viernes, 21 de julio de 2023

Exploracion en un PARAISO ABANDONADO

Últimas horas del día. Tras un arduo y bacheado camino, por fin llego a mi destino. Una preciosa aldea que se encuentra oculta entre montañas e interminables bosques bordes. ¿Cómo pudieron abandonar este hermoso paraje?. Iniciemos la exploración, vamos a descubrir la historia oculta entre sus paredes.

 
La entrada a este pueblo abandonado no puede ser más idílica. Una pequeña cuesta abajo te arrastra hasta su interior. Siempre rodeado de inmensos e interminables árboles. Cuando ya he llegado al final de la vía, un puente, que cruza un acuático riachuelo, te permite acceder al interior de la villa, que de un modo fantasmagórico se alza nuevamente colina arriba.
 
Detalle del balcón de la casa que hemos visto en la foto de arriba. Abajo se encontraban las cuadras, mientras que en las plantas superiores residían las personas. Era un sistema fantástico para mantener el calor, ya que este sé nutria también de aquel que desprendían abajo los animales. De todos modos, una chimenea también era imprescindible, y más aquí.
 
Entrada a las cuadras. Las puertas prácticamente son inexistentes y los interiores intransitables. En su interior resguardaban a las ovejas, las cabras y las vacas con las cuales desarrollaban la ganadería aquí. En mi visita, no vi de las primeras, pero a última hora, cuando ya emprendía el regreso, cierto es que el inconfundible campaneo de los cencerros vacunos rompía el silencio del lugar.
 
La calle se eleva juguetona por la cuesta que la ampara. En sus laterales, las antiguas viviendas que antaño rebosaban vida se encuentran hoy vacías. Algunas en un estado de cuasi ruina, mientras que otras, afortunadamente, han sido (o están siendo) rehabilitadas, devolviendo sus propietarios, con cariño y cuidado, la vida a este impresionante rincón. Pero, ¿por qué marcharon los antiguos residentes del pueblo?
 
Varios factores intervinieron en el abandono del este pueblo. El primero de ellos fue, como no, el clima extremo de este sitio, sufriendo inviernos muy duros. Posteriormente, los hombres del pueblo acudían a trabajar a las minas que en las inmediaciones se encontraban. Sin embargo, el largo e intransitable camino de por aquel entonces, empezó a marcar el ritmo de la despoblación de la aldea. Tristemente, el año 1971 fue el último en el que se vio vida humana aquí, pero no de un modo definitivo.

Décadas después, la decadencia de este lugar ha ido perdiendo fuelle. Varios propietarios han reconstruido y reformado sus viviendas, devolviendo la vida a este sitio. El hermoso parduzco de sus casas se mantiene, sí, pero viene acompañado de colores florales y de placas que indican quienes viven ahí. Es un alivio ver como este paraje, poco a poco, resurge y mejora. 
 
Fin de la calle. El verdoso suelo que domina todo el conjunto me dirigió a la salida del pueblo en uno de sus extremos. Frente a mí, más verde, más montañas, más paraíso. Es cierto que hoy lo vemos de modos idílicos, es lo que tiene la vida en las grandes urbes, por eso es importante no olvidar la dureza extrema que suponía la vida aquí hace ya más de cinco décadas.
 
 Un fotogénico rincón de la aldea, flanqueado por tres viviendas. En la que encontramos más a la izquierda, podemos observar como la tecnología moderna ya ha llegado y una pequeña placa solar cuelga desvergonzada de los muros de piedra. Hay que proveer de energía a la casa. Antaño contaron aquí con electricidad, pero el servicio se vio interrumpido, teniendo que regresar sus habitantes a las lumbres de las velas.
 
 Retorno lentamente sobre mis pasos para encarar la parte final de la exploración en este pueblo, que, por fortuna, ya no puedo llamar abandonado. La primera de las casas que nos recibe tras cruzar el puente es ahora de las últimas en despedirse del visitante, pero en esta ocasión, descenderé los escalones que llevan al camino que bordea el río para disfrutar de una de las visiones más apasionantes, y fantasmagóricas que este lugar ofrece. 
 
Fluyendo a los pies de los restos de esta vivienda, encontramos el cantarín caudal del río. El inacabable color verde reina por todas partes, mientras árboles, musgo y plantas domina la visión. En contraste con tanto color y vida, confrontando todo ello, aquí resiste decadente, esta vieja casa, que lentamente cede al tiempo y al desgaste. De todos los rincones que uno puede encontrar aquí, este en concreto, me robo el corazón. ¡Qué belleza!.
 
