Mi ruta descubriendo lugares deshabitados proseguía con intensa emoción. Tras mi llegada al hotel fui incapaz de esperar más y me lancé nuevamente a la carretera en busca de mi nuevo destino. La sorpresa fue mayúscula a mi llegada al sitio, ya que me encontraba en un núcleo el cual no solo no estaba deshabitado, sino que albergaba vida y estaba en franca recuperación. ¡Maravillosa sorpresa!
Tras una breve entrevista con el único morador que encontré en el sitio, empecé a caminar por las silenciosas calles de este paraje que tantas sorpresas guardan para el visitante curioso.
Sobre estas líneas, podemos disfrutar de las espectaculares formas que la iglesia de San Miguel dibuja para quien sepa disfrutarlas. La maleza trepa por sus muros como un niño sobre la espalda de su padre para jugar a los caballitos.
Una vistosa escalera nos permite subir unos metros y disfrutar de la arquitectura gótica tardía del templo, que data del siglo XVII.
Encontré todos los accesos al templo clausurados. También debo decir que me falto experiencia para cotillear más el edificio. Tal vez si hubiera encontrado un acceso. Es lo que tiene la falta de experiencia, queridos lectores.
El portalón que daba acceso al patio se encontraba violentado. Destacan los fantásticos relieves sobre el arco de la puerta, pero lo más fantástico se encontraba en su interior.
Frente a este, la fuente del pueblo aún es capaz de romper el monótono silencio con el canto del brotar de sus aguas.
La dificultad en los accesos al sitio y su duro clima, fue haciendo mella en sus habitantes, que en un goteo constante e incesante fueron dejando atrás este pueblo, mudándose a lugares más propicios.
Poco queda ya de sus 10 hogares, estos llegaron a albergar a un máximo de un centenar de personas a finales del siglo XIX. Un fatídico año 1965 sus últimos habitantes dejaron este pueblo. Empezó entonces el lento declive del sitio.
¡En ocasiones me pregunto como hay estructuras que aguantan así el tipo durante décadas!
Dato curioso es que el escritor Miguel Delibes situaría en esta población la acción de su novela "El disputado voto del señor Cayo". La novela se escribió en el año 1978. 8 años más tarde sería llevada a la gran pantalla, protagonizada por el siempre impecable Francisco Rabal.
Mi paseo por estas calles fue absolutamente evocador. Acompañado por el sonido del viento, los pájaros y la fuente de este paraje. Muchas veces deberíamos pararnos y escuchar lo que no se oye fácilmente. Fue una satisfacción constatar como este sitio resurgió de su vacío y se encaminaba nuevamente a una vida tranquila y sosegada.
Segundas oportunidades de oro.
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