martes, 2 de enero de 2024

Entre calles milenarias, ¿Qué sucedió AQUÍ para que quedara ABANDONADO?

 

 
Era una mañana fresca y apacible. El sendero, serpenteante, estaba rodeado constantemente del hermoso verde de árboles y plantas. Mientras, las diferentes especies de aves ponían su propia banda sonora al avance de este visitante de lugares abandonados. Finalmente, en la lejanía, a contraluz, se dibujaba la silueta de la primera de las casas de este pueblo. Un delicioso camino que culminaba en un no menos delicioso lugar. Pero si todo era tan idílico, ¿por qué se fueron todos?
 

 
Una inmensa plaza de verde césped daba la bienvenida a este paraje, el cual le daba la espalda para agrupar las 4 casas que conformaban esta población a la que unas 12 personas insuflaban vida allá por el año 1960. 7 años más tarde, la última de las viviendas donde vivía gente cerraría sus puertas definitivamente. Se acabó la vida humana en este pueblo.
 
 
Hermoso esculpido en la piedra angular de entrada a una de las viviendas del pueblo.
 
 
Accedo a uno de los pocos lugares transitables del pueblo. Una atractiva entrada abovedada distribuida en 5 portales, los cuales repartían el paso entre las casas vecinas y a una pequeña bodega. Intentar pasar a los edificios vecinos se antojaba una proeza imposible, por encontrarse en estado de ruina absoluta. Sus cascotes y vigas desplomadas en el suelo impedían cualquier intento de paso. Sin embargo, el portal del fondo iba a requerir luz para desvelar las sorpresas de su interior.
 
 
Con permiso del pequeño murciélago que dormitaba a la derecha de la estancia, el visitante que resultaba ser yo, quedaba maravillado con el interior de esta estancia. La puerta yacía caída a mis pies y a los pocos escalones que permitían un acceso cómodo al sitio. Mientras, en primer término, un inmenso cajón que antaño debió utilizarse para guardar algún tipo de producto en su interior me sorprendía. Descubierto por arriba, y en el lado no visible (EN ESTA IMAGEN) un orificio del tamaño de un puño, distribuía su contenido según la necesidad. Sin embargo, lo más fascinante se encontraba al fondo, un magnífico horno encastrado en la pared. Junto a su boca aparecían los restos de una pequeña vasija. ¿Tal vez contenía sal? ¿Tal vez harina? ¿Levadura? No lo sé, y supongo que nunca llegaré a saberlo, pero la magia de imaginar ese horno en pleno funcionamiento preparando deliciosos manjares lo valía todo.
 

 
Las maravillas de esta población tan pequeña nunca cesan. Una vez fuera de la vivienda que investigaba, encontré apoyada en la pared lo que posiblemente fuera la llanta de un antiguo carromato. Esta se encontraba custodiada por la siempre corrosiva hiedra y una capa de óxido que traía la magia a un pedazo del pasado inmóvil desde hacía décadas. Unos pasos más abajo, otra máquina maravillosa del pasado se hacía presente en el lugar, probablemente utilizada para arar los campos y posteriormente su siembra. Deliciosamente realizada en madera, destacaban sus temibles ruedas dentadas en un hierro ya oxidado que daban a saber que si algo se hace bien, puede durar para siempre.
 
 
Unos cuantos pasos más abajo se encuentra otro horno, quizás más magnífico que el anteriormente reseñado y el cual, aún desprendía ese característico aroma a leña que tanto me maravilla. Las piedras que daban forma a la pequeña estancia aún se mantenían, no así el tejado, ya desaparecido.
 
Retomando el camino de salida del pueblo, a unas escasas decenas de metros del pueblo, se encuentra la fantástica iglesia de San Andrés, la cual alberga entre sus muros un pequeño camposanto que da sepultura a los restos de algunos antiguos vecinos de la villa. Deliciosa estructura por fuera y por dentro.
 
 
Portada de acceso al interior de la iglesia. El sempiterno azulete destaca tanto fuera como dentro de la eclesial.
 
 
Una vez en el interior del templo, los detalles no dejan de sorprenderme. Al fondo podemos dar con lo que era el altar principal, hoy totalmente derruido y sepultado por la vegetación. A continuación de esta y de sus restos, a la derecha la diminuta sacristía donde el cura debía guardar sus cosas, mientras tras esta y en ambos laterales, damos con dos pequeñas capillas con un altar y sus correspondientes hornacinas. Sin embargo, un detalle me llamo la atención poderosamente. ¿Cuál? ¡Fijaos!
 
 
En lo que deduzco que es un arco, podemos disfrutar de una maravillosa decoración con multitud de filigranas y florituras. Sin embargo, parece ser que posteriormente cubrieron dicha decoración con el azul que encontramos en tantos lugares y viviendas. ¿Por qué cubrieron tan hermosa decoración con algo tan aburrido como un azulete? Misterios del pasado.
 
 
Antes de abandonar definitivamente la iglesia y este pueblo tan magnífico, echo una última mirada que comparto con todos vosotros. Desde el altar mayor hasta el coro. Naturaleza salvaje e indomable, naturaleza que recupera con el trascurrir de los años lo que es suyo. Con el tiempo, devorará este y tantos lugares y quedarán solo en el recuerdo y la memoria. No lo olvidéis nunca.


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