¡ASI SI!, la agridulce historia de un monasterio historico.
Abrazado por un intenso manto de verdor floral y árboles, oculto en la montaña, encontramos este histórico monasterio, clave en la historia de España. No es este caso un urbex ni una exploración, sino más bien una visita guiada de este magnífico enclave que tuve el privilegio de conocer y magnífico ejemplo de conservación del patrimonio histórico.
El mismo patio de entrada es toda una declaración, donde podemos encontrar diferentes elementos del edificio, esparcidos decorativamente, por todo el recinto. Obra de los diferentes propietarios que este sitio tuvo. Pero hasta llegar al presente, ¿cuál fue la historia de este lugar?.
Este fue uno de los primeros monasterios fundados en España, concretamente data del año 1374. Por aquel entonces, una serie de ermitaños italianos, guiados por una visión virginal, decidieron trasladarse en peregrinaje hasta este hermoso paraje. Durante años, estos estuvieron viviendo en las mismísimas cuevas que la montaña les ofrecía. A las décadas de ello, desanimados por la dureza de su vida, deciden abandonar el punto. La casualidad querría que la propietaria de las tierras, la cual, tenía una casa de labores allí mismo, tuviera conocimiento de ello antes de que los ermitaños marcharan, ofreciéndoles a estos dichos, la casa. Sobre ella, poco a poco, tomaría forma el monasterio que hoy nos ocupa.
Sin embargo, este monasterio tendría una desgraciada e intensa relación con el fuego. Era el año 1546, el edificio ya había tomado forma monasterial, pero en él se origina el primero de una triste y larga serie de incendios. Este fuego destruiría la iglesia y el claustro original. Sin embargo, se fomentaría su reconstrucción posterior. Iba a empezar el mejor momento de esta edificación.
En el siglo XIX llegaría la ocupación francesa a España y este espacio no fue indiferente a ello. Durante este periodo se iba a dar el segundo de los incendios que asolaría el lugar. Serían en este caso los mismos frailes quienes se encargarían de asentar y reconstruir el monasterio. Sin embargo, llegada la ya consabida amortización de Mendizabal, los frailes que habitaban el paraje no tuvieron más remedio que abandonarlo.
Desde ese momento, la propiedad iría pasando de unas manos a otras, convirtiendo este edificio religioso en un palacio de tipo recreativo. También recibiría reformas, limpiezas y se aprovecharían los distintos elementos para decorar los diferentes jardines con el tan famoso, por aquel entonces, estilo romántico.
Ya podemos darnos cuenta de que el interior eclesial es sencillamente magnificente. Deja sin respiración al visitante y lo inunda de una sensación de asombro absoluta. Este templo es un auténtico paraíso para quienes amamos la decadencia.
Sin embargo, el siglo XX estaba llegando a su fin, y con él, iba a producirse en el interior del monasterio el que iba a ser el último de los incendios. Desde entonces, los actuales propietarios del lugar vienen realizando labores de conservación, limpieza y asentamiento del mismo en pos de una excelente restauración.
Rondando el interior del claustro del monasterio, una entiende por qué decidieron instalarse en este punto. La belleza del paraje lo invade todo, la tranquilidad y el sosiego reinan por doquier e invitan de manera inevitable a la meditación, a la relajación y al autoconocimiento.
La cocina del monasterio. Se trata de una enorme y larga sala completamente diáfana, donde al fondo de la misma podemos contemplar los restos malheridos por el último incendio, de toda la parafernalia relativa a dicha cocina. Para mí destacan sobre todo las bonitas baldosas que decoran la pared, así como la enorme chimenea a sus espaldas. Pero destaca el decadente calentador de agua, absolutamente devorado por el óxido en el lateral derecho de la habitación.
Avanzando por el interior del edificio, podemos constatar como a pesar de las llamas, algunos muebles se empeñan en resistir en el lugar. Aquí tenemos una pequeña muestra de ello con esta estantería carbonizada. Pasear por el interior de esta estructura es absolutamente delirante, pero una vez ya la hemos conocido, es momento de regresar al exterior y visitar lo que fue el verdadero germen de este imponente monasterio.
Justo frente a nosotros encontramos el acceso a lo que fue una de las cuevas donde los peregrinos se instalaron a su llegada a este sitio. Una vez entremos en su interior, podremos llegar a comprender la dureza de su experiencia, que se prolongó durante décadas.
¿Quién imaginaria que aquí dentro vivió gente?, guiados por un ideal o una visión, es indiferente. Su determinación firme les llevo a convertir agujeros en la roca en lugares en los que vivir, rezar y meditar, sin ningún tipo de comodidad y sufriendo en sus carnes las duras condiciones del sitio.
Finalmente, tras una hilera de incómodas y empinadas escaleras, nuestro periplo en el interior del monasterio culmina con la llegada a la ermita rupestre que se construyo en la cima de la montaña que abriga el edificio. Un hermoso edificio donde destacan, por encima de sus materiales, las hermosas tallas de la puerta que le da acceso. Auténticas filigranas de piedra que elevan a la enésima potencia la belleza de este rincón. Su interior, lejos de amedrentarse, también se hace notar, si bien y ha sufrido muchos daños, como el techado de la misma, donde únicamente podemos intuir la bóveda que la cubría. Nuevamente, nos encontramos en uno de esos lugares donde la maravilla y la magia reinan en cada esquina que doblamos. Pero, sobre todo, lo más importante, es que volvemos a encontrarnos con un fantástico ejemplo de conservación del patrimonio. Pese a sus incendios y abandono en su momento, se sigue conservando y restaurando para que entre sus paredes, el tiempo no sea un enemigo y la historia se siga escribiendo de un modo pausado y amable.
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