viernes, 1 de septiembre de 2023

¡PELIGRO!, me quedo sin luz. Urbex en un pueblo abandonado.

Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Tras una dura jornada de exploraciones sin fin, tocaba ya regresar a casa. El día estaba llegando a su fin y el sol estaba ya casi oculto tras el horizonte. Sin embargo, me topé con esta pequeña aldea en el camino y no quise dejarla sin explorar. La escasez de luz y el fallo de mis sistemas de iluminación me llevaron hasta el límite. ¿Qué paso?, os lo cuento. 

Podéis ver el pequeño video que dedique a este sitio AQUÍ.

 

Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado 
A penas cinco casas daban forma a esta diminuta aldea, de la cual, lastimosamente, no os puedo dar ningún tipo de información al respecto. Desconozco cuantos edificios había exactamente, desconozco cuando llego la despoblación hasta sus puertas, cuantos habitantes hubo y porque marcharon. Así que para compensar todo eso, nos dejaremos llevar una vez más por las sensaciones que el sitio despertó en mí, que fueron intensas. Ya os lo cuento por anticipado.
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Nunca me ha gustado explorar de noche, creo que el peligro se multiplica por mil. Tengamos en cuenta que transitamos por estructuras muy dañadas y que amenazan con colapsar en cualquier momento. Si a todo eso le añadimos el detalle de que no vemos ni el suelo ni las paredes, no podemos comprobar su estado o si hay algún peligro frente a nosotros, la sensación de desasosiego es absoluta. En este caso el sol ya se había ido, pero quedaba alguna que otra luz residual en el ambiente que me permitía transitar los exteriores. Pero para entrar dentro de los edificios, no me quedo más remedio que sacar el frontal y confiar tanto en el cómo en la luz del móvil, que es a todas luces, y nunca mejor dicho, insuficiente.
 
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado
A medida que la luz iba decreciendo, los abandonados edificios que me rodeaban iban adoptando una actitud cada vez más amenazante y fantasmagórica. El viento que soplaba en el sitio, si bien no era muy fuerte, hacía lo necesario para que puertas y ventanas chirriaran y golpearan sin contemplación sus correspondientes marcos. Me había empezado a sugestionar, y creedme, solo una vez en el pasado me sucedió.
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

 La escasa iluminación en la aldea intentaba colarse por los diferentes agujeros de los edificios. Sin embargo, esta siempre terminaba expulsada por las tinieblas que cada vez iban ganando más poder ahí dentro.
 
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado 
Una silla de mimbre, en el interior de una ya abandonada cuadra, aguarda ansiosa la llegada de alguien que se aposente en ella. Ni humanos ni animales vienen por aquí. Ya podemos ver como las sombras, de cada vez, se hacen más largas y cobran más protagonismo en los interiores.
 
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado 
La parte posterior de este pueblo abandonado lo conforman tres casas. Se sitúan en forma de U, por lo tanto, tan solo hay una entrada y una salida del conjunto. Tanto a la derecha, a la izquierda como frente a mí, diferentes entradas nos permiten acceder al interior de las viviendas. Mientras, totalmente influenciado por el ambiente que se ha creado, evito mirar hacia las ventanas, la imaginación se disparaba cuando lo hacía. Las viviendas se encuentran peligrosamente arruinadas y con peligrosos obstáculos en su interior. Aun así, hago acopio de valor y de mi frontal para penetrar audazmente en las ruinas de estas casas.
 
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Vestigios del pasado aún sobreviven sobre algunas repisas. Es el caso de este par de botellas, seguramente en su interior contuvieran vino. Hoy, se encuentran erguidas sobre una chimenea, ya vacías, consumidas.
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Contraste absoluto entre la oscuridad más absoluta dentro de los edificios con la escasa iluminación exterior. Puede que parezca que hay mucha luz, pero no os llevéis a engaño. Esa falsa apariencia es debida al trabajo del sensor del móvil y a la edición posterior de la fotografía. Mi frontal ya estaba trabajando y me iba a dejar tirado en escasos minutos. Todo se ponía en mi contra, como si ese lugar no quisiera ser explorado.
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado 

Oscuridad total. Del frontal apenas emanaba un pequeño chorro de luz y la que ofrecía el móvil era también completamente insuficiente. La claridad con la que podemos ver estas salas es gracias al flash de la cámara de fotos, que por una fracción de segundo iluminaba el ambiente. Aun así nos da para distinguir el siempre presente azulete en las paredes. Sin embargo, el peligro más total se encontraba sobre mi propia cabeza. El techo estaba más que cedido y listo para caer, mientras, a mis pies, un viejo y desvencijado sofá impedía un acceso cómodo. En ese punto ya me había dado cuenta qué intentar progresar en el interior de este edificio era una tarea suicida.

Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Avanzo hasta otro de los edificios. Mismas condiciones de luz, algo menos de riesgo, pero eso no quiere decir que no exista. A duras penas podía distinguir la chimenea del fondo, así como la puerta de la derecha y los diferentes elementos presentes en la sala. Una prácticamente inexistente halo de luz me dejaba ver donde ponía los pies. Estaba claro que me estaba jugando el pellejo.
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Llegados a ese punto, había dejado de disfrutar la exploración. Me sentía en riesgo en todo momento, no por los edificios, sino porque no sabía ni donde ni que estaba pisando. El frontal decidió en ese momento terminar con las baterías que le proporcionaban energía, y como ya dije, la luz del teléfono era completamente insuficiente. Así que ante el riesgo que sentía, estaba corriendo allí dentro, opte una vez más por retirarme. Ya lo decía Napoleón, una retirada a tiempo es una victoria.

Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado
Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado

Unas intrigantes escaleras me llamaban desde el fondo del edificio a la izquierda. Sinceramente, así como estaba el percal, ¡ni loco iba a subir hasta arriba!

Urbex en la oscuridad en un pueblo abandonado 
Una exploración muy intensa para mí, con muchas sensaciones invadiéndome, y todas y cada una de ellas a raíz de la escasez lumínica que padecí durante este urbex. Sin duda, la noche cambia completamente la percepción y la fisonomía de los lugares. Los transforma de hermosos y amables rincones decadentes a fantasmagóricos edificios donde sus peligros interiores se multiplican exponencialmente a cada paso que se da por sus entrañas. Es como ser digerido por la oscuridad más absoluta y desesperante. Nunca me cansaré de deciros que la mejor compañía que uno puede llevar aquí es la del sentido común. A veces su voz es silenciada en demasía por las ansias de explorar y descubrir nuevos rincones e historias, pero en este caso concreto, si te quedas sin luz, lo mejor es salir del sitio y replantearse la exploración. No fue mi primera retirada de un sitio, tampoco fue la última. He reculado muchas veces, he vuelto muchas otras.

 

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