Perspectiva del pueblo desde la zona inferior de la vivienda. Bajo nuestros pies, el río fluye con tranquilidad absoluta. Al fondo, podemos ver una de las casas recuperadas con un magnífico gusto y respeto por la arquitectura de este sitio. Abajo del todo, el pueblo y su inconfundible baranda azul, nos indican la entrada y salida de la villa.
 
Ya en el camino de vuelta, a unos centenares de metros del pueblo, una de las múltiples fuentes del pueblo hace acto de presencia. En su cabecero, donde el agua brota refrescante y saciante, se marca una fecha, 1966.
 
 Antes de entrar y salir, una barrera ya nos da a entender lo que vamos a poder encontrarnos. ¡VACAS!. Y para evitar su huida y organizar, sin saberlo, unos San Fermines improvisados, nos piden que cerremos la barrera. El esfuerzo es tan mínimo, y vale tanto la pena que hay que hacerlo sin dudar. No olvidemos respetar las normas de los sitios que visitamos. Y es que la exploración en este pueblo, ya no, abandonado, es una delicia para los sentidos. Porque la calma y el musicar de la naturaleza, nos reconforta en todo momento, tanto como poder ser testigos del resurgir de este pueblo. Como me alegra encontrar sitios asi.

miércoles, 19 de julio de 2023

URBEX MILITAR en un bunker de la guerra civil

 

Un nuevo tipo de exploración urbana iba a aparecer en mi camino. Si hasta ahora me había dedicado exclusivamente a los pueblos abandonados, y ocasionalmente, había explorado las ruinas de algunos castillos, este era el momento de iniciarse en el urbex militar. ¿Y qué mejor para ello que recorriendo las ruinas de un búnker militar abandonado?


 La visita a este emplazamiento marcaba el comienzo de una nueva ruta de pueblos abandonados. Sin embargo, quise desviarme un poco de mi ruta y llegar hasta el lugar que daba cobijo a esta increíble estructura militar. No había duda de que llama la atención desde un primer vistazo. Pero, ¿cuál es el origen de este búnker?
 

lunes, 17 de julio de 2023

Un pueblo bajo el fuego

 

 Este pueblo abandonado me impacto nada más bajar del coche, y eso que aún no lo había podido ver siquiera. El olor en el ambiente invadió mi olfato súbitamente, sin avisar, sin esperar, fue todo instantáneo. Ese olor a chamusquina, a madera carbonizada, ¿incendiaron este pueblo?, venid conmigo y descubrámoslo.

Y a pesar del aroma carbónico que flotaba en el ambiente, las hermosas construcciones que articulaban las calles de la villa entregaban un extra de encanto a este sitio. Así que a pesar de mi sospecha, este lugar extendió a mis pies un infinito manto verde que me llevaría de paseo por el interior del mismo.

Una vez he doblado la esquina de la primera (y casi única) calle que aquí hay, mis sospechas quedan completamente confirmadas. Los árboles, plantas y arbustos que flanquean la vía, entregan un ennegrecido tinte oscuro, que solamente la acción del fuego puede haber llevado a cabo. Si el fuego se paseó por estas calles, me pregunto si también accedió al interior de los edificios y cuanto daño extra pudo infligir a las estructuras.

Vista elevada en una de las esquinas de la población. Ya es una advertencia de lo que me encontraré en el 95% de todas las estructuras de esta población. Las casas se encuentran totalmente derruidas, impidiendo acceder al interior de cualquiera de ellas. Me queda claro que la exploración, en este caso, va a ser únicamente externa. Lo acepto de buen grado, son los handicaps de la exploración.

Un pequeño callejón nos lleva a un diminuto rincón sin salida aparente. Al final de este encontramos la entrada a las viviendas y a lo que pudiera ser una cuadra. Sin embargo, ya lo sabía. El interior está totalmente colapsado. No pasaré, ni queriendo ni sin querer. Aquí también el rancio olor y color del fuego están presentes. Está claro que no dejo ni un rincón sin visitar. Junto a ladrones, saqueadores y vándalos, es, sin ninguna duda, la visita menos deseada.

A pesar de ello, asomo un poco la cabeza. Ya sabéis que la curiosidad ya estaba activada en mí por esta época, pero por mucho que lo deseara, era imposible entrar dentro. Las vigas partidas en mil pedazos, las plantas y los cascotes desprendidos de paredes y techos hacían inviable el avance.

