¿Qué pasa paseantes?, es un placer poder anunciaros que en breve arrancará la tercera temporada de «Paseos por el vacío» en YouTube, con nuevas e intrépidas exploraciones en pueblos abandonados, edificios, y como no, ¡VACAS!, muchas vacas. Si mis relatos escritos os gustan y aún no lo habéis hecho, suscribíos al canal, de este modo me ayudáis no solamente a potenciarlo, sino también a que crezca.
También hay un nuevo cambio en el blog, ya que a partir de ahora podéis acceder a él a través de la dirección "www.paseosporelvacio.es", vamos, que será «CASI» lo mismo que hasta ahora, y digo casi por qué también llegará un cambio de imagen bloguero que seguro os gustará.
Así que atentos todos, que ya estoy terminando de desempolvar la maquinaria.
Gracias a todos quienes lo hacéis posible, ¡nos vemos en el próximo paseo!
Si tuviera que describir esta exploración en un castillo abandonado, con una sola palabra, esta seria ¡VÉRTIGO!, sin ningún género de dudas. Este urbex puso mis nervios y habilidades a flor de piel al ascender por una escalera sin suelo. Vamos a descubrir que hay dentro de esta torre y mis sensaciones, ¡venid!.
Si sois asiduos seguidores del blog, ya sabéis exactamente desde donde vengo y mi experiencia con la ermita más espectacular que he tenido el gusto de explorar hasta el momento. Si no habéis leído el artículo, os lo dejo enlazado aquí. Una vez caminada la distancia que separa el templo de este castillo, mis sensaciones se disparan. Ante mis ojos se eleva una gigantesca torre de aproximadamente 4 pisos de altura. En la parte más alta de la misma, vislumbramos en cada lateral un pequeño matacán, que si fuera temporada, se encontrarían custodiados por fieles cigüeñas.
Rodeándome, tanto a mí como al recinto, una no muy alta pared con almenas nos ofrece una ligera protección, mientras que en el gran patio al que cobija, observamos innumerables cuadras y edificios. Todas estas construcciones se encuentran en un estado bastante precario, sin embargo, las cuadras parecen mantener un mejor estado que los otros edificios, que parecía, estuvieran destinados a los sirvientes.
Ya podemos ver la inmensa cuadra, sustentada esta por una gran multitud de hercúleas columnas que dan sujeción al techo de la misma. No parece estar en un estado muy malo. Las vigas no aparentaban mucho cansancio. Quizás alguna reforma, no muy lejana en el tiempo, saneó estos elementos, proporcionándoles un tiempo de vida extra.
Sin embargo, la parte más intensa de este urbex se encuentra en su edificio principal. Destacando en él, el arco que da forma a la puerta de entrada, encalado en blanco y a juego con el escudo familiar que pende entre un tragaluz y el acceso a la torre. Los orígenes de este castillo parecen remontarse al siglo XV, construido en la misma dehesa de la que adopta el nombre, el de una arraigada familia que adopto un papel realmente activo en la reconquista de la zona. Hablamos del año 1229.
Imagen en detalle del escudo que se encuentra entre uno de los tragaluces y la entrada al edificio. Destaca su reluciente color blanquecino en comparación con las diferentes tonalidades en las que los sillares y los mampuestos tiñen el conjunto.
Detalles del interior de la torre. A la izquierda una puerta nos lleva a una gran sala, que posiblemente realizara las labores de cocina. Otra estancia se encontraría tras esa, en la actualidad completamente devastada. A la derecha el portal nos otorga acceso a la primera planta del edificio, aunque un cartel nos invita a no subir por la escalera de caracol. Más a la derecha, otra puerta, que parece condenada por algún motivo, pues sobre ella, ya podemos ver lo que antaño pudiera ser una antigua escalera.
Tomamos la puerta a la izquierda, que nos conduce a esta estancia. Como ya comente, muy posiblemente se tratara esta sala de la cocina, o al menos esa enorme chimenea quiere sugerirme. Por supuesto, puedo estar errado. Las vigas que daban sustentación al techo ya cayeron hace tiempo. Una de ellas, se asoma con curiosidad por una de las ventanas.
Techo de la sala contigua. Ya podemos darnos cuenta de que las vigas y el techo brillan por su ausencia. Sin embargo, esto nos permite observar parte de la torre por uno de sus laterales y ver otro de los múltiples matacanes que flanqueaban la estructura. Es el momento ahora de dar media vuelta y regresar al cuerpo principal de la fortaleza.
