Empieza un nuevo año paseantes y con ello finalizamos el recorrido por las orillas anegadas de este pantano en el último pueblo que recorrí. Sin embargo, en este caso no pude acceder a las ruinas del mismo, ya que tras entrevistarme con el responsable del sitio, este me recomendó no hacerlo. En estas cosas, ante todo está el respeto. Si no puedes pasar, pues no pasas. La vida es así.
Aun así, me recomendó el descenso por la parte reformada de este sitio, por donde transcurría parte del camino de Santiago y llegar hasta la ermita que se encontraba aproximadamente a un par de kilómetros. Gustosamente, accedí e inicié mi periplo hasta ahí. Antes, me detuve frente a la magnífica iglesia de la Asunción para poder contemplar su magnífica entrada y su impresionante campanario.
Este pueblo de generoso tamaño llego a albergar nada más y nada menos que a 350 habitantes. Cuesta ahora imaginar tal cantidad de gente aquí. Ya se puede notar, por lo tanto, que tanto este como los dos anteriores núcleos explorados aquí eran villas activas y con un futuro brillante ante sí. Luego ya vino el agua que se encargó de llevarse por delante toda esperanza.
La vida en este lugar estaba centrada en su aproximadamente centenar de viviendas, las cuales estaban distribuidas en dos calles, la calle Mayor y la calle del Centro. Como podéis comprobar, por aquellas épocas no se calentaban mucho la cabeza nombrando calles, pero ¡ey! Son nombres prácticos, difícilmente se podía confundir uno con la dirección.
La naturaleza sigue abriéndose paso por lo que le pertenece. Difícil imaginarse la vida en este lugar cuando al observar por su portón de entrada, uno no sabe si está viendo un jardín o el interior de una vivienda.
Fantásticos carteles tallados sobre madera acompañan a uno durante el recorrido por esta vía y que bien merece la pena detenerse a contemplarlos.
Corrían finales de la década de los 80 cuando la CHE, titular traidora de este paraje, cedió el sitio a la CGT por un periodo de 5 años, para más tarde realizar una nueva ampliación de la cesión por otros 50 años. Durante este tiempo, se han ido ejecutando magníficas labores de asentamiento, limpieza y restauración que han devuelto parte de la dignidad y la vida a este pueblo. En la actualidad 3 de sus edificaciones son utilizadas como albergue y casa de cultura.
A los pies de la población nos espera una fuente de la cual mana refrescante agua de su interior. Una vez la dejamos atrás, la naturaleza más salvaje aparece ante nosotros.
Fin del camino para mí, llegada a la ermita de Santiago. Esta maravilla románica data del siglo XI y fue usada por peregrinos que transitaban el camino.
Un rápido vistazo al interior de la estructura, la cual nos permite ver, no sin algo de dificultad, el fondo de la misma. Fantástico el empedrado del suelo.
Ya de regreso, intento aproximarme lo máximo posible a su insuperable castillo, que despunta con altivez y descaro sobre todo lo que haya en el lugar. ¡¡Me lo hubiera pasado pipa ahí!! Y si bien me sentí un poco decepcionado por no poder acceder al pueblo, debo decir que también me sentí alegre por saber que el sitio está en buenas manos, renaciendo poco a poco y recuperando ese futuro que le fue arrebatado por la dichosa fiebre de los pantanos. Arriba del todo podéis disfrutar del breve video que filme de esta población.
Gracias por acompañarme, nos vemos en el próximo paseo.
Se termina un año y empieza otro nuevo, que espero este lleno de nuevos y emocionantes paseos. Queridos paseantes, os deseo un feliz año 2023,¡nos vemos al otro lado!
A unos pocos kilómetros de nuestra anterior exploración, la carretera nos conduce hasta otra de las tristemente abandonadas villas del lugar. Sobre estas líneas, disponéis del pequeño documento que grabe en sus calles hace unos años.
Gran tamaño el de este sitio, el cual se encarama sobre la pequeña colina que lo acoge como una enredadera al tronco de un árbol. En el cenit, la imponente iglesia, que más tarde visitaremos, se hace notar desde la distancia.
La construcción del pantano que engulló sus tierras de cultivo y pastoreo, precipitó el decrepitar del pueblo, sembrando sus calles de esqueletos metafóricos en forma de edificios. Lentamente, el sitio fue vaciándose, hasta que en una lejana década de los 50 quedo CASI despoblado.