Prosigue, este que aquí escribe, bordeando el pueblo. La sorpresa aparece cuando aún, con algo de inseguridad, puedo caminar por lo que antaño fuera una vivienda. Eso lo deduzco por lo poco que queda de sus paredes, desprendidas contra el suelo y de incierto pisar. A la izquierda, una chimenea me daba a entender que estaba en lo que antaño pudiera ser un salón o la cocina. El dintel de la puerta del fondo daba paso a otra estancia. Sinceramente, no sé cuál debía ser el tamaño de esta construcción, porque sí, al fondo aparece otra fachada, pero las dudas me invadían. ¿Hasta qué punto llegaba esta casa y empezaba otra?

Ya terminado mi rodeo a este pueblo, que se puede decir de todo, menos pequeño, vuelvo a dirigir mis andares hacían la entrada del mismo. Sí, había dejado para el final lo mejor de todo, la iglesia de este sitio deshabitado. Así que entre saltos de roca a roca y esquivando las carbonizadas ramas de las plantas, que parecían querer evitar mi exploración, finalmente, llegue a la puerta de la eclesial.

El hermoso portal de la iglesia nos recibe, con su arco soportando con orgullo el pasar de los siglos. A la derecha de este, podemos ver la entrada a la vieja escuela del pueblo. Aquí dentro hace ya muchos años que se acabaron las misas y las clases. Por si a uno no le queda claro, el vómito de ladrillos que escapa de la boca del templo nos lo confirma.

El interior de esta iglesia consagrada a la Natividad de Nuestra Señora es toda una belleza. Ya no soportaron más los arcos de su interior, que se encuentran derruidos en el suelo, teñidos por el verde del musgo. Sí, triste, pero hermoso, melancólico. El interior del templo desprende un aroma a nostalgia y a que cualquier tiempo pasado fue mejor, que apaga sin compasión el olor a quemado que invade el ambiente.

Restos de velas sobre una de las piedras dentro de la iglesia. Alguien, en algún momento, algún premio nobel a la tontería decidió que eso era “una buena idea”. Nótese la ironía que las comillas de la frase resaltan. Ya no digo nada más.
 
 Bonita talla, empotrada en la pared y que aún hoy me pregunto a qué podría dar sujeción. ¿A la pila de agua bendita?, ¿algún altar?.


Pero si la mirada que hemos dado hacia el altar mayor resulta impresionante, al dar media vuelta sobre mí la visión que obtengo es completamente demencial, tanto que no sé ni por donde comenzar. ¿Por el arco derruido en primer plano que ya hemos visto antes?, ¿por los restos del tejado del edificio que aguantan valientemente sobre unas pocas y desgastadas vigas?, ¿por los restos del coro que se amontonan como queriendo escapar de su desgracia?, ¿o por ese impresionante campanario y sus espadañas que aun sin campanas, retumban llamando nuestra atención?

 Una visión más detallada y próxima del campanario, hoy ya vacío y huérfano de campanas.

Ni que decir tiene que mantenerse bajo este dañado tejado, bajo la climatología que se despertó en este último tramo de exploración, es una idea pésima. Ya lo sabéis, viento y ruinas son muy mala combinación. No tentéis a la suerte.

Finalmente, alcanzo la parte trasera de la iglesia, allá donde prácticamente inicie mi exploración en este hermoso abandono. La pared lanza una pregunta, en nuestras manos está comprenderla y darle respuesta. ¿Qué paso con este lugar?, ¿qué futuro le aguarda?, la respuesta es fácil para la primera interrogante, la falta de servicios, la extremadamente dura vida que aquí se tenía fue echando a la gente lentamente. Para la segunda pregunta, no tengo respuesta. Me temo que la hermosura de este sitio es muy efímera y que la palabra futuro, salvo milagro, no entra en el diccionario que define este paraje.
 

viernes, 14 de julio de 2023

Ruinas a merced del viento

 

Un inmisericorde vendaval de aire me dio la bienvenida nada conquistar el promontorio en el cual, este pequeño pueblo abandonado se encuentra. Una vez fuera del coche, la visión de los diferentes edificios no era muy halagüeña precisamente. Prácticamente, me encontraba ante un esqueleto compuesto únicamente por vigas de madera y paredes de piedra.

 
Desde las alturas, y gracias a la abnegada labor del dron cochambroso, podemos observar las ruinas de las cerca de 18 casas que vertebraban el lugar. Hoy en día, tan solo restan amasijos de maderas y piedras, en las cuales a duras penas podemos distinguir el trazado urbano. En la lejanía, únicamente un par de fachadas resisten estoicamente la verticalidad.