La advertencia es bien clara, «NO SUBIR AL TORREÓN PELIGRO DE HUNDIMIENTO». Llegados a este punto, uno puede dar media vuelta sobre sí mismo y regresar por donde ha venido, o avanzar un poco más por la estructura que se abre ante nosotros. Nuevamente, me veo obligado a advertir de que aquí, la precaución, es nuestra mayor aliada. Las escaleras que desde la puerta parten, se encuentran prácticamente sepultadas por décadas de suciedad, lo cual dificulta un poco el ascenso hasta lo que debió ser el salón principal de la torre. Arriba del todo, la entrada a la fantástica escalera de caracol que conduce hasta la cumbre.
Cuando ya he avanzado hasta la sala empiezo a comprender muchas cosas, la mera visión de todo en conjunto me abre los ojos. ¿Techos?, ninguno. Están todos completamente vencidos bajo mis pies. Con el paso de los años fueron cayendo, solo pequeñas partes de los mismos, imposibles de alcanzar, se encuentran aun pendiendo en el vacío. Desde mi posición, alcanzo a ver incluso la parte más alta de la torre. Sin duda, me estaba pensando seriamente proceder al ascenso.
Esta es la escalera de caracol que discurre por el lateral de la torre y nos elevara unos cuantos metros sobre el suelo, para, de este modo, descubrir los entresijos ocultos del castillo. ¿La tomaré?, al principio de mi historia como explorador, seguro que habríais dicho que no, pero aquí hemos venido a jugar, ¡al turrón!
Primer nivel, junto al marco de la puerta, el vacío es lo único que veo. El suelo ya no está presente, sin embargo, al fondo podemos ver las estancias que completan la altura.
Segundo piso, el cual cuenta con una distribución exacta a la anterior; sin embargo, en este caso, a la izquierda, vemos una ventana con sus persianas y unos agradables bancos en los que antaño, quienes residieran aquí, debieron usar en innumerables ocasiones para disfrutar la vista y descansar.
Último piso, trampa mortal. La caída es notoriamente importante y letal de necesidad. Una vez más vemos que justamente la parte del firme junto a la escalera se desprendía al abismo. Un resbalón a estas alturas es fatal. Debo confesar que subir la escalera de esta torre abandonada no me produjo tanto vértigo como su descenso. Y es que los escalones se encuentran totalmente enterrados en excrementos y suciedad. La subida es relativamente sencilla, pero a la hora de bajar, y sin el calzado o el cuidado adecuado, como antes he mencionado, un resbalón podría dar con nuestros huesos 3 pisos más abajo, ahí, SI SENTÍ ESTRÉS.
Finalmente, alcanzo la parte superior de la edificación. Sin embargo, encuentro un obstáculo insalvable que ya podemos ver. Una cigüeña optó por construir su nido, justo en el hueco de la escalera, obstruyendo esta e imposibilitando salir al exterior del edificio. De todos modos, vamos a ser claros, ¿salir fuera?, no vale la pena. Aun así, aquí un servidor guardaba un as en la manga.
Arriba del todo, podemos ver como el nido bloquea la salida al exterior. Este se encuentra acompañad por otro nido justo sobre mi cabeza mientras, al fondo, otro par de estos aguardan el regreso de sus correspondientes cigüeñas. Techo de uralita, la cual fue instalada en la reforma que se realizó al lugar hace décadas y que debido precisamente al peso de los nidos y sus aves, amenaza con desmoronarse en cualquier instante. Una exploración intensa y vertiginosa la que hemos efectuado hoy. Me voy contento y satisfecho. El día va llegando a su fin y debo desandar todo lo caminado. Espero que hayáis disfrutado casi tanto como yo.
Como si un sapo fuera, en medio de una charca, inicio mi exploración en esta preciosa ermita abandonada, cuya máxima belleza se encuentra en su interior. Tristemente, como si de un terrón de azúcar se tratara, esta se deshace lenta y agónicamente. ¿Se salvará, o esta maravilla esta condenada a desaparecer para siempre?
Llegar hasta este lugar en concreto fue una auténtica delicia. El camino, que transcurre en una dehesa, se encuentra interminablemente salpicado de naturaleza, belleza y sitios interesantes para explorar. Mi destino del día pasaba obligadamente por esta antigua ermita abandonada, que tristemente languidece mientras las ponzoñosas aguas de la charca en la que se encuentra, la van devorando lentamente desde abajo.
Pero en cuanto uno se asoma al interior, por alguna de las múltiples oquedades que hay en su pared, se da cuenta de que la belleza de esta estructura se encuentra en su interior. Este se encuentra totalmente inundado y una serie de arcos intentan mantener, con más éxito del esperado, la estabilidad del edificio. Al fondo, a la derecha, la perspectiva nos permite intuir lo que hace tan especial a la ermita.