250 personas llegaron a vivir aquí. De entre todos esos habitantes, a día de hoy, tan solo uno de ellos permanece en el pueblo. Lo pude comprobar en el año 2017 cuando realicé mi exploración, al poder oír los sonidos de su transistor escapar entre los muros y puertas de su vivienda. Y en el año 2022, tras mi segunda incursión en el lugar, ahí seguía, estoico y resistente. ¡BRAVO!
El núcleo se encuentra separado en un total de dos barrios. El primero de ellos recibe el nombre del barrio bajo, el cual, como bien habréis deducido, se encuentra en la parte de abajo del pueblo y es el que nos recibe. Tras un pequeño giro, llegamos al barrio alto, el cual asciende hasta llegar a la puerta de la eclesial.
Además de los dos barrios, también podemos contar con tres calles vertebrando la población. Estas reciben el nombre de la calle baja, la calle media y la calle alta. Ajetreadas y sonoras debían ser estas vías, por las cuales, tanto los pobladores como sus animales iban y venían sin parar. Hoy, tan solo los curiosos como un servidor y el vuelo de las aves rompen un poco su monotonía.
No faltaban servicios en el pueblo. Como podemos ver en esta imagen, contaban incluso con energía eléctrica, como delatan los postes que sobresalen de la fachada de una de las casas.
Una vez hemos escalado hasta la cima del pueblo, desde el patio de su edificio eclesiástico, podemos otear las espectaculares vistas que se disponen desde ahí. Las ruinas del pueblo se tienden a nuestros pies, mientras que más allá de la carretera, podemos ver el pantano que propicio la agonía de este lugar.
La hermosa puerta de acceso a la iglesia parroquial de San Miguel. Sobre la piedra angular del arco de entrada, podemos deleitarnos con una bonita cruz grabada sobre esta. Una vez la hemos traspasado, el espectacular patio con mirador y la entrada a la iglesia nos aguardan.
Resulta sorprendente que visto el estado en él se encuentran la mayoría de edificaciones, este edificio aguante el tipo con tanto orgullo. Es una alegría poder entrar y disfrutar de su espectacular altar o sus capillas laterales. No tanto del coro, que yace en el suelo derrotado por el transcurso del tiempo.
Una vez aquí, ya no podemos ir ni más arriba ni más lejos. El campanario es inaccesible, ya que las tablas que conforman su suelo son de todo menos seguras. De las campanas ya no queda ni rastro y lo único que bate, es un viejo cartón que pende de una vieja viga. Aun así, las vistas permanecen. Son hermosas, no lo podemos negar, pero también tristes, por todo lo que conllevaron.
En la actualidad, los propietarios y sus descendientes siguen luchando para que la Confederación Hidrográfica del Ebro revierta la propiedad del lugar y así poder recuperar lo que era suyo por derecho. Sin embargo, esta continúa negándose de manera vergonzosa.
Aproximarse
a este despoblado es una mezcla de fascinación, pero a la vez de
tristeza e impotencia. Un enorme mar de color turquesa rodea las tierras
que daban cobijo a su población hace ya décadas y el verdor abundante
del sitio le dan un extra de belleza sin igual.
Todo esto estaría muy bien si no fuera porque esto no es el mar, ni tan siquiera estoy en la costa, me encuentro en los Pirineos y este océano turquesa son las aguas de un embalse que arrastraron sin compasión el futuro y la vida de varias poblaciones. Esta es la primera, estas son sus calles, esta es su historia.
Entro con sumo interés y respeto en sus silenciosas calles. La vegetación, a falta de vida humana o animal que antaño alborotaban el pueblo, ha ido conquistando sin piedad el trazado urbano plantando una alfombra verdosa a mis pies. También el interior de las casas delata el transcurrir de las décadas, ya que prácticamente todas han cedido al tiempo y las siempre presentes vegetaciones se han apoderado de ellos.
No poca gente vivió en este enorme pueblo, en total llegaron a la nada despreciable cifra de 1000 habitantes. Este sitio era completamente autosuficiente, contando con todos los servicios necesarios para subsistir y dedicado en gran manera a la agricultura. Sin embargo, la espada de Damocles pendía sobre él desde el año 1924, ya que había planeado el levantamiento de un pantano en ese mismo lugar. El estallido de la guerra civil congeló el proyecto en el tiempo, pero terminado el conflicto, este se reactivó hasta su ejecución final. El pueblo no quedó sumergido, pero si sus tierras de labranza, en las que sus animales se alimentaban. También sus viejas termas romanas, que obsequiaban con aguas sulfurosas para el tratamiento de dolencias, quedaron bajos las aguas, si bien estas reviven cada vez que el nivel baja lo suficiente. Todo lo demás fue cuestión de tiempo. Perder su medio de vida implico el paulatino abandono del pueblo, emigrando sus gentes a sitios donde pudieran tener un futuro y una vida digna. Terrible.
