Como si un sapo fuera, en medio de una charca, inicio mi exploración en esta preciosa ermita abandonada, cuya máxima belleza se encuentra en su interior. Tristemente, como si de un terrón de azúcar se tratara, esta se deshace lenta y agónicamente. ¿Se salvará, o esta maravilla esta condenada a desaparecer para siempre?
Llegar hasta este lugar en concreto fue una auténtica delicia. El camino, que transcurre en una dehesa, se encuentra interminablemente salpicado de naturaleza, belleza y sitios interesantes para explorar. Mi destino del día pasaba obligadamente por esta antigua ermita abandonada, que tristemente languidece mientras las ponzoñosas aguas de la charca en la que se encuentra, la van devorando lentamente desde abajo.
Pero en cuanto uno se asoma al interior, por alguna de las múltiples oquedades que hay en su pared, se da cuenta de que la belleza de esta estructura se encuentra en su interior. Este se encuentra totalmente inundado y una serie de arcos intentan mantener, con más éxito del esperado, la estabilidad del edificio. Al fondo, a la derecha, la perspectiva nos permite intuir lo que hace tan especial a la ermita.
La entrada al templo solamente se puede realizar por la zona posterior, a la altura del coro. Este ya lo podemos ver delicadamente decorado con innumerables frescos en sus muros, tanto interiores como exteriores. A la izquierda, una pequeña capillita también nos aguarda con innumerables sorpresas. Sin embargo, ya podemos intuir, entre los muros derruidos y las grietas, que el futuro de este increíble edificio está más que en peligro.
La construcción data posiblemente del siglo XIV y se encuentra en los mismos terrenos que el castillo que visitaremos en el próximo artículo. Es, por tanto, que se deduce que este era un lugar de culto privado y que su levantamiento, debido a lo inundable de la zona, pudiera darse en uno de los aljibes de la fortaleza.
Tanto en su fachada y en su interior, como estamos disfrutando ahora,
encontramos innumerables frescos del pintor Juan de Ribera, datadas del año 1565. Lastimosamente, la degradación del edificio por la salvaje humedad que las aguas a sus pies provoca, la erosión y el mismo paso del tiempo, están destruyendo sin ningún tipo de contemplación estas verdaderas joyas de manera irreversible.
Plano contrapicado de la diminuta capilla lateral. En ella podemos ver una hermosa representación del descenso de Cristo del Calvario, mientras, en lo alto del cielo, Dios observa atento todo lo que sucede bajo él. Fijémonos en la salvaje cantidad de humedad y moho que recubre todas las paredes, engullendo las pinturas sin ningún miramiento. Excesiva preocupación levanta también esa enorme grieta que recorre la estancia de techo a suelo. Todo el edificio reclama una intervención urgente o desaparecerá bajo el barro de la charca.
Otra hermosa estampa corona el acceso al coro de la estructura, salpicando con una nueva imagen bíblica la entrada al edificio. Cuidado con las cabezas, no hace falta ser alto, lo sé por experiencia.
El apabullante interior del templo colapsa mis sentidos y mi mente. Una pequeña pasarela pedregosa recorre la estructura de un lado a otro. Esta se ve limitada por las paredes y uno de los arcos. Mientras, en todo su recorrido, otro sin fin de frescos observa al osado paseante que pierde la noción del tiempo y la realidad entre tanto arte y belleza. Eso sí, un ojo al suelo hay que tenerlo siempre, ¿vale?
En más detalle, arco en el lateral izquierdo de la entrada. Un ángel rodeado de innumerables detalles. En la pared de la derecha, inscripciones en latín y escenas de caza. Parece mentira que casi 500 años después de ser estampadas en la pared, tras todo lo sufrido en este lugar, aún se conserven con cierta dignidad los colores y las formas.
Prosigo mi recorrido por la zona superior del templo y disfrutando de sus frescos. Unos se encuentran en mejor estado que otros. Llama la atención que prácticamente ninguna de las figuras conserve los ojos. Por un lado, puede ser vulgar vandalismo, por otra parte, cuentan que antiguamente los pastores se refugiaban aquí con el ganado y que al no soportar las miradas de las imágenes, estos dañaron los ojos de las pinturas para que «no les observaran».
Punto de vista opuesto al que hemos tenido antes. En esta ocasión el arco cae a nuestra derecha, donde podemos disfrutar de más figuras angelicales y formas orgánicas. Al fondo vemos como las verdosas aguas aún invaden el interior del templo. También la construcción combinada entre sillares y mampostería.
Esta hermosa obra de arte se desintegra lentamente y desaparece como la luz de una pequeña bombilla bajo el sol del mediodía. Pocos días antes de mi visita, parte de la cubierta ya sufrió un derrumbe, dañando todavía más la maltrecha ermita. ¿La salvación?, no sé si llegará. Tengo conocimiento que se iban a iniciar labores de asentamiento, limpieza y restauración allá por el año 2022, ¿llegan a tiempo?, no lo sé. Pero sería una vergüenza peder todo este inmenso patrimonio. Mientras, bajo los arcos del templo, al fondo, se divisa lo que será la próxima exploración. El castillo abandonado al que pertenece este edificio.














No hay comentarios:
Publicar un comentario
Que tus palabras sean mas bellas que tu silencio.