Una complicada exploración es la que tuve en este pueblo deshabitado. Quizás fuera por el día escogido para visitarlo, pues siendo un domingo me tope con una inesperada cantidad de gente pululando por sus calles. Tantas que incluso tuve que hacer cola para poder acceder a la iglesia. Pero quitando ese detalle, ¿cuál es la historia de este conocido pueblo? ¡Descubrámosla!
La llegada a este enclave no puede ser más espectacular e impresionante, pues desde la carretera destaca su altísimo campanario, que además es ayudado a despuntar debido a que este se encuentra en la parte más alta del pueblo, haciéndole a uno sentir realmente insignificante. Una gran arboleda rodea el lugar y lo sumerge más en esa naturaleza salvaje que ha ido recuperándolo todo con el transcurrir de los años. Tanto es así, que es imposible transitar sus calles, invadidas por multitud de plantas, árboles y escombros. Sin embargo, un pequeño sendero nos permite aproximarnos hasta los pies de su iglesia y a un edificio de un par de pisos de altura.
A comienzos del siglo XX aproximadamente unas 300 personas eran quienes insuflaban vida a este pueblo. La gran mayoría de ellas se dedicaban a la minería, trabajando duramente en las cercanas minas de carbón. Su cierre provocaría que el sustento de numerosas familias desapareciera, provocando una lenta emigración de sus habitantes. La ausencia de servicios básicos como el agua o la electricidad también ayudo a este desangramiento de vida.
Corría el año 1929 cuando un fuerte temblor sacudió toda la región. Fue un terremoto de 5'1 grados en la escala de Richter, el cual se pudo sentir hasta en el sur de Francia y cuyo epicentro se situó justamente debajo de este sitio. El sismo no provocó ni víctimas ni grandes daños en las estructuras, tan solo algún desperfecto en la torre del campanario. Todo iba a quedar en un gran susto para los pobladores.
Impresionante contrapicado en el interior de la torre del campanario. Aún conserva las escaleras que conducen hasta la cumbre de dicha estructura, si bien las primeras alturas no cuentan con peldaños, por lo cual es inaccesible. No era un sitio ideal para gente con problemas de vértigo. La torre se encuentra segregada del edificio eclesial, pero dentro del mismo recinto.
A escasos metros del campanario se encuentra la puerta que da acceso a la iglesia de Santa María, originaria del siglo XV y que, a pesar de las múltiples vicisitudes y del inexorable paso del tiempo, aún se conserva en pie con algo de dignidad. Como suele suceder, la parte que más ha sufrido daños es precisamente la cubierta de esta, la cual podemos ver en la imagen con algunos daños y zonas desprendidas. Dos inmensas grietas recorren el lado izquierdo de esta hasta prácticamente la altura del arco, lo cual no augura un buen futuro para este edificio.







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