Si tuviera que describir esta exploración en un castillo abandonado, con una sola palabra, esta seria ¡VÉRTIGO!, sin ningún género de dudas. Este urbex puso mis nervios y habilidades a flor de piel al ascender por una escalera sin suelo. Vamos a descubrir que hay dentro de esta torre y mis sensaciones, ¡venid!.
Si sois asiduos seguidores del blog, ya sabéis exactamente desde donde vengo y mi experiencia con la ermita más espectacular que he tenido el gusto de explorar hasta el momento. Si no habéis leído el artículo, os lo dejo enlazado aquí. Una vez caminada la distancia que separa el templo de este castillo, mis sensaciones se disparan. Ante mis ojos se eleva una gigantesca torre de aproximadamente 4 pisos de altura. En la parte más alta de la misma, vislumbramos en cada lateral un pequeño matacán, que si fuera temporada, se encontrarían custodiados por fieles cigüeñas.
Rodeándome, tanto a mí como al recinto, una no muy alta pared con almenas nos ofrece una ligera protección, mientras que en el gran patio al que cobija, observamos innumerables cuadras y edificios. Todas estas construcciones se encuentran en un estado bastante precario, sin embargo, las cuadras parecen mantener un mejor estado que los otros edificios, que parecía, estuvieran destinados a los sirvientes.
Ya podemos ver la inmensa cuadra, sustentada esta por una gran multitud de hercúleas columnas que dan sujeción al techo de la misma. No parece estar en un estado muy malo. Las vigas no aparentaban mucho cansancio. Quizás alguna reforma, no muy lejana en el tiempo, saneó estos elementos, proporcionándoles un tiempo de vida extra.
Sin embargo, la parte más intensa de este urbex se encuentra en su edificio principal. Destacando en él, el arco que da forma a la puerta de entrada, encalado en blanco y a juego con el escudo familiar que pende entre un tragaluz y el acceso a la torre. Los orígenes de este castillo parecen remontarse al siglo XV, construido en la misma dehesa de la que adopta el nombre, el de una arraigada familia que adopto un papel realmente activo en la reconquista de la zona. Hablamos del año 1229.
Imagen en detalle del escudo que se encuentra entre uno de los tragaluces y la entrada al edificio. Destaca su reluciente color blanquecino en comparación con las diferentes tonalidades en las que los sillares y los mampuestos tiñen el conjunto.
Detalles del interior de la torre. A la izquierda una puerta nos lleva a una gran sala, que posiblemente realizara las labores de cocina. Otra estancia se encontraría tras esa, en la actualidad completamente devastada. A la derecha el portal nos otorga acceso a la primera planta del edificio, aunque un cartel nos invita a no subir por la escalera de caracol. Más a la derecha, otra puerta, que parece condenada por algún motivo, pues sobre ella, ya podemos ver lo que antaño pudiera ser una antigua escalera.
Tomamos la puerta a la izquierda, que nos conduce a esta estancia. Como ya comente, muy posiblemente se tratara esta sala de la cocina, o al menos esa enorme chimenea quiere sugerirme. Por supuesto, puedo estar errado. Las vigas que daban sustentación al techo ya cayeron hace tiempo. Una de ellas, se asoma con curiosidad por una de las ventanas.
Techo de la sala contigua. Ya podemos darnos cuenta de que las vigas y el techo brillan por su ausencia. Sin embargo, esto nos permite observar parte de la torre por uno de sus laterales y ver otro de los múltiples matacanes que flanqueaban la estructura. Es el momento ahora de dar media vuelta y regresar al cuerpo principal de la fortaleza.
La advertencia es bien clara, «NO SUBIR AL TORREÓN PELIGRO DE HUNDIMIENTO». Llegados a este punto, uno puede dar media vuelta sobre sí mismo y regresar por donde ha venido, o avanzar un poco más por la estructura que se abre ante nosotros. Nuevamente, me veo obligado a advertir de que aquí, la precaución, es nuestra mayor aliada. Las escaleras que desde la puerta parten, se encuentran prácticamente sepultadas por décadas de suciedad, lo cual dificulta un poco el ascenso hasta lo que debió ser el salón principal de la torre. Arriba del todo, la entrada a la fantástica escalera de caracol que conduce hasta la cumbre.
Cuando ya he avanzado hasta la sala empiezo a comprender muchas cosas, la mera visión de todo en conjunto me abre los ojos. ¿Techos?, ninguno. Están todos completamente vencidos bajo mis pies. Con el paso de los años fueron cayendo, solo pequeñas partes de los mismos, imposibles de alcanzar, se encuentran aun pendiendo en el vacío. Desde mi posición, alcanzo a ver incluso la parte más alta de la torre. Sin duda, me estaba pensando seriamente proceder al ascenso.
Esta es la escalera de caracol que discurre por el lateral de la torre y nos elevara unos cuantos metros sobre el suelo, para, de este modo, descubrir los entresijos ocultos del castillo. ¿La tomaré?, al principio de mi historia como explorador, seguro que habríais dicho que no, pero aquí hemos venido a jugar, ¡al turrón!
Primer nivel, junto al marco de la puerta, el vacío es lo único que veo. El suelo ya no está presente, sin embargo, al fondo podemos ver las estancias que completan la altura.
Segundo piso, el cual cuenta con una distribución exacta a la anterior; sin embargo, en este caso, a la izquierda, vemos una ventana con sus persianas y unos agradables bancos en los que antaño, quienes residieran aquí, debieron usar en innumerables ocasiones para disfrutar la vista y descansar.
Último piso, trampa mortal. La caída es notoriamente importante y letal de necesidad. Una vez más vemos que justamente la parte del firme junto a la escalera se desprendía al abismo. Un resbalón a estas alturas es fatal. Debo confesar que subir la escalera de esta torre abandonada no me produjo tanto vértigo como su descenso. Y es que los escalones se encuentran totalmente enterrados en excrementos y suciedad. La subida es relativamente sencilla, pero a la hora de bajar, y sin el calzado o el cuidado adecuado, como antes he mencionado, un resbalón podría dar con nuestros huesos 3 pisos más abajo, ahí, SI SENTÍ ESTRÉS.
Finalmente, alcanzo la parte superior de la edificación. Sin embargo, encuentro un obstáculo insalvable que ya podemos ver. Una cigüeña optó por construir su nido, justo en el hueco de la escalera, obstruyendo esta e imposibilitando salir al exterior del edificio. De todos modos, vamos a ser claros, ¿salir fuera?, no vale la pena. Aun así, aquí un servidor guardaba un as en la manga.
Arriba del todo, podemos ver como el nido bloquea la salida al exterior. Este se encuentra acompañad por otro nido justo sobre mi cabeza mientras, al fondo, otro par de estos aguardan el regreso de sus correspondientes cigüeñas. Techo de uralita, la cual fue instalada en la reforma que se realizó al lugar hace décadas y que debido precisamente al peso de los nidos y sus aves, amenaza con desmoronarse en cualquier instante. Una exploración intensa y vertiginosa la que hemos efectuado hoy. Me voy contento y satisfecho. El día va llegando a su fin y debo desandar todo lo caminado. Espero que hayáis disfrutado casi tanto como yo.


















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