La entrada al templo solamente se puede realizar por la zona posterior, a la altura del coro. Este ya lo podemos ver delicadamente decorado con innumerables frescos en sus muros, tanto interiores como exteriores. A la izquierda, una pequeña capillita también nos aguarda con innumerables sorpresas. Sin embargo, ya podemos intuir, entre los muros derruidos y las grietas, que el futuro de este increíble edificio está más que en peligro.
La construcción data posiblemente del siglo XIV y se encuentra en los mismos terrenos que el castillo que visitaremos en el próximo artículo. Es, por tanto, que se deduce que este era un lugar de culto privado y que su levantamiento, debido a lo inundable de la zona, pudiera darse en uno de los aljibes de la fortaleza.
Tanto en su fachada y en su interior, como estamos disfrutando ahora,
encontramos innumerables frescos del pintor Juan de Ribera, datadas del año 1565. Lastimosamente, la degradación del edificio por la salvaje humedad que las aguas a sus pies provoca, la erosión y el mismo paso del tiempo, están destruyendo sin ningún tipo de contemplación estas verdaderas joyas de manera irreversible.
Plano contrapicado de la diminuta capilla lateral. En ella podemos ver una hermosa representación del descenso de Cristo del Calvario, mientras, en lo alto del cielo, Dios observa atento todo lo que sucede bajo él. Fijémonos en la salvaje cantidad de humedad y moho que recubre todas las paredes, engullendo las pinturas sin ningún miramiento. Excesiva preocupación levanta también esa enorme grieta que recorre la estancia de techo a suelo. Todo el edificio reclama una intervención urgente o desaparecerá bajo el barro de la charca.
Otra hermosa estampa corona el acceso al coro de la estructura, salpicando con una nueva imagen bíblica la entrada al edificio. Cuidado con las cabezas, no hace falta ser alto, lo sé por experiencia.
El apabullante interior del templo colapsa mis sentidos y mi mente. Una pequeña pasarela pedregosa recorre la estructura de un lado a otro. Esta se ve limitada por las paredes y uno de los arcos. Mientras, en todo su recorrido, otro sin fin de frescos observa al osado paseante que pierde la noción del tiempo y la realidad entre tanto arte y belleza. Eso sí, un ojo al suelo hay que tenerlo siempre, ¿vale?
En más detalle, arco en el lateral izquierdo de la entrada. Un ángel rodeado de innumerables detalles. En la pared de la derecha, inscripciones en latín y escenas de caza. Parece mentira que casi 500 años después de ser estampadas en la pared, tras todo lo sufrido en este lugar, aún se conserven con cierta dignidad los colores y las formas.
Prosigo mi recorrido por la zona superior del templo y disfrutando de sus frescos. Unos se encuentran en mejor estado que otros. Llama la atención que prácticamente ninguna de las figuras conserve los ojos. Por un lado, puede ser vulgar vandalismo, por otra parte, cuentan que antiguamente los pastores se refugiaban aquí con el ganado y que al no soportar las miradas de las imágenes, estos dañaron los ojos de las pinturas para que «no les observaran».
Punto de vista opuesto al que hemos tenido antes. En esta ocasión el arco cae a nuestra derecha, donde podemos disfrutar de más figuras angelicales y formas orgánicas. Al fondo vemos como las verdosas aguas aún invaden el interior del templo. También la construcción combinada entre sillares y mampostería.
Esta hermosa obra de arte se desintegra lentamente y desaparece como la luz de una pequeña bombilla bajo el sol del mediodía. Pocos días antes de mi visita, parte de la cubierta ya sufrió un derrumbe, dañando todavía más la maltrecha ermita. ¿La salvación?, no sé si llegará. Tengo conocimiento que se iban a iniciar labores de asentamiento, limpieza y restauración allá por el año 2022, ¿llegan a tiempo?, no lo sé. Pero sería una vergüenza peder todo este inmenso patrimonio. Mientras, bajo los arcos del templo, al fondo, se divisa lo que será la próxima exploración. El castillo abandonado al que pertenece este edificio.
¡Que de tiempo llevaba queriendo ir a explorar el convento que sobre esta imagen aparece! Y menuda gran decepción me llevé cuando estando a las puertas del mismo me di cuenta de que no podía pasar a su interior. Me faltó algo de malicia, que ya tengo a día de hoy, pero aun así, valió la pena visitarlo. ¡Te cuento!