La fantasmagórica fachada de uno de los edificios mantiene en su interior las incontables vigas que antaño mantenían los suelos y techos para que sus habitantes pudieran hacer vida en su interior. En total, según enumero Pascual Madoz, la villa llego a contar con aproximadamente seis decenas de habitantes entre sus calles. Estos, lentamente, fueron emigrando, marchando la mayoría a un cercano barrio, en el cual disponían de trabajo en una fábrica. Irónicamente, ese barrio se convirtió en pueblo y fagocito el topónimo de este.

Imposible acceder a ninguno de los edificios. Básicamente, porque todo se encuentra totalmente colapsado e impide cualquier intento de progreso en su interior. Ya es imposible intentar visualizar la dura vida que se llevaba en estos interiores.

Dedicábanse a la agricultura, cultivando, entre otros, trigo, cebada, centeno, avena, garbanzos. En cuanto a la vida ganadera, destacaban los animales lanares. En lo que a la caza se refiere, perdices, liebres y conejos eran los que más abundaban. Aun así, la lenta emigración de sus pobladores provocó que en el año 1965, el silencio, la degradación y el vacío se iban a instalar definitivamente aquí.

En el extremo más alejado del pueblo, vemos resistiendo a duras penas la iglesia de nuestra señora La Blanca. Posiblemente, la única estructura, de todas las que aquí se encuentran, que aún es visitable. Si bien, ya podemos darnos cuenta de que el campanario está cediendo inexorablemente al tiempo y la gravedad. Me temo que en no mucho tiempo terminara derrumbado del todo. Una verdadera lástima.

Junto al muro que da forma a uno de los laterales de la iglesia, se encuentra este pequeño patio, flanqueado por una puerta que debe llevar décadas en el suelo. En el interior de este reciento encontramos el pequeño cementerio de la villa, aunque en la actualidad se encuentra absolutamente invadido por la vegetación, lo que lo convierte en intransitable e irreconocible.

 
A la derecha, un potente contraluz otorga más belleza a la peligrosamente inclinada torre del campanario. 
A la izquierda, encontramos con el acceso al interior de la eclesial. Los bonitos muros que conducían a los feligreses a su interior ya han caído, sin embargo, aun el bonito arco de acceso resiste en pie.
 
Nada más entrar, empiezo a mirar de un lado a otro como si fuera a cruzar una calle. Sí, todo es una ruina, pero una hermosa ruina que me encanta. A mi izquierda, el coro, a mi derecha, el altar mayor. ¿Por dónde empezar?. Junto a la entrada, a mi vera, el desballestado coro aún es reconocible. Ya no hay escalera que permitan subir hasta él, pero sí se ve el acceso, oculto tras una pared y el marco de una puerta. Sobre mi cabeza, el único pedazo de tejado que resta en el edificio, amenaza caer en cualquier momento, así como el campanario, que se inclina muy peligrosamente hacia el interior de la nave.

Una perspectiva más amplia nos permite disfrutar, aún más, de la hermosura interna de este edificio, el cual aún conserva parte de sus pinturas en la pared. Las vigas se turnan entre las que aún logran mantenerse entre pared y pared y aquellas que, ya hace décadas, se precipitaron al suelo irremediablemente. Es una verdadera pena que un edificio tan bonito esté muriendo en directo ante los ojos de quienes deciden disfrutar sus últimos años de vida.

Inclinando la mirada hacia la derecha, podemos ver el extremo opuesto de la nave. Poquito queda del altar, zona que se encuentra asediada por innumerables grietas que devoran el edificio sin compasión.

Entre las vigas, que se entrecruzan como los dedos de dos manos, se dibuja el azul celeste del cielo. El viento, indomable, se cuela entre los huecos y agujeros de todas las estructuras de este pueblo abandonado, hace ya décadas, en pos de una vida mejor y digna. El sitio irradia melancolía en cada una de sus esquinas, pero una melancolía hermosa y encantadora que dota a este lugar de una belleza, a día de hoy, más efímera que nunca.
 

miércoles, 12 de julio de 2023

La MISTERIOSA aldea abandonada DENTRO de una montaña

 

 Cuando conocí la existencia de este enigmático lugar, tuve que frotarme los ojos durante un buen rato para creerme que realmente era real. Y tanto que lo es, una villa excavada en una montaña, me pareció una locura, pero de obligada visita, ¿a qué estaba esperando para ir?

