Triste es el rincón en el que nos encontramos en esta ocasión. No solo por su evidente estado de abandono, sino también por toda el trasfondo que hay en el y la dramática historia que aconteció aquí. Dentro de sus muros y fuera de ellos.
Para ser conscientes de lo que paso aquí, debemos retroceder en el tiempo primero unos cuantos siglos, hasta el XVIII cuando fue levantado por los frailes dominicos. Más tarde, en 1836 y con la desamortización de Mendizabal fue confiscado y subastado, como tantos otros edificios religiosos, pasando entonces a manos privadas. Sería en este momento cuando la historia del lugar se tornaría más conocida.
Era el año 1928 y estaba programada la boda de la joven protagonista de nuestro relato, pero horas antes de que el enlace se llevara a término, el novio fue plantado por ella. Esta huyo del sitio a lomos de una mula acompañada por su primo. A kilómetros del cortijo que nos ocupa, estos se cruzaron con familiares de ambos que acudían a la ceremonia, momento en el cual se desataría la tragedia.
Al percatarse del engaño hacia el novio, se levantaron en violencia contra ambos, descerrajando tres disparos, uno de ellos mortal, contra el primo de la novia e intentando asfixiar, la otra, a su propia hermana. Haciéndose pasar por muerta, y medio inconsciente la dieron por muerta a ella también, escapando ambos criminales del paraje.







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