Sobre estas líneas, destaca uno de los edificios más modernos y altos que se pueden hallar aquí. Este cuenta con planta baja y dos alturas extras. Sobre este segundo piso, unas buhardillas coronan el edificio. Sin embargo, el estado interior es tan ruinoso que a duras penas se puede llegar al rellano que se encuentra antes de la primera planta, ya que casi todo el interior ha colapsado y los techos se encuentran peligrosamente inclinados y listos para caer.
Un pequeño rincón casi oculto entre la iglesia del pueblo y los bloques de edificios. Doy con una hermosa construcción que contiene delicados detalles rodeando tanto los dinteles de sus puertas como ventanas. Tristemente, el interior, como en el 95% de todo aquí, es impenetrable. Uno no puede más que sentir melancolía e intentar intuir a quien con gran esfuerzo creó este lienzo pétreo que lentamente se descompone. En poco tiempo, solo el recuerdo, cada vez más efímero, y las imágenes serán lo único que perduren de ello.
Una vez hemos superado la parte más densa del pueblo, los pasos me conducen hasta la mismísima plaza mayor del lugar. Rodeando a esta, una serie de edificios ruinosos, pero entre los cuales, reina con alteza la torre de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. En lo alto de esta destaca un pararrayos que protege férreamente a la impresionante veleta con cruz que en lo alto de la torre se sitúa.
Si desde esta distancia impresiona, una vez llegamos a sus aledaños, la abrumadora entrada e interior nos eleva al éxtasis con sus deliciosos arcos, recibiéndonos e invitándonos a entrar al templo eclesial. Dicho acceso se realiza por un no menos fantástico portón.
Tristemente, los fabulosos domos que coronaban este edificio cedieron a la inmisericorde gravedad y la degradación hace ya algunos lustros. De estas increíbles estructuras ya solamente podemos alcanzar a ver los ojos que dejaron en el techo. Los arcos que sustentan los restos del cielo del edificio se encuentran en un estado lamentable y tampoco tardaron mucho más en caer.
El fabuloso altar mayor se alza majestuoso ante este pequeño ser que lo observa maravillado. Sus portentosos frescos aún conservan con orgullo tanto sus formas como gran parte de la intensidad de sus colores. Falsas columnas comulgan junto con cortinas de piedra, las cuales se encuentran rindiendo pleitesía ante el ojo que todo lo ve, el ojo de dios, que destaca sobremanera por encima de todo el conjunto. Lamentablemente, toda esta magnificencia se ve empañada no solo por la degradación estructural, sino también por las estúpidas pintadas con spray que a nadie interesan ni gustan.
Finalmente, mi paseo llega a otro de los puntos de sumo interés de este pueblo. La puerta del duende, o de la bruja, este era el punto de entrada principal a este núcleo. Dicho portal forma parte de la antigua muralla que rodeaba este sitio, de la cual casi nada queda. Recibe este nombre porque cuenta la leyenda, que en las casas que la rodean se podían escuchar ruidos estremecedores de criaturas de otros mundos y dimensiones. En su momento, yo solo me escuché a mí caminando y el trinar de los pájaros.
En la actualidad y tras años de luchas incesantes, los aún actuales propietarios y sus descendientes pelean contra la administración para que las expropiaciones sean revertidas y de este modo, no solo poder acceder de regreso a sus casas, sino también dar a este pueblo lo que siempre mereció,
FUTURO Y DIGNIDAD.
No solo deshabitado sufrió la embestida del agua, junto a él otros dos núcleos más fueron vilmente profanados (ENTRE OTROS) por el despreciable gobierno de entonces. No marchéis muy lejos, porque las próximas entradas estarán dedicadas a estos hermosos e interesantes pueblos.
Hasta aquí llego mi deambular por este interesante y grandioso pueblo. Prósperas tierras lo rodeaban, el futuro aquí era brillante y esperanzador, sin embargo, una vez más, el egoísmo y la estupidez del ser humano hundió en la miseria a la gente y su vida. Mucha suerte.