Y allí que llegue. Ya han pasado años desde mi incursión a esta enorme estructura excavada en la roca de una montaña, pero en la actualidad, sigue sorprendiéndome cada vez que repaso las fotografías o el video que le dedique en el canal. No es para menos, ya que el conjunto, como poco, se le puede calificar como imponente.

Una interminable red de balaustradas y escalones articulan todo el conjunto, que se encuentra separado en un enorme patio, el cual parece contener una suerte de fuente o piscina. Acompañan a estos una planta baja, que, aunque diáfana, está separada por varios dinteles. Escaleras arriba llegaríamos a una primera altura y finalmente a la cúspide del conjunto, desde el cual podemos otear todo el territorio.

Ya en el interior, se aprovechan los recovecos naturales de la roca para dar forma a las diferentes salas que componen la parte de dentro. En el centro de la imagen, uno de los ya antes mentados dinteles que nos pasearán por toda la planta baja. Todo este conjunto fue levantado por D. Aurelio, cura de una de las vecindades próximas y que recibió dicho sitio como herencia, moldeándolo a su gusto durante años, dicen, que con la ayuda de los feligreses de su congregación, después de los servicios de misa.
 

Detalles del interior de la planta baja.

En la imagen de la izquierda, una de las columnas que da estabilidad a la estructura, tras ella, vemos un gran número de estanterías, todas ellas construidas en piedra. 

En el centro, podemos hacernos una idea de la longitud del nivel, con aproximadamente unos 3 accesos a las diferentes salas. Cuanto más profundas en la roca son estas, más oscuras. 

A la derecha, donde parecía que se usó a modo de bar, tras la barra hallamos un descenso a una pequeña gruta. No sé por qué motivo decidí bajar, solamente encontré basura y un enjambre de mosquitos dispuestos a dejarme sin sangre.



Ya fuera de la planta baja, unas escaleras nos permiten elevarnos hasta el primer piso, donde un enorme pasillo que discurre por toda la fachada de la montaña, nos llevara entre cuevas y balaustradas, de un lado al otro de la montaña, alcanzado siempre unas escaleras que nos permitirán subir y bajar. Ni que decir tiene que este acceso cuenta con puerta de metal, que ya alguien hace años se dedicó a violentar.

Interior de una de las cuevas que encontramos excavadas en el primer nivel. Esta formación es completamente natural, horadada por el tipo de terreno, la erosión y el agua que transforman lentamente esta formación calcárea.

Ya recorrido el primer piso, ascendemos hasta la cumbre de este edificio, montaña, aldea… no sabría definirlo, ni quiero hacerlo. Arriba podemos ser testigos del magnífico entorno que nos rodea.
 
Un angosto sendero en la parte de arriba nos lleva hasta una pequeña caseta. En la imagen de la derecha, la escalera que nos ha elevado desde el suelo hasta arriba del todo. Podemos dominar sin compasión todo el entorno, su naturaleza, su río y su tranquilidad.
 
Tristemente, aunque el conjunto es de carácter privado y se le intentó dar una utilización, en la actualidad se encuentra completamente abandonado a su suerte. En esta imagen podemos ser testigos de la pequeña caseta, que se encuentra en la cima de la montaña, y como su interior ha caído en la ruina más absoluta. El techo, de ladrillo, colapso contra el suelo, mientras que las grietas empiezan a dibujar amenazadoras formas en las paredes de esta. ¿Cuánto tiempo de verticalidad le queda?

 
Las sorpresas no terminan nunca en este lugar. Ya abajo del todo y casi saliendo de la edificación, en uno de sus laterales, protegidas por verdosas puertas y ventanas, damos con el acceso a lo que en su momento pudiera ser otro bar o cafetería. El estilo es inequívocamente calcado al del resto del edificio. En su interior, la basura y la decadencia siguen acumulándose. Debo añadir, como detalle curioso, que todo el conjunto se encuentra actualmente a la venta, dicen, que por unos 30.000 €. Por si hay algún interesado…

En este incomparable marco natural, lo único que faltaba para rematar su belleza es esta espectacular cascada de aguas saltarinas que tiñe de un hermoso tono verdoso toda su caída y el camino por el cual discurre el agua. Las aguas que vierte, corren apresuradas por la tierra, deslizándose ocultas, después bajo la carretera, para unir su camino al espectacular rio que discurre bajo nuestros pies. Y es que uno no necesita ir a Capadocia o a Petra para disfrutar de una ciudad excavada en la roca, aquí tenemos la nuestra propia, ¡y menuda es ella!