A unos pocos kilómetros de nuestra anterior exploración, la carretera nos conduce hasta otra de las tristemente abandonadas villas del lugar. Sobre estas líneas, disponéis del pequeño documento que grabe en sus calles hace unos años.
Gran tamaño el de este sitio, el cual se encarama sobre la pequeña colina que lo acoge como una enredadera al tronco de un árbol. En el cenit, la imponente iglesia, que más tarde visitaremos, se hace notar desde la distancia.
La construcción del pantano que engulló sus tierras de cultivo y pastoreo, precipitó el decrepitar del pueblo, sembrando sus calles de esqueletos metafóricos en forma de edificios. Lentamente, el sitio fue vaciándose, hasta que en una lejana década de los 50 quedo CASI despoblado.
250 personas llegaron a vivir aquí. De entre todos esos habitantes, a día de hoy, tan solo uno de ellos permanece en el pueblo. Lo pude comprobar en el año 2017 cuando realicé mi exploración, al poder oír los sonidos de su transistor escapar entre los muros y puertas de su vivienda. Y en el año 2022, tras mi segunda incursión en el lugar, ahí seguía, estoico y resistente. ¡BRAVO!
El núcleo se encuentra separado en un total de dos barrios. El primero de ellos recibe el nombre del barrio bajo, el cual, como bien habréis deducido, se encuentra en la parte de abajo del pueblo y es el que nos recibe. Tras un pequeño giro, llegamos al barrio alto, el cual asciende hasta llegar a la puerta de la eclesial.
Además de los dos barrios, también podemos contar con tres calles vertebrando la población. Estas reciben el nombre de la calle baja, la calle media y la calle alta. Ajetreadas y sonoras debían ser estas vías, por las cuales, tanto los pobladores como sus animales iban y venían sin parar. Hoy, tan solo los curiosos como un servidor y el vuelo de las aves rompen un poco su monotonía.
No faltaban servicios en el pueblo. Como podemos ver en esta imagen, contaban incluso con energía eléctrica, como delatan los postes que sobresalen de la fachada de una de las casas.
Una vez hemos escalado hasta la cima del pueblo, desde el patio de su edificio eclesiástico, podemos otear las espectaculares vistas que se disponen desde ahí. Las ruinas del pueblo se tienden a nuestros pies, mientras que más allá de la carretera, podemos ver el pantano que propicio la agonía de este lugar.
La hermosa puerta de acceso a la iglesia parroquial de San Miguel. Sobre la piedra angular del arco de entrada, podemos deleitarnos con una bonita cruz grabada sobre esta. Una vez la hemos traspasado, el espectacular patio con mirador y la entrada a la iglesia nos aguardan.
Resulta sorprendente que visto el estado en él se encuentran la mayoría de edificaciones, este edificio aguante el tipo con tanto orgullo. Es una alegría poder entrar y disfrutar de su espectacular altar o sus capillas laterales. No tanto del coro, que yace en el suelo derrotado por el transcurso del tiempo.
Una vez aquí, ya no podemos ir ni más arriba ni más lejos. El campanario es inaccesible, ya que las tablas que conforman su suelo son de todo menos seguras. De las campanas ya no queda ni rastro y lo único que bate, es un viejo cartón que pende de una vieja viga. Aun así, las vistas permanecen. Son hermosas, no lo podemos negar, pero también tristes, por todo lo que conllevaron.
En la actualidad, los propietarios y sus descendientes siguen luchando para que la Confederación Hidrográfica del Ebro revierta la propiedad del lugar y así poder recuperar lo que era suyo por derecho. Sin embargo, esta continúa negándose de manera vergonzosa.
Aproximarse
a este despoblado es una mezcla de fascinación, pero a la vez de
tristeza e impotencia. Un enorme mar de color turquesa rodea las tierras
que daban cobijo a su población hace ya décadas y el verdor abundante
del sitio le dan un extra de belleza sin igual.
Todo esto estaría muy bien si no fuera porque esto no es el mar, ni tan siquiera estoy en la costa, me encuentro en los Pirineos y este océano turquesa son las aguas de un embalse que arrastraron sin compasión el futuro y la vida de varias poblaciones. Esta es la primera, estas son sus calles, esta es su historia.