En uno de los impresionantes contrafuertes que otorgan estabilidad a la estructura, podemos observar un inmenso escudo esculpido en él. A la derecha de este, la puerta de acceso al interior del edificio ya nos advierte que no podemos pasar, que está en obras. Un candado termina de ponerme las cosas claras, y aunque desde el muro más a la derecha podía saltar, pequé de buenazo... si es que soy un angelito del cielo.
Sin embargo, sí que tengo un poco de puñetería, y eso no fue nada que no pudiera apañar con el palo selfie y la cámara 360º, que me permitieron desde esa puerta poder capturar algunas instantáneas del interior. A pesar de ello, me supo a poco, porque capturar video o tomar fotos está bien, pero ya sabemos quienes nos gusta explorar, que la verdadera emoción y las sensaciones se encuentran almacenadas entre los muros. ¿Habrá que volver un día, no?
Vista desde el muro. ¡Que ganas de saltarlo tenía!. Podemos ver desde él, el lateral decadente del templo. Este edificio se remonta hasta el siglo XV, siendo fundado en 1476 por la orden Franciscana. No conoció este lugar el abandono en casi 400 años, hasta que en 1835, con la desamortización de Mendizabal, sus monjes serían obligados a abandonarlo. Desde ese momento, la decadencia invadió el templo que fue languideciendo al paso del tiempo y los saqueos. Como el que se dio en el mismo en el año 1843, cuando se corrió el bulo que entre sus paredes se encontraban innumerables riquezas, y tras el cual, el edificio quedo prácticamente en ruinas.
Uno de los pocos accesos que encontré. Tampoco me hice muchas ilusiones porque no iría a ninguna parte. Una única sala esperaba en su interior. Con el transcurrir de los tiempos, y el paso del edificio de mano en mano, los antiguos propietarios decidieron hacer donación de este espectacular convento al correspondiente gobierno. Este invertiría en él para realizar una serie de labores de limpieza y consolidación del inmueble.
Ya dentro de esa pequeña estancia, poco pude ver. Destacaban los arcos que daban estabilidad a las paredes y esa cruz, que no sé si se trata de un garabato de alguien aburrido o si realmente lleva años ahí. En verdad, esta jornada que nos centra hoy, no fue precisamente afortunada para mí, en lo que a exploraciones se refiere. Intente alcanzar una serie de destinos extra que guardaba en la recámara por si alguno me fallaba, y para más INRI, ¡en ninguno de ellos alcance el éxito! ¿Se repetiría esta fórmula en los próximos destinos que iba a turronear?. Está claro que cuando uno se dedica al urbex, está a expensas de estos resultados. A veces fallas, ¡en otras encuentras fortuna y gloria!
Fue la mera casualidad que quiso que me topara con este castillo sumergido en las aguas de un pantano. Y fue la mera casualidad la que quiso que ni tanto este edificio, ni el siguiente, pudiera explorarlos. ¡Te cuento lo que sucedió a continuación!
La carretera que había tomado me llevaba hasta la mismísima puerta de un convento. Sin embargo, frente a una enorme señal de STOP, como si de una señal divina se tratara, apareció emergiendo de las aguas de este pantano, la estilizada torre de este castillo. ¿Quién era yo para no acercarme a explorar?. Ya desde arriba pude imaginarme que sería incapaz de llegar hasta ella, pero bien valía sacar la cámara y tomar unas fotos. El dron no... que estaba en el maletero del coche y era todo un esfuerzo abrir la puerta. 🤦🏻♂️
La acuática fortaleza que nos trae aquí en esta ocasión, es de origen árabe y si bien no he sido capaz de encontrar información sobre el siglo de construcción, supongo que del siglo X, si he podido informarme que fue tomada por el ejército cristiano en el 1167, aunque no se consolidaría su dominio hasta 1225. Posteriormente, la fortaleza será obsequiada a la orden de los templarios en muestra de agradecimiento, disputándose su propiedad a lo largo de los siglos hasta que fuera abandonada.
En el año 1969 se inundaría el pantano en el cual, se encuentra dicho castillo. Desde tal momento la degradación de la estructura será máxima, más teniendo en cuenta la fuerte erosión que debe sufrir debido a las aguas que la rodean e inundan constantemente. Es una lástima que otro pedazo importante de patrimonio languidezca a su suerte y el capricho de las aguas. Sin embargo, no es el único, ni tan siquiera bajo las aguas de este pantano, pues poblados y puentes diseñados por nada más que Eiffel se encuentran compartiendo destino y aguas con esta fortaleza. Una verdadera lástima insalvable.