. Este pueblo me conquisto desde el primer paso que di en el hasta mi regreso hace no muchos meses.
Y es que cuando me adentre en e interior de este sitio, no tenía ni intención de montar un canal de YouTube, así que las grabaciones de las que disponía eran cuanto menos malas. Cosas que a posterior mejoré. La mera llegada a las inmediaciones ya impresiona, con su soberbia iglesia despuntando en lo alto de esa loma. Unos pocos kilómetros de paseo nos separan de nuestro objetivo, pero eso sí, suaves y agradecidos.
La primera estructura que nos sale a recibir es la hermosa ermita de la Mare de Deu del Camp, la cual yo creía había sido restaurada, pero un par de sus sustos internos y sus importantes grietas me llevaron a pensar que quizás me lo había inventado. Una nave de buen tamaño nos acoge entre sus muros en los que destacan sus capillas laterales y el altar mayor, coronado por una pequeña capilla. Los frescos resisten con entereza el trascurrir de los tiempos.
Sus espléndidas capillas laterales guardan para el avieso visitante unos fantásticos frescos en sus muros. En la imagen de la derecha podemos apreciar también las escalerillas que otorgaban subida al pulpito del cura, si bien esta estructura ya no se encuentra presente. En la imagen de la derecha, el hermoso fresco viene flanqueado por un falso altar rematado con unos jarrones.
Sobre el altar mayor, tras subir unas precarias escaleras, entramos en una psicodélica capilla con tonos morados y azules. Los crujidos súbitos y amenazantes de la estructura me hicieron optar por descender. Era hora de avanzar hacia el núcleo del pueblo, el cual aún distaba un par de kilómetros.
Las primeras edificaciones aparecen ante nuestros ojos, estas se tratan de un conjunto de casas flanqueando un patio central. Estas parecen haber sido reparadas, ya que el estado interior es excepcional y las vigas que soportan el peso del firme aparentan ser nuevas. Y es que durante un tiempo, se realizaron labores de mantenimiento del lugar, ¿es este el resultado?
Sin embargo, lo más impresionante estaba aún por llegar, y es que tras este muro, fotogénicamente tomado por la maleza, accedemos a un núcleo claustrofóbico, medieval y prácticamente intransitable para carros y ganado, que encerraba al pueblo en sí mismo. Este, pues, fue uno de tantos motivos que provoco el lento desangramiento de población aquí.
Aquí fue donde me enamoré de este pueblo, entre los magníficos muros de la iglesia de Sant Fructuos y a los pies de su excelso altar mayor decidí prestar pleitesía a este lugar. Sus arcos asombrosamente conservados dan sustento a las capillas laterales y sus bóvedas que soportan como pueden las agresiones del tiempo y el clima.
A la retaguardia de la eclesial, una enorme pila de agua bendita incrustada en la pared recibe al devoto visitante para que este pueda ungir su frente. Esta remata con sobriedad el muro de acceso donde su portón amenaza con desmoronarse en cualquier momento. Este templo es una joya deliciosa en todos los aspectos, un verdadero tesoro en peligro de extinción.
El angosto camino que surge a los pies de la iglesia, desciende serpenteante en un mar de enredaderas y cascotes ruinosos de piedra que antaño formaban parte de alguna de las 93 casas que daban forma a este pueblo. Una vez andado hasta el final, llegamos a la plaza mayor del pueblo. Cerrada sobre sí misma como si no quisiera revelar sus secretos, estrecha, rodeada por edificios de gran altura y rematada por una fuente que surtía de líquido a los aproximadamente 300 habitantes del lugar, pero que en la actualidad se encuentra seca.
La fuente sobrevive entre la maleza y las pintadas de desaprensivos. Cuenta esta también con un abrevadero en la parte trasera de la misma. Hoy ya seca, solo los caracoles obtienen algo de humedad de ella.
Los restos de la ermita de Sant Pere reposan en el suelo, cubiertos ya por la implacable naturaleza. Esta estructura se encuentra en uno de los laterales de la antes mentada plaza.
Un pasadizo nos conduce hasta la parte posterior del pueblo, desde ahí, uno puede regresar por la zona trasera hasta la plaza o descender hasta la parte baja y su enorme puerta de entrada. Sin duda se trata de uno de los puntos que más misterioso se me antojo, ya que en este podemos dar con la entrada lateral a los edificios sitos a su diestra. ¿Qué habrá en ellos?
Ni que decir tiene el riesgo que entraña descender escaleras abajo. La estructura se encuentra en un estado terriblemente precario y en los años que transcurrieron desde mi primera visita hasta la última pude darme cuenta de los numerosos desprendimientos que cambiaron la fisonomía interior.
Un murciélago duerme el sueño de los justos mientras desea de todo corazón que salga de ahí y le deje en paz. Dicho y hecho, el trabajo que realizan estos animales es increíblemente valioso. ¡Hay que respetarlos!
La parte posterior es un retrato del pasado congelado en el tiempo. Imponentes edificios aguantan con dignidad el transcurrir del tiempo mientras la maleza y los árboles reclaman lo que les pertenece.
Dentro de una de las casas, auténticos laberintos de escaleras y salas que te elevan hasta los cielos o te transportan hasta las entrañas de la tierra. En esta imagen destaca en primer plano esta barandilla de metal forjado con hermosas filigranas. Probablemente, debió pender tiempo atrás de algún balcón, el cual ya ha desaparecido.
Fin del camino para mí. La enorme cantidad de maleza, cascotes y vigas me impide proseguir mi descenso hasta la puerta del pueblo. En esta imagen, la torre que flanquea la trasera de la plaza mayor, también reclamada por la naturaleza. Este hermoso lugar anclado en el tiempo me conquisto sin piedad ni compasión. Quienes hayáis estado transitando sus silenciosas calles sabréis muy bien a lo que me refiero. Es un paraje único, cautivador e irrepetible y esta es mi pequeña carta de amor dedicada a esta despoblado.






















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