Entro con sumo interés y respeto en sus silenciosas calles. La vegetación, a falta de vida humana o animal que antaño alborotaban el pueblo, ha ido conquistando sin piedad el trazado urbano plantando una alfombra verdosa a mis pies. También el interior de las casas delata el transcurrir de las décadas, ya que prácticamente todas han cedido al tiempo y las siempre presentes vegetaciones se han apoderado de ellos.
No poca gente vivió en este enorme pueblo, en total llegaron a la nada despreciable cifra de 1000 habitantes. Este sitio era completamente autosuficiente, contando con todos los servicios necesarios para subsistir y dedicado en gran manera a la agricultura. Sin embargo, la espada de Damocles pendía sobre él desde el año 1924, ya que había planeado el levantamiento de un pantano en ese mismo lugar. El estallido de la guerra civil congeló el proyecto en el tiempo, pero terminado el conflicto, este se reactivó hasta su ejecución final. El pueblo no quedó sumergido, pero si sus tierras de labranza, en las que sus animales se alimentaban. También sus viejas termas romanas, que obsequiaban con aguas sulfurosas para el tratamiento de dolencias, quedaron bajos las aguas, si bien estas reviven cada vez que el nivel baja lo suficiente. Todo lo demás fue cuestión de tiempo. Perder su medio de vida implico el paulatino abandono del pueblo, emigrando sus gentes a sitios donde pudieran tener un futuro y una vida digna. Terrible.
Sobre estas líneas, destaca uno de los edificios más modernos y altos que se pueden hallar aquí. Este cuenta con planta baja y dos alturas extras. Sobre este segundo piso, unas buhardillas coronan el edificio. Sin embargo, el estado interior es tan ruinoso que a duras penas se puede llegar al rellano que se encuentra antes de la primera planta, ya que casi todo el interior ha colapsado y los techos se encuentran peligrosamente inclinados y listos para caer.
Un pequeño rincón casi oculto entre la iglesia del pueblo y los bloques de edificios. Doy con una hermosa construcción que contiene delicados detalles rodeando tanto los dinteles de sus puertas como ventanas. Tristemente, el interior, como en el 95% de todo aquí, es impenetrable. Uno no puede más que sentir melancolía e intentar intuir a quien con gran esfuerzo creó este lienzo pétreo que lentamente se descompone. En poco tiempo, solo el recuerdo, cada vez más efímero, y las imágenes serán lo único que perduren de ello.
Una vez hemos superado la parte más densa del pueblo, los pasos me conducen hasta la mismísima plaza mayor del lugar. Rodeando a esta, una serie de edificios ruinosos, pero entre los cuales, reina con alteza la torre de la iglesia parroquial de San Miguel Arcángel. En lo alto de esta destaca un pararrayos que protege férreamente a la impresionante veleta con cruz que en lo alto de la torre se sitúa.
Si desde esta distancia impresiona, una vez llegamos a sus aledaños, la abrumadora entrada e interior nos eleva al éxtasis con sus deliciosos arcos, recibiéndonos e invitándonos a entrar al templo eclesial. Dicho acceso se realiza por un no menos fantástico portón.
Tristemente, los fabulosos domos que coronaban este edificio cedieron a la inmisericorde gravedad y la degradación hace ya algunos lustros. De estas increíbles estructuras ya solamente podemos alcanzar a ver los ojos que dejaron en el techo. Los arcos que sustentan los restos del cielo del edificio se encuentran en un estado lamentable y tampoco tardaron mucho más en caer.
El fabuloso altar mayor se alza majestuoso ante este pequeño ser que lo observa maravillado. Sus portentosos frescos aún conservan con orgullo tanto sus formas como gran parte de la intensidad de sus colores. Falsas columnas comulgan junto con cortinas de piedra, las cuales se encuentran rindiendo pleitesía ante el ojo que todo lo ve, el ojo de dios, que destaca sobremanera por encima de todo el conjunto. Lamentablemente, toda esta magnificencia se ve empañada no solo por la degradación estructural, sino también por las estúpidas pintadas con spray que a nadie interesan ni gustan.
Finalmente, mi paseo llega a otro de los puntos de sumo interés de este pueblo. La puerta del duende, o de la bruja, este era el punto de entrada principal a este núcleo. Dicho portal forma parte de la antigua muralla que rodeaba este sitio, de la cual casi nada queda. Recibe este nombre porque cuenta la leyenda, que en las casas que la rodean se podían escuchar ruidos estremecedores de criaturas de otros mundos y dimensiones. En su momento, yo solo me escuché a mí caminando y el trinar de los pájaros.
En la actualidad y tras años de luchas incesantes, los aún actuales propietarios y sus descendientes pelean contra la administración para que las expropiaciones sean revertidas y de este modo, no solo poder acceder de regreso a sus casas, sino también dar a este pueblo lo que siempre mereció,
FUTURO Y DIGNIDAD.
No solo deshabitado sufrió la embestida del agua, junto a él otros dos núcleos más fueron vilmente profanados (ENTRE OTROS) por el despreciable gobierno de entonces. No marchéis muy lejos, porque las próximas entradas estarán dedicadas a estos hermosos e interesantes pueblos.
Hasta aquí llego mi deambular por este interesante y grandioso pueblo. Prósperas tierras lo rodeaban, el futuro aquí era brillante y esperanzador, sin embargo, una vez más, el egoísmo y la estupidez del ser humano hundió en la miseria a la gente y su vida. Mucha suerte.
Iniciamos esta entrada con el documento que publiqué en el primer video del canal de YouTube. Espero que disfrutéis tanto de este como del repor que abajo se encuentra.
Una ventosa mañana era la encargada de darme la bienvenida en este despoblado, el cual había sido el escogido por mí para arrancar mi nueva ruta de deshabitados. Un polvoriento camino, me garantizaba un cómodo acceso al núcleo urbano.
Una vez en su interior, todo el poblado se repartía en uno de los laterales del sitio, mientras que a espaldas del que escribe, se alzaba la iglesia junto con su campanario y el cementerio. ¡Empezaba la exploración!
A la derecha encontramos el ayuntamiento y el colegio. Unas festivas pancartas colgaban de cables, si bien, el viento y los portazos de su vergonzosamente violentada puerta metálica otorgaban al lugar un ambiente más bien tétrico.
Una de las casas del pueblo permitía un acceso más o menos tranquilo, aunque sin confianza. En su interior podemos observar una escalera que no llevaba a ninguna parte ya. En una de las estancias laterales, hallamos un viejo somier, con su típica cota de maya para proporcionar un cómodo descanso, así como una especie de banqueta o quizá una sencilla estantería desprovista ya de cualquier utilidad.
Hasta un total de 37 casas conformaban este pueblo en las que un máximo de 150 vecinos llegaron a residir. No se trataba, pues, de un pueblo de pequeñas dimensiones ni de pocos habitantes.
Sin embargo, a día de hoy esta población vive sumida en el silencio más absoluto, si bien, este es solamente roto por el ulular del viento y el chirriar de las viejas ventanas y puertas, que acompañan su melodía con secos golpes contra los marcos que las aprisionan intentando espantar al curioso visitante que se adentra en la urbe.
Viejas máquinas agrícolas sobreviven en el interior de algunas cuadras, las cuales a día de hoy aún conservan sus puertas y separaciones originales.
Una de las viviendas del pueblo cediendo al abuso del tiempo y el clima.
Coronando la entrada al pueblo, se encuentra la espectacular iglesia de Santa María. Ya sin entrar desprende un aire espectacular y la cual se encuentra segregada en 3 partes bien diferenciadas, siendo la nave principal y su espectacular arcada de acceso, una de las más llamativas y fotogénicas.
A la izquierda de la iglesia observamos el campanario de esta. Las campanas que repicaban a misa, hace décadas que dejaron de tañir.
Una vez hemos accedido al interior del templo obtenemos una impresionante visión de este, en el cual destacan numerosos elementos. El primero de ellos es su espectacular bóveda en la que destaca ese imponente ojo que aun hoy conserva sus hermosos colores. En el suelo, las incontables tumbas yacen violentadas y saqueadas. Y es que ni a los difuntos se respeta, una vergüenza.
A la diestra de la nave eclesial y oculto tras un tupido montón de plantas, hallamos la entrada al cementerio del pueblo, este ya exterior. Una de las tumbas nos ruega respeta por los difuntos que en él se encuentran, y con respeto, acato su decisión. Lo que vi allí, para mí se quedara.
En la zona más apartada de este lugar encontramos una de las últimas casas habitadas. Entre sus paredes encontramos una historia de coraje y tristeza. La de su último habitante, el cual en todo momento se negó a abandonar la población, convirtiéndose así no solo en un Robinson, sino también en abanderado de la despoblación en este país, ya que su caso gozo de gran popularidad, siendo este publicitado en diferentes medios de comunicación.
Sin embargo, llegaría inevitablemente el año 1994 y con él, el fallecimiento del último habitante de este pueblo. Fue encontrado por un grupo de cazadores en su casa, la que se encuentra sobre estas últimas líneas. Su puchero de comida aún se encontraba en el fuego. Desde entonces, solamente el vacío ha habitado las calles y casas de este fotogénico rincón.
Mi primera ruta descubriendo lo que eran pueblos deshabitados concluiría en uno muy revelador. De buen comienzo iba a sorprenderme, pero transcurridos los años y las experiencias, me daría cuenta de que este estado, era también el predominante en muchos núcleos abandonados, y es que a mi llegada a este lugar, lo único que prácticamente encontraría iban a ser ruinas y edificios totalmente desplomados.
Descorazonador resultó ir caminando entre todos estos cascotes, antaño edificaciones donde la gente realizaba su vida y sus labores. Un total de 19 edificios dieron forma a este sitio, el cual llegado la década de los 80 abrazó finalmente la despoblación.
Desde la parte más alta de este paraje, se puede apreciar una desoladora panorámica del sitio, y es que prácticamente todos los edificios se han derrumbado.
Un ventanal protege su intimidad acumulando cascotes junto a sus rejas de madera.
Una vez inspeccionado todo el pueblo, decido dirigirme hacia la iglesia del sitio, una de las escasas edificaciones que con dignidad se mantienen erguidas y que destaca sobre todo el conjunto urbanístico del sitio.
Adosada a la izquierda del templo, podemos encontrar lo que años atrás fue la escuela del lugar, un recinto de pequeño tamaño en el cual los alumnos se debían arremolinar y montar los típicos follones colegiales. Hoy, solo la vegetación atiende a lo que dice el incesante viento que soplaba en este lugar.
Interior del templo, es llamativo que todavía conserve el omnipresente azulete en sus paredes. El interior ya muestra enormes síntomas de fatiga estructural, con multitud de brechas recorriendo las paredes y techos del edificio. A la derecha del conjunto, destaca importantemente el pulpito y la escalera por la cual el cura ascendía para lanzar su sermón. Sin embargo, ya podemos fijarnos en que este se encontraba peligrosamente inclinado hacia la izquierda, señal de que poco tiempo debía quedarle de verticalidad.
Aquí podemos disfrutar en detalle del anteriormente mentado púlpito, de diseño sencillo y sin mucha decoración, su columna aún soporta su peso. Eso sí, sobre él, una espectacular filigrana dorada corona el lugar, aportando un pequeño extra de belleza al lugar.
En la parte izquierda del templo, destaca otra de las capillas que también conservan con dignidad sus colores y entereza. Hoy desangelada por el transcurrir de los tiempos, en su momento debió ser un rincón hermoso para visitar.
A mi espalda podemos ver la insegura y estrecha escalinata que nos otorgaría acceso al coro de la iglesia. Si bien los primeros escalones serían transitables, mi confianza en la resistencia de los siguientes era bastante escasa, por lo que opte por no ir más arriba.
Una panorámica del coro de la iglesia en su totalidad. Podemos ver ya no solamente la escalera que asciende hasta este, sino también una terrible grieta recorriendo el techo hasta este, lo cual no son signos muy halagüeños para este lugar.
Una vez observamos con detenimiento el coro, vemos que a la izquierda hay otro acceso que probablemente nos permitiría llegar hasta el campanario de la iglesia, sin embargo, los cascotes y las terroríficas grietas que transcurren por sus paredes desaconsejan cualquier intento de pisar el sitio.
La calle principal del pueblo, a través de la cual se distribuían las distintas viviendas. El tiempo no ha sido amable con este sitio, reduciéndolo a un montón de escombros entre los que únicamente destacan los supervivientes restos de una agonizante iglesia y algún que otro edificio. Del jaleo, el ruido y la vida que aquí se dio, ya no queda nada. Solo el recuerdo, solo